La necesidad de mayor participación política y de reducir la vulnerabilidad de los guatemaltecos migrantes expuso el economista Marvin Otzoy, radicado en Nevada, en webinar del Tribunal Supremo Electoral.
La mayor vulnerabilidad de los migrantes guatemaltecos es ser económicamente importantes a través del envío de remesas, pero políticamente invisibles en cuanto a voto y participación política, dijo el economista y líder migrante guatemalteco Marvin Otzoy egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, con maestría en finanzas de la Universidad Rafael Landívar y posgrado en banca central. Radicado en Nevada, es fundador y presidente de la Fraternidad Guatemalteca del norte de Nevada, con más de veinte años de activismo comunitario.
Participó en el webinar “La inclusión de los migrantes como grupo vulnerable en la democracia”, organizado por la Unidad Especializada sobre Voto en el Extranjero del Tribunal Supremo Electoral de Guatemala, efectuado el martes 26 de mayo.
Y esta es una síntesis de la exposición de Marvin Otzoy:
¿Qué lugar tienen los migrantes en la democracia?
Hablar de migración no es solamente hablar de fronteras, o documentos, o estadísticas y números. Hablar de migración es hablar de familias separadas, de sueños construidos y sueños truncados, de sacrificios, de miedo, pero también de esperanza y dignidad humana.
Millones de personas en el mundo han tenido que abandonar su tierra natal buscando seguridad, trabajo, oportunidades o simplemente una vida más digna. Y entre ellos estamos, por supuesto, millones de guatemaltecos que, por necesidad o por aspiración, hemos salido en algún momento de nuestro país.
Pero hoy quiero plantear una pregunta fundamental:
¿Qué lugar ocupan los migrantes dentro de la democracia de Guatemala? ¿Somos solamente mano de obra? ¿Somos únicamente remitentes de dinero? ¿O somos también ciudadanos con derechos, voz y participación política? La democracia, para ser verdadera, debe incluir a todos y todas. Y cuando un sector vulnerable queda excluido, ignorado o invisibilizado, entonces la democracia pierde legitimidad.
Detrás de cada migrante hay una historia de sacrificio. Madres que dejan a sus hijos, hijos que dejan a sus padres por necesidad o por ayudarlos, jóvenes que cruzan fronteras peligrosas, padres que trabajan jornadas interminables.
Y aun así, los migrantes continuamos sosteniendo a Guatemala desde lejos, desde diferentes partes del mundo. Las remesas representan una parte fundamental de la economía guatemalteca. Miles de familias sobreviven gracias al esfuerzo de quienes trabajamos fuera del país. Pero eso marca una contradicción dolorosa: el migrante es económicamente importante, pero muchas veces políticamente invisible.
El migrante como grupo vulnerable
Cuando hablamos de grupos vulnerables, normalmente pensamos en ciertos grupos, pero pocas veces incluimos a los migrantes dentro de la conversación. Sin embargo, la realidad es que los migrantes enfrentan múltiples vulnerabilidades.
- Vulnerabilidad legal. Muchos migrantes viven con incertidumbre migratoria, temor a la deportación, dificultades para acceder a servicios, limitaciones laborales por carecer de permisos y barreras burocráticas. En muchos países el estatus migratorio condiciona la dignidad humana.
- Vulnerabilidad económica. Muchos migrantes aceptan trabajos peligrosos, sin protección laboral, trabajos que otros no quieren hacer. Y aun así continúan porque necesitan sobrevivir y, al mismo tiempo, ayudar a sus familias.
- Vulnerabilidad social. El migrante frecuentemente enfrenta discriminación, racismo, xenofobia y exclusión cultural en el país receptor. A veces se le culpa injustamente por problemas sociales o económicos del país receptor. Muchas veces hay que buscar un culpable y el migrante es quien carga con esas culpas.
- Vulnerabilidad emocional. La migración también duele emocionalmente. La distancia pesa. Hay cumpleaños perdidos, funerales a los que no se puede asistir, hijos creciendo lejos. Hay una nostalgia constante. El migrante vive muchas veces dividido entre dos mundos: el país donde nació y el país donde sobrevive.
“La distancia geográfica no elimina la ciudadanía”
La verdadera democracia implica representación, participación, igualdad, acceso a derechos y, sobre todo, reconocimiento humano. ¿Puede una democracia llamarse inclusiva si excluye a millones de ciudadanos migrantes?
Muchos migrantes carecen de acceso sencillo al voto, carecen de representación política, no son escuchados en decisiones nacionales y son ignorados en políticas públicas. Sin embargo, siguen siendo ciudadanos guatemaltecos. La distancia geográfica no elimina la ciudadanía.
El voto migrante no debería verse como un favor. Es un derecho constitucional. Los migrantes contribuimos económicamente al país, mantenemos vínculos sociales, sostenemos comunidades enteras y participamos directa e indirectamente en el desarrollo nacional. Entonces también debemos participar directamente en las decisiones democráticas.
Además del voto, considero que debería promoverse una representación legislativa migrante, participación comunitaria, consultas ciudadanas y políticas públicas diseñadas también para migrantes. El peligro de la exclusión democrática trae consecuencias graves. Por ejemplo, desconfianza institucional. El migrante siente que el Estado solo se recuerda de ellos por las remesas y la balanza de pagos, pero no por sus derechos.
Inclusión abarca acciones concretas y cambios
La importancia de la dignidad humana del migrante va más allá de la política. Este es un tema profundamente humano. Ninguna persona debería perder su dignidad por cruzar una frontera. El migrante no es ilegal. Ningún ser humano es ilegal. Una persona puede tener una situación migratoria irregular, pero sigue siendo humana, sigue teniendo derechos y sigue mereciendo respeto en cualquier parte del mundo.
¿Qué se necesita cambiar? Si queremos democracias más inclusivas, necesitamos cambios reales. Hay que facilitar la participación electoral, habilitar más consulados con capacidad para realizar el voto en el extranjero, crear procesos digitales seguros y transparentes y brindar información clara.
También debemos crear políticas públicas orientadas a los migrantes, no solamente políticas migratorias, sino políticas públicas integrales que incluyan apoyo psicológico, protección laboral, asesoría legal e integración social. El migrante no es una carga, sino una fuerza económica, cultural y social. Y las decisiones sobre migración no deben tomarse sin escuchar a los propios migrantes.
Y dentro de las reflexiones finales, quiero compartir algo personal: ser migrante significa vivir con el corazón dividido. Una parte aprende a adaptarse al nuevo país, pero la otra parte siempre pertenece a Guatemala. Y aunque exista distancia, el amor por la tierra no desaparece. Por eso duele cuando el migrante es reducido únicamente a números o remesas. Porque detrás de cada envío de dinero hay horas de trabajo ordinarias y extraordinarias, hay cansancio, sacrificio, lágrimas y sueños.
La democracia verdadera abraza, teje, reconoce, escucha y representa.
Y si queremos sociedades más justas, debemos comenzar por reconocer que los migrantes son uno de los grupos más vulnerables de nuestro tiempo, pero también uno de los más valientes e influyentes. Como lo he dicho en otras oportunidades: “Un día salí de Guatemala, pero Guatemala nunca salió de mi corazón”.













