Vicente Filísola fue enviado al frente de 5 mil soldados mexicanos por Agustín de Iturbide para sofocar la resistencia contra la anexión. En junio de 1822 quedó como jefe políticode Guatemala, que entonces aún abarcaba Centro América.
Fuente: Historia General de Guatemala
Vicente Filísola, nacido como Vincenzo Filizzola en 1789 en Ravello, Reino de Nápoles —actual Italia—, murió en Ciudad de México en 1850, víctima del cólera. Entre 1822 y 1823 fue jefe político superior de Guatemala, como un presidente.
Militar de carrera, sirvió primero al ejército español y después al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide. Tenía alrededor de 33 años cuando llegó a Guatemala al mando de más de 600 soldados mexicanos y sustituyó a Gabino Gaínza como jefe político superior el 24 junio de 1822. Sin embargo, la caída de Iturbide cambió los planes de predominio y entonces se enfocó en tratar de impulsar una república federal constitucional en Centro América.
Llegó para sostener la anexión pero…
Vicente Filísola entró a la ciudad de Guatemala al frente de un ejército de 5 mil soldados, el 12 de junio de 1822. Días antes se había sabido que Iturbide había sido proclamado emperador de México con el nombre de Agustín I. El nuevo imperio quería consolidar su dominio sobre Centroamérica y Filísola era el hombre encargado de hacerlo. No llegó como político. Llegó como militar.
En aquellos meses, El Salvador rechazaba la anexión a México y se preparaba para resistir. El primer presidente de Guatemala Gabino Gaínza había pedido apoyo urgente a México para contener el conflicto. Así apareció Filísola, acompañado por tropas que despertaron desconfianza incluso entre los grupos conservadores guatemaltecos que apoyaban la anexión.
El 22 de junio sustituyó oficialmente a Gaínza en el gobierno, pues este se marchó a México, en pos de algún cargo en el imperio Iturbide.
La guerra contra San Salvador
Uno de los primeros problemas que enfrentó fue la rebelión salvadoreña. Filísola intentó negociar, pero las tensiones siguieron creciendo. Los salvadoreños incluso llegaron a declararse “parte de los Estados Unidos”, esperando evitar la invasión mexicana. Filísola prácticamente se burló de aquella maniobra y siguió adelante con la campaña militar. “No estoy peleando contra Estados Unidos, sino contra una provincia rebelde”, dijo.
A finales de 1822 ocupó Santa Ana y poco después inició el ataque definitivo contra San Salvador. Las batallas se extendieron durante semanas hasta que el 9 de febrero de 1823 logró entrar triunfante en la ciudad. Pero se debe aclarar: relatos de la época coinciden en que Filísola no actuó con crueldad contra los vencidos. Incluso algunos adversarios reconocieron después que trató de evitar abusos y mantener el orden entre sus tropas.
Pero el Imperio se derrumba (y con ello la anexión)
Mientras Filísola combatía en Centroamérica, el Imperio Mexicano comenzaba a desmoronarse. En México crecían las rebeliones contra Iturbide y pronto llegaron noticias del Plan de Casa Mata, encabezado por militares que exigían el fin del imperio. El 19 de marzo de 1823 cae Iturbide: su imperio solo duró 8 meses.
El panorama político cambió de golpe. Y Filísola también cambió con él. En vez de aferrarse al poder, tomó una actitud conciliadora y convocó a un Congreso centroamericano el 29 de marzo de 1823, retomando lo que originalmente había estipulado el Acta de Independencia de Centro América del 15 de septiembre de 1821.
Políticos locales sospechaban que quería convertirse en una especie de nuevo Iturbide centroamericano, pero otros veían en él a un hombre más pragmático que ambicioso. Filísola fue adelantado a su tiempo y promovió la libertad de expresión y alentó propuestas para discutir el futuro político de la región. En uno de sus mensajes hablaba de reformas que ayudaran a construir “nuestra prosperidad y bienestar en general”.
Terminó aislado
Pese a sus intentos conciliadores, la presencia de las tropas mexicanas empezó a volverse cada vez más incómoda en Guatemala. Había rumores, peleas y desconfianza entre soldados y vecinos. Los liberales, encabezados por figuras como José Francisco Barrundia, exigían la salida de la llamada “división protectora” mexicana. Filísola defendía a sus hombres y decía que los incidentes eran provocados por “algunos espíritus perturbadores”.
A finales de julio de 1823, la Asamblea ordenó la salida de las tropas mexicanas. El 3 de agosto, Filísola abandonó la ciudad de Guatemala junto a su ejército. Se iba el hombre que había llegado para consolidar el dominio mexicano en Centroamérica, pero que terminó organizando el Congreso que abriría paso a las Provincias Unidas del Centro de América.
Un militar atrapado entre dos mundos
Después de salir de Centroamérica, Filísola siguió participando en guerras y campañas militares en México. Años más tarde combatiría también en Texas y volvería a ser acusado de cobarde y traidor, aunque luego fue exonerado. Su vida parece marcada por esa misma contradicción que acompañó a tantos personajes de la época: servir imperios que se derrumbaban mientras nacían nuevos países.
En Guatemala quedó como una figura extraña. Era extranjero, llegó con tropas invasoras y representaba al Imperio Mexicano. Pero también fue quien convocó el Congreso que terminó declarando la independencia absoluta de Centroamérica el 1 de julio de 1823.
Quizá por eso Vicente Filísola terminó ocupando un lugar ambiguo en la historia: ni libertador ni conquistador absoluto, sino un militar intentando mantener el orden en medio del caos político de una región que todavía no sabía qué país quería ser.
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