Josué López trabaja en remodelación de interiores en Maryland, un trabajo que aprendió gracias a un hermano migrante hondureño. Pero la pasión por la literatura ya la traía desde su natal San Martín Chile Verde, Quetzaltenango. Y ahora está por lanzar su primera novela.
Josué López salió de San Martín Chile Verde, Quetzaltenango, rumbo a Estados Unidos cuando tenía 20 años. En Maryland se encontró con el frío, la distancia y la incertidumbre de quien descubre de golpe que está a miles de kilómetros de casa. Como si fuera un personaje literario.
Once años después, mientras trabaja en diseño y remodelación de interiores, con su propia empresa, prosigue sus estudios de ciencias bíblicas, y está a punto de publicar Benjamín. Tu futuro asegurado, su primera novela, “una obra de corte existencial que nació de lecturas, inquietudes y experiencias”, según él mismo explica.
La novela estará disponible en Amazon a partir del 26 de septiembre. Para López, llegar hasta este momento ha significado recorrer un camino que comenzó mucho antes en Guatemala: “Soy disléxico, pero mi madre siempre me impulsó a superar barreras. Ella me acercó desde niño a los cuentos y los libros. Así nació mi pasión por la lectura. Sigo leyendo de todo y por fin, se pudo concretar esta novela, gracias al apoyo de la editorial Alma de Letras”. Y esta es la historia del escritor migrante Josué López.
Una novela migrante en desarrollo
Josué López llegó a Estados Unidos con 20 años, impulsado por una combinación de circunstancias familiares y por su propia decisión de buscar independencia. “No me gusta ser carga para nadie, así que decidí migrar en busca de oportunidades. Me recibieron unos familiares”, cuenta. Su propósito era encontrar una manera de sostenerse y, en la medida de sus posibilidades, aportar. “Entonces vamos a la parada, me dijeron: era el lugar donde los migrantes sin trabajo se van a parar a una esquina en espera de que alguien les contrate por un día”, relata.
Era febrero, en Maryland. Estaba nevando. “¿A qué vine? Mami, ¿me puedo regresar?”, recuerda haber pensado. De pronto pasó un amerigano, que le contrató. “Mi primer trabajo fue una mudanza. Pasó alguien que necesitaba ayuda para trasladar los muebles de una casa hacia una bodega”. Ese día ganó alrededor de 80 dólares.
La cantidad, para él, representó una pequeña revelación. “Yo me sentí tan feliz, dije: wow, 80 dólares. No había ganado todo eso en un solo día en Guatemala…”.
Aprender para ganar más
Después de aquella primera experiencia vinieron dos días en los que nadie le ofreció trabajo. Al tercero apareció una oportunidad que terminaría siendo mucho más importante: la carpintería. “Para ser honesto, yo era hijo de mami y papi”, dice entre risas al recordar que nunca había trabajado en algo parecido.
Comenzó haciendo lo que podía: acarrear materiales. Pero uno de los trabajadores, un hondureño, decidió enseñarle algo más. “Me dijo: viejo, si usted va a estar todo el tiempo ahí parado esperando a que le digan qué acarrear, lastimosamente no pasará nada. Va a tener un trabajo estable, pero no va a tener un mejor sueldo. Jale lo que le toca hacer y después se viene aquí conmigo y yo le voy a enseñar a hacer algunas cosas”. Y empezó a explicarle el trabajo de instalación de muebles de madera, cortes, medidas, tornillos, pegamentos…
“Esa motivación que me inyectó, me sirvió de mucho: Aquí en Estados Unidos es tierra de oportunidades, pero siempre y cuando podamos aprender más cosas”. La migración comenzó entonces a adquirir otro significado. Ya no se trataba únicamente de trabajar. También consistía en observar, aprender y descubrir posibilidades.
“Yo lo vi más como una especie de excursión, como salir al parque, de esa emoción de chocarse con algo que nunca había visto”, cuenta. Esa actitud de curiosidad lo acompañó mientras conocía personas, oficios y formas diferentes de ganarse la vida.
La literatura comenzó mucho antes
La relación de López con los libros y la lectura comenzó mucho antes de Estados Unidos. Desde pequeño escribía pensamientos y leía libros, pero también enfrentaba una condición que podía hacer más complicado ese camino: es disléxico. “Yo tengo un tema neurodivergente, yo soy disléxico, pero es una condición, no un impedimento”, explica.
“Fue gracias a mi mamá que empecé a superar entre los trabalenguas, cuentos, historias, libros. Fue este amor por la literatura. Desde leer los clásicos”. Así comenzó una relación con la lectura que se mantiene hasta hoy. Para López, leer ha sido una forma permanente de cultivar el intelecto, explorar ideas y acercarse a disciplinas diferentes.
