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Ángel Ambrocio realiza el gran sueño de volver a vivir en su Guatemala natal

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Trabajando en la cocina de un restaurante francés de Washington D.C., Ángel Ambrocio pudo descubrir, valorar y exaltar el valor de las raíces artesanales de la panadería familiar en su natal Momostenango.

*Artículo actualizado en octubre 2025

Angel Ambrocio Abac está al frente de café y panadería Momostipán, una empresa familiar localizada en Momostenango, Totonicapán, su pueblo de origen. Migró a EE.UU. en donde descubrió algo que antes no valoraba tanto y se trazó la meta de volver a su pueblo para cerrar un círculo de realización personal.  Hoy por hoy, Momostipán es candidato a estar en la lista de los 100 mejores coffee shops de Guatemala y a la vez,  genera oportunidades para pequeños caficultores artesanales momostecos, al adquirir, procesar y distribuir su grano a precios justos bajo la marca Alma de la Tierra.

¿Cómo ocurrió todo este proceso proceso? ¿Por qué se marchó Ángel? ¿Qué le hizo volver a pesar de tener un prometedor empleo en la capital estadounidense? Y cabe anotar que fue en el salón cultural de Momostipán donde se lanzó el proyecto SoyMigrante.com en 2023. 

“Mi papá tenía una panadería que a su vez heredó de mis abuelos. Él me enseñó este oficio, pero uno cuando es adolescente a saber qué cree y siente vergüenza a veces de que lo miren trabajando en una ocupación que parece sencilla. Sentía que mis amigos se burlaban de mí si me miraban amasando. Así que yo aprendí pero debo reconocer que no me gustaba”, relata Ángel.

Ángel Ambrocio realiza el gran sueño de volver a vivir en su Guatemala natal
Angel Ambrocio en el frente de Momostipán, junto a su hijo menor en el centro de Momostenango, Totonicapán. Regresó de EE:UU. para estar permanentemente con su familia.

Una escena que lo lleva a migrar 

Pasaron los años, tuvo una novia y se casó con ella. Tuvieron un hijo. “Yo estaba trabajando, pero la verdad, ganaba muy poco apenas para ir sobreviviendo. Pero un día ocurrió algo que a mí me dolió en el corazón: un domingo fuimos a pasear a Quetzaltenango. En un parque había un niño jugando con carrito de control remoto y m hijo lo vió. Le encantó. Quería agarrarlo, así como son los niños. Y se quedó llorando cuando no lo dejé. Tampoco tenía dinero para comprarle uno. Allí comprendí que tenía que hacer algo”.

Fue así como tomó la decisión de viajar a Estados Unidos, a trabajar. Llegó a Washington D.C. en donde empezó a trabajar en diversos oficios y ocupaciones. “Tocaba adaptarse y rápido encontré trabajo, pero no había para elegir. Uno tiene que entrarle a lo que sea”. Estamos hablando del año 2008 aproximadamente.

Angel en Washington D.C. en 2009
Angel en Washington D.C. en 2009

Valora su raíz en un restaurante de Washington DC

“Finalmente comencé a trabajar en la cocina de un restaurante muy céntrico en Washington DC, cerca de la Casa Blanca. Pasé por varias áreas de la cocina  y un día me tocó la de repostería. Había un chef francés muy exigente que me preguntó ¿sabes hacer la masa de croissants? Le dije que no, pero que podía aprender. 

‘No es tan fácil, lleva un proceso específico’, me dijo, pero me explicó. Conforme yo fui observando, me dí cuenta que se parecía mucho a la receta de un tipo pan, el pan mojado, que mi papá hacía en Momostenango y que me había enseñado a hacer. Al chef le gustó como lo hice y me quedé elaborando ese y otros tipos de pan”.

Siempre con Guatemala en el corazón y la memoria durante su estadía en EE.UU.
Siempre con Guatemala en el corazón y la memoria durante su estadía en EE.UU.

Exito laboral y mejora económica… pero algo le faltaba

Ángel estaba sorprendido, a la vez orgulloso, de ver que aquellas enseñanzas artesanales del negocio de su familia, estaban al nivel de un restaurante de alta cocina en la capital estadounidense. “Me empecé a dar cuenta que uno tiene grandes conocimientos, grandes valores, pero que no siempre les damos su lugar. Empecé a amar verdaderamente algo que de niño y adolescente rechazaba por no darle su justo valor”.

