Mariano Paredes (1800-1856) fue un destacado militar que sofocó varias rebeliones, incluyendo la de Los Altos en 1848. Esto le valió ser visto como un hombre fuerte y fue designado presidente en 1849 tras el fracaso de dos interinos anteriores.
Todos los testimonios sobre el general Mariano Paredes (1800-1856) coinciden en tres aspectos: era visto como un hombre honrado, un militar disciplinado y un gobernante que nunca antepuso sus intereses personales a los del país. Asumió la presidencia en enero de 1849 y llevó a cabo una política de conciliación, aunque también promovió hábiles estrategias militares para invasores y alzados. En 1851 entregó el poder a Rafael Carrera, quien había renunciado en 1848.
A pesar de tan destacado papel no se conserva ningún retrato auténtico de Mariano Paredes. El historiador Ramiro Ordóñez Jonama, quien investigó su vida en Anales de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala, señala que las autoridades ordenaron realizar un retrato después de su muerte, pero hasta hoy no ha sido localizado.
La única descripción física conocida pertenece al historiador nicaragüense Jerónimo Pérez, quien lo describió como “un hombre de pequeña estatura, rostro redondo, tez trigueña y cabello liso”. Añadía que tenía “una mirada profunda, una voz suave y una manera breve y precisa de expresarse”, cualidades que, según él, revelaban inteligencia natural y buen juicio para los asuntos públicos.
De hijo natural a militar de carrera
Los primeros datos documentados sobre Paredes aparecen en un acta notarial de 1817. En ella, Pedro José Serón reconocía como hijos suyos a Mariano y a su hermana María Josefa, nacidos de su relación con Andrea Paredes, y manifestaba su deseo de hacerse cargo de su educación. Sin embargo, la familia materna se opuso a separarlos de su madre. Mariano conservó el apellido Paredes, con el que pasaría a la historia.
Intentó ser comerciante pero no le fue bien así que eligió la carrera militar. A diferencia de muchos caudillos de su época, no surgió de una revolución, sino del ejército regular.
En 1837 ya servía como capitán mayor de infantería en el Batallón Permanente y permaneció leal al gobierno de Mariano Gálvez hasta su caída, una actitud que reflejaba el sentido del deber que caracterizaría toda su vida. Al conocer a Rafael Carrera, este admiró sus cualidades.
Con el tiempo Paredes fue ascendiendo por méritos propios. Desempeñó cargos militares en Verapaz y Chiquimula, dos departamentos estratégicos para la defensa del país, y se ganó la confianza de Rafael Carrera, quien lo consideraba uno de sus oficiales más capaces.
El hombre que recuperó Los Altos
En 1848, cuando ciertos disidentes proclamaron nuevamente el Estado de Los Altos con apoyo desde El Salvador, Paredes recibió el mando de la llamada División Protectora, encargada de impedir la separación del occidente guatemalteco.
El 21 de octubre derrotó a las fuerzas rebeldes en San Andrés Semetabaj y pocos días después entró en Quetzaltenango. Su actuación llamó la atención porque, lejos de tomar represalias, respetó la vida y los bienes de los vencidos y trató con humanidad a los prisioneros. También obtuvo el respaldo de numerosas comunidades indígenas, que rechazaron el movimiento separatista y reafirmaron su lealtad a Guatemala. Aquella victoria convirtió a Paredes en el militar de mayor prestigio después de Carrera.
Una gestión en tiempos de crisis
El 3 de enero de 1849, en medio del caos político que siguió a la salida temporal de Carrera y tras el fallo de dos gobiernos interinos, el de Juan Antonio Martínez y el de José Bernardo Escobar, el general Mariano Paredes asumió la Presidencia de la República. Recibió un país profundamente dividido. Persistían las rebeliones, el bandolerismo se había extendido por varias regiones y el Estado de Los Altos seguía insistiendo en rebelarse.
Según Ramiro Ordóñez Jonama, Paredes aceptó gobernar con un objetivo muy claro: devolver la paz al país. Pronto comprendió que continuar enfrentándose a Rafael Carrera solo prolongaría la guerra.
Aconsejado por el estadista Luis Batres Juarros, revocó las medidas contra el caudillo y lo nombró comandante general de las Armas. La apuesta resultó acertada. Carrera regresó a Guatemala en agosto de 1849, restableció el orden y puso fin al conflicto en el occidente. Lejos de competir entre sí, ambos hombres terminaron trabajando juntos para estabilizar la República.
Dos ejércitos atacan a Guatemala
La mayor prueba para el gobierno de Paredes llegó en 1851. El presidente salvadoreño Doroteo Vasconcelos, aliado con Honduras y respaldado por liberales guatemaltecos exiliados, organizó una invasión para derrocar al gobierno conservador, siempre en el intento de reinstituir la “Unión”. Mientras Paredes preparaba la defensa del país desde la Presidencia, Carrera asumió el mando del ejército.
El 2 de febrero de 1851, en la Batalla de La Arada (llamada así porque ocurrió en San José La Arada, Chiquimula) las fuerzas de la República de Guatemala lograron una victoria aplastante sobre el ejército invasor, gracias a una hábil estrategia de Carrera.
La derrota de la coalición salvadoreño-hondureña aseguró la soberanía de Guatemala y puso fin a los intentos de imponer por la fuerza un nuevo proyecto unionista centroamericano.
Una entrega voluntaria del poder
Después de La Arada, el liderazgo de Carrera era indiscutible. En lugar de aferrarse al cargo, Mariano Paredes presentó su renuncia el 22 de octubre de 1851. La Asamblea eligió como nuevo presidente a Rafael Carrera, quien asumió el mando el 6 de noviembre.
Paredes no pasó a la oposición. Continuó sirviendo al país como militar y siguió siendo uno de los colaboradores más leales de Carrera. En 1856 Guatemala envió tropas a Nicaragua para combatir al filibustero estadounidense William Walker, quien había tomado el puerto Realejo. Carrera nombró a Mariano Paredes comandante de la expedición, una muestra más de la confianza que depositaba en él.
Durante la campaña, el general Paredes contrajo cólera morbus (enfermedad gastrointestinal transmitida por agua contaminada con heces de otros enfermos). Sabiendo que la enfermedad era altamente contagiosa, pidió que ninguna enfermera ingresara a atenderlo para evitar nuevos contagios. Un oficial mandó llamar a un sacerdote para que le administrara los últimos sacramentos.
El general Mariano Paredes murió el 2 de diciembre de 1856, en territorio nicaragüense, mientras aún ejercía el mando de las fuerzas guatemaltecas. La campaña militar contra los filibusteros fue un éxito y se celebró con un desfile triunfal en Guatemala, en el cual hubo un gran ausente.
Mariano Paredes, el militar de línea, fiel e íntegro, murió con el respeto de sus compañeros, admirado por sus adversarios y recordado por una virtud poco común en la política de su tiempo: la honradez. Aunque su rostro se perdió para la historia y ningún retrato auténtico ha llegado hasta nuestros días, Mariano Paredes dejó una huella mucho más duradera: ayudó a preservar la unidad de Guatemala.













