Tras la muerte trágica del presidente Justo Rufino Barrios, le tocaba asumir al primer designado: Alejandro Sinibaldi (1836-1896), pero había rechazo y pugnas por el poder. Así que solo fue mandatario del 3 al 5 de abril de 1885.
La presidencia de Alejandro Manuel Sinibaldi Castro es una de las más breves de la historia de Guatemala. Permaneció al frente del Poder Ejecutivo apenas entre el 3 y el 5 de abril de 1885, en medio de una de las mayores crisis políticas del siglo XIX: la muerte del presidente y general Justo Rufino Barrios durante la Batalla de Chalchuapa, en El Salvador.
Guatemala estuvo muy cerca de caer en una lucha por el poder entre militares y civiles, y la salida de Sinibaldi abrió el camino para la llegada del general Manuel Lisandro Barillas, quien logró contener una crisis que amenazaba con convertirse en un golpe de Estado, propiciado por el ministro de Guerra. Así ocurrió.
Un comerciante con carrera política
Alejandro Manuel Sinibaldi Castro nació en la Ciudad de Guatemala en 1836. Provenía de una familia de origen italiano vinculada al comercio y a la administración pública. Su padre fue Alejandro de Sinibaldi y Albora, un inmigrante italiano que llegó a desempeñarse como regidor municipal tras establecerse en la capital de Guatemala.
Sinibaldi Castro era comerciante, pertenecía a la élite económica capitalina y había ocupado cargos administrativos, incluyendo la alcaldía de la Ciudad de Guatemala en 1877. No tenía formación militar ni una carrera política de gran peso, circunstancia que resultaría determinante cuando debió enfrentar la crisis de 1885.
En 1884 fue electo Primer Designado a la Presidencia de la República, figura que cumplía funciones equivalentes a las del actual vicepresidente. Ese nombramiento lo colocó constitucionalmente como el sucesor inmediato del presidente Barrios.
Agitación por disputas por el poder
El 2 de abril de 1885, Justo Rufino Barrios murió en la Batalla de Chalchuapa mientras intentaba imponer por las armas la reunificación de Centroamérica.
Conforme a la ley, Sinibaldi asumió como Encargado de la Presidencia el 3 de abril. Su primer acto fue comunicar oficialmente la muerte de Barrios y pedir serenidad y apoyo a la población. Sin embargo, empezaron a haber protestas. El segundo designado a la presidencia era el general Lisandro Barillas, jefe político en Quetzaltenango.
Sin embargo, Sinibaldi Castro emitió un decreto que otorgaba amplias facultades al ministro de la Guerra, el general Juan Martín Barrundia, para actuar como considerara conveniente “en defensa de los intereses nacionales”. Aquella decisión sería uno de los momentos más controvertidos de su breve administración. Ahora veremos por qué.
El poder quedó en manos del ejército
Barrundia era uno de los militares más influyentes del régimen liberal y contaba con un importante respaldo dentro del ejército. Aprovechando la incertidumbre generada por la muerte de Barrios, asumió un papel predominante, en busca de hacerse con el poder.
Mientras tanto, comenzaron a producirse manifestaciones y disturbios en la capital. Algunos grupos llegaron a arrastrar por las calles un retrato del fallecido presidente Barrios, mientras otros impulsaban movimientos para que distintos generales tomaran el poder aprovechando la ausencia del grueso del ejército, que regresaba derrotado y abatido desde Chalchuapa.
El general Barrundia decretó el estado de sitio y concentró cada vez más autoridad en sus manos. Muchos contemporáneos interpretaron sus acciones como el intento de establecer una dictadura militar.
Una renuncia para evitar una guerra interna
La Asamblea Nacional Legislativa y el cuerpo diplomático observaron con preocupación la pugna entre militares. Los diputados, encabezados por Ángel María Arroyo y Manuel Echeverría, buscaron una salida constitucional que evitara una confrontación armada.
Sinibaldi carecía de experiencia y de carácter para enfrentar una crisis de semejante magnitud y se encontraba bajo fuerte presión. Presentó su renuncia junto con todo su gabinete el 5 de abril de 1885. Según diversas versiones históricas, el mandatario incluso temía por su propia vida y consideraba posible ser asesinado por órdenes de Barrundia si permanecía en el cargo.
General Lisandro Barillas reclama el poder
Una vez aceptada la renuncia, la Asamblea llamó al Segundo Designado a la Presidencia, el general Manuel Lisandro Barillas Bercián, quien era jefe político de Quetzaltenango. Sin embargo Barrundia ya casi se presentaba como el sucesor en el poder.
Barillas viajó con rapidez hacia la capital y llegó hasta el Cementerio General cuando era el sepelio de Barrios: dijo que tenía tropas rodeando la ciudad para apoyarlo a su señal si no le dejaban asumir la presidencia como correspondía.
Su llegada permitió restablecer el control político y neutralizar las aspiraciones de Barrundia, evitando que el país derivara hacia un gobierno militar impuesto por la fuerza. Como comentario adicional: lo de las tropas rodeando la ciudad era mentira, pero en aquel momento nadie pudo corroborarlo.
“Flor de un Día”
La extrema brevedad de su gobierno hizo que el pueblo bautizara a Alejandro Sinibaldi Castro como el presidente “Flor de un Día”, una expresión que reflejaba lo fugaz de su paso por la Presidencia.
Poco después de abandonar el cargo salió del país durante algún tiempo. Nunca volvió a desempeñar un papel relevante en la política nacional y falleció en 1896.