Para poder mejorar su ingreso, Angel buscaba siempre tener dos trabajos: un sueldo le servía para pagar sus gastos de comida, alojamiento, transporte, etc. Y el otro para ahorrar y mandar remesas a su familia. Sin embargo hubo una época en que las leyes para migrantes indocumentados se pusieron estrictas y hubo muchos despidos.

“Un jefe que tuve me llamó para recomendarme en un restaurante italiano. Yo era el único latino trabajando, el resto eran afroamericanos, etíopes, rumanos, franceses e italianos. Tenía un horario de 4 de la mañana a 12 del día. Después entraba a otro turno, entre dos de la tarde yy diez de la noche.  Para este segundo turno la verdad es que yo llegaba cansado y un barista me ofrecía una taza de café. Allí descubrí ese oficio y ese arte. Le pedí que me enseñara y fue muy generoso en hacerlo. Cuando salió de vacaciones, yo me quedé a cargo del área de café”.

Aunque iba muy bien laboralmente y económicamente, Ángel sentía la fuerte distancia que le separaba de su familia. En el año 2014 decidió que regresaría a Guatemala, a su natal Momostenango, sobre todo porque su padre estaba enfermo y quería verlo, hablarle, estar con él.

Campesinos de Momostenango, Totonicapán cultivan y cosechan el grano que llega a convertirse en la marca El alma del café de Momostenango, distribuida por Momostipan, proyecto del migrante retornado Angel Ambrocio.
Campesinos de Momostenango, Totonicapán cultivan y cosechan el grano que llega a convertirse en la marca El alma del café de Momostenango, distribuida por Momostipan, proyecto del migrante retornado Angel Ambrocio. (Fotografía Marcos Zárate)

Un migrante retorna para crecer y generar oportunidades

“Ya en Guatemala, ví la panadería familiar, Momostipán y quise darle un giro moderno: en lugar de solo vender pan, instalamos mesas para que la gente pudiera degustar un buen café. Además incursionamos en la repostería, con las técnicas aprendidas fusionadas con la tradición. Al principio fue difícil, parecía que no iba a funcionar… pero aquí estamos, aquí seguimos. Hoy vienen clientes de municipios vecinos, incluso de Quetzaltenango a llevar nuestro pan”, relata con emoción.

Angel enseña hoy a su hijo mayor el arte del barismo de café. Se siente satisfecho de haber migrado y regresado, con más conocimientos y con una nueva visión de la vida. Momostipán tiene además un espacio cultural abierto a jóvenes artistas de la plástica y otras ramas.  

En el exterior, un mural pintado por su amigo, el artista Alexander Ambrocio, le da la bienvenida a guatemaltecos y visitantes… también, por supuesto a migrantes connacionales que quieran disfrutar el exquisito sabor del café nacional, del cual tiene múltiples variedades para degustar.

Sigue adelante, apoyando a su comunidad

En 2024, Ángel Ambrocio se dio cuenta que había caficultores artesanales de Momostenango que recibían muy bajos precios por su grano: se dio a la tarea de ayudarlos y asesorarlos para mejorar el cultivo y la recolección.  Comenzó a procesar y vender aquel café con el nombre Alma de la Tierra.
“Hoy este café ha llegado a Estados Unidos, Europa y Asia. Guatemaltecos que vienen de visita a Momostenango lo han llevado y después piden envíos. El café momosteco no estaba en el mapa de los sabores guatemaltecos, pero ahora ya empezó a florecer”, expresa Angel. Además, Momostipán está en la preselección para definir la lista de los 100 mejores coffe shops de Guatemala. “Es un orgullo que dedico a mi padre y a mi familia, porque sin esa tradición no estaríamos aquí”, expresa en octubre de 2026.

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SoyMigrante.com REVISTA Editorial
Somos una plataforma que busca reconocer y dignificar a los migrantes guatemaltecos en los Estados Unidos. Producimos contenidos con el fin de contribuir a su desarrollo personal, familiar y comunitario.
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