"Yo lo viví: todos llevamos heridas que tal vez pensamos que ya se boraron pero de pronto se abren: hay que saber sanarlas con ayuda de Dios", expresa la escritora, empresaria y pastora guatemalteca, Kirsstien Gómez, quien llegó a los 7 años a Texas".
“No podemos hacer de nuestros desiertos una casa permanente. Tenemos que hacerlos solo un lugar de paso, para poder avanzar a la siguiente etapa de nuestra vida, con plenitud”, afirma con serenidad y convicción la experta en bienes raíces, escritora, conferencista y pastora Kirsstien Gómez.
Su vida ha sido un recorrido marcado por la migración, la búsqueda de identidad, la fe y la restauración, un proceso que hoy comparte a través del ministerio Guerreras Floreciendo, desde Houston, Texas.
Para ella, cada experiencia personal tiene un valor: “La transformación te lleva a un propósito”, afirma. Esa convicción sostiene su trabajo con mujeres, inspira sus conferencias y dio origen a su primer libro, Las piezas de mi corazón, una obra nacida de su propia historia, de su propio cruce del desierto hasta llegar a un lugar donde los sueños florecen.
De Guatemala a un país que no quería
Kirsstien nació en la Ciudad de Guatemala. Pasó parte de su infancia entre la capital y Retalhuleu, donde vivía buena parte de su familia paterna. A los siete años emigró junto con sus padres y hermanos hacia Estados Unidos.
Aunque la decisión buscaba ofrecerles mejores oportunidades y aunque era niña, el cambio fue profundamente doloroso. “Para mí fueron momentos muy difíciles venir a Estados Unidos y dejar a familiares con los que ya habíamos construido una vida. Yo siempre le preguntaba a Dios: ‘¿Por qué me trajiste a este país?'”, cuenta.
Con el paso de los años comprendió que muchas veces los adultos no alcanzan a dimensionar el impacto que una migración tiene sobre un niño. “No todo lo que a veces se ve fácil lo es para los niños. Los cambios causan heridas en el corazón. Para mí fue un cambio de dolor, un cambio de tristeza que tuve que aprender a soltar.”
Sin embargo, hubo algo a lo que siempre se aferró: sus raíces guatemaltecas. En casa siempre se habló español, se conservaron las comidas tradicionales y las costumbres familiares. Cuando llegaron sus propios hijos decidió continuar ese legado. “Siempre fue la regla hablar español. Queríamos que ellos crecieran con la raíz de donde venían.”
Cuando el proceso se convirtió en propósito
Su acercamiento al cristianismo comenzó en 2011. Junto con su entonces esposo y sus hijos empezó a servir en distintos ministerios de la iglesia, hasta que en 2017 atravesó una de las experiencias más difíciles de su vida: un divorcio. “Después de que sucede eso es cuando hay un quebrantamiento completo. Siempre preguntamos: ‘¿Por qué a mí?’. Pero tenemos que aprender a amar nuestro proceso, porque Dios no va a permitir nada que venga a dañarnos.“
En medio de aquella etapa asegura haber recibido una respuesta que cambiaría el rumbo de su vida. “El Señor me dijo: ‘Estás pasando por esta situación porque te necesito como herramienta para ayudar a mujeres que están pasando por lo mismo’.”
“Oré durante dos años porque no quería que fuera una emoción. Las emociones terminan; yo quería estar segura de que era Dios quien me estaba colocando en una situación para aprender y ayudar.”
En 2021 fundó Guerrera Floreciendo, un ministerio dirigido a mujeres que atraviesan pruebas familiares, emocionales o espirituales. “Es para toda mujer que está pasando por alguna tormenta o algún momento difícil.” Más adelante fue ordenada como pastora asistente en la Iglesia Discípulos de Cristo Houston, una responsabilidad que, asegura, exige coherencia entre lo que se predica y la forma de vivir. “Tenemos que ser ejemplo en nuestro hablar, nuestras acciones y nuestro diario vivir.”
Las piezas de un corazón restaurado
Todo ese proceso de vida terminó plasmado en páginas. No fue fácil, no fue breve, pero sí sanador: el libro Las piezas de mi corazón. “Este título sale realmente de lo que dice: de un corazón roto por el dolor”
Pero más que una autobiografía, el libro es una herramienta de restauración espiritual. A través de experiencias personales, reflexiones y ejercicios, invita al lector a identificar heridas. “Habla sobre cómo sanar heridas que pensamos que ya fueron sanadas, pero realmente están adormecidas y de pronto se abren ante alguna situación, un abandono, una traición, un fracaso…”
También aborda temas como aprender a esperar sin caer en la desesperación, escuchar la voz de Dios en medio del ruido cotidiano y recuperar la identidad personal. “Todo lo que hablo en el libro es por experiencias propias. Es cómo volver a encontrar la identidad que tenemos como hijos escogidos de Dios.”
Uno de los momentos más impactantes del libro llega con una pregunta que invita a la reflexión. “¿Cuál es tu herida favorita? Esa herida que no te deja dormir, que cargas desde que te levantas hasta que te acuestas.” Para Kirsstien, muchas personas levantan barreras emocionales sin darse cuenta de que siguen reaccionando desde heridas nunca restauradas.
“Hay personas que no se dejan querer porque construyeron muros alrededor de heridas que siguen ahí.” Su propuesta consiste en reconstruir el corazón desde la raíz, entendiendo que la verdadera transformación comienza en la mente.
“Muchas veces nuestros pensamientos son como una ciudad llena de basura que tenemos que ir sacando poco a poco. No vamos a dejar que la basura se acumule dentro de una casa.”
Servir también desde la vida cotidiana
Mientras desarrollaba su ministerio, Kirsstien también construyó una carrera en bienes raíces. Era un sueño que había postergado durante años mientras criaba a sus hijos. Ya lleva una década de experiencia como agente inmobiliaria, una profesión que ejerce con un profundo sentido de servicio hacia la comunidad migrante.
“Me enfoco mucho en la comunidad hispana, sobre todo porque hay muchas personas que no han podido regularizar su situación migratoria y fueron rechazadas para comprar una casa. Pero hay vías para lograrlo. Poder ayudarlas y ver ese sueño cumplido me da una satisfacción mucho más grande.”
Reconoce que es una profesión de la que vive, pero asegura que la mayor recompensa no está en la comisión. “Más allá de lo que uno gana por venta, la satisfacción es decir: yo pude ayudar a esta persona cuando nadie más quiso hacerlo.”
Seguir sembrando
Después de más de cuatro décadas viviendo en Estados Unidos, Kirsstien mantiene intacto su vínculo con Guatemala y continúa ampliando tanto su ministerio como su trabajo empresarial. Entre sus proyectos está fortalecer su presencia en el mercado inmobiliario entre Guatemala y Estados Unidos y abrir oficinas propias en ambos países.
“Mi sueño es seguir avanzando, seguir creciendo y seguir aprendiendo para poder enseñar y seguir sembrando.” Está convencida de que toda siembra produce fruto, y que las experiencias más difíciles pueden convertirse en esperanza para otros. “Quiero ser ese fruto hermoso en las manos del Señor para poder ayudar a muchas personas que necesitan restauración y sanación.”