La escritura, en cambio, tardó más en convertirse en hábito. “A mí me encanta leer, pero tomar notas son bastante más difíciles y más aún ponerse a revisar y juntar todo en un relato”, reconoce con su habitual franqueza. “Me está faltando disciplina”, le decía a su madre. Tenía muchas ideas, pero llevarlas al papel era otra historia.
En 2017 encontró una solución que le permitió comenzar a capturarlas. Instaló Google Keep y empezó a dictar sus ideas en el teléfono. “Yo solo las dictaba”, recuerda. No quería sentarse a escribirlas de la manera tradicional, pero aquellas notas comenzaron a convertirse en una reserva de ideas y proyectos.
@kintsugi_m4 Incluso en los peores momentos hay algo dentro de ti que no se apaga. Ese verano invencible es tu esperanza, tu fuerza interior. Cuando todo parece oscuro, esa luz te recuerda que puedes renacer. #invierno #reflexiones #albertcamus #Esperanza #motivation ♬ The Night We Met - Lord Huron
Maestro de artes, lector y estudiante
Josué López se graduó en Quetzaltenango de maestro de artes plásticas. Aunque colaboró en exposiciones y conserva habilidades para dibujar y pintar, con el tiempo se fue alejando de la práctica artística como actividad principal. “No tengo problemas en dibujar, siempre cuando algo me inspire, y pintar yo no tengo problemas”, explica.
“Con lo que sí me quedé es con la parte de historia del arte. Esa sí, el día de hoy la sigo disfrutando”. Su curiosidad intelectual tampoco se detuvo con la migración ni con la llegada al mundo laboral. Actualmente estudia una licenciatura en ciencias bíblicas en una universidad en línea y está a unos tres meses de terminarla. Pero también lee sobre diversas corrientes filosóficas, en busca de sentido, de explicación, de claridad. También sobre antropología y arqueología.
En esa búsqueda aparece una constante en su vida: leer, aprender y tratar de comprender las ideas desde diferentes perspectivas. Y es en ese camino que nace su novela “Benjamín”.
La primera de ocho novelas
La publicación de Benjamín no significa que Josué haya llegado por primera vez a la escritura. Tampoco significa que sea el único proyecto literario que tiene entre manos. “En total estoy escribiendo ocho novelas. Pero hasta ahora voy a sacar la primera”, cuenta.
Benjamín. Tu futuro asegurado le ha ocupado alrededor de dos años. La obra tuvo tres borradores y atravesó un proceso de reestructuración antes de llegar a su versión actual. Su primer intento tenía un carácter más académico y filosófico. La editorial con la que trabajaba le hizo una pregunta fundamental: ¿a quién estaba dirigida la obra?
Su planteamiento era de corte existencial y abordaba la filosofía desde una perspectiva más cruda y académica. El reto consistió en encontrar un equilibrio que permitiera acercar esas ideas a lectores que no necesariamente pertenecieran al ámbito universitario. Es un relato que busca despertar curiosidad.
El título también tiene una historia particular. Su padre se llama Benjamín. Josúe levaba tiempo pensando que, entre tantos proyectos y cosas que había realizado, le faltaba una forma de retribuirle algo de lo que había recibido de él. “Siempre me faltó esa monedita de cambio. ¿A qué me refiero con esto? Retribuirle algo de lo mucho que mi papá hizo por mí”.
Así decidió utilizar su nombre para titular la obra. Pero aclara que la novela no cuenta la historia de su padre ni está basada en él. La edición de Benjamín está a cargo de Alma de Letras, editorial que, según explica, se adapta al tiempo del escritor. La novela estará disponible en Amazon y Apple Books a partir del 26 de septiembre.

Una vida con varias carpetas abiertas
Mientras escribe y estudia, trabaja en diseño de interiores, principalmente en proyectos residenciales relacionados con cocinas y baños. Su función es administrativa y de coordinación: escuchar las ideas del cliente, trabajar las propuestas de diseño, proyectar materiales y presupuesto y buscar el mejor rendimiento posible. “Pero yo sé hacer todo eso que hacen los trabajadores y eventualmente me gusta también poner yo manos a la obra, para no perder la práctica y seguir aprendiendo”.
Cuenta con un equipo que se encarga de las áreas que él no domina. “Pero sigo aprendiendo”, dice entre risas. Cuando piensa en su infancia, López no intenta reducirla a una sola escena. Su memoria está poblada por distintos espacios y personas, aunque hay uno que ocupa un lugar especial: el parque de su pueblo: San Martín Sacatepéquez, también llamado San Martín Chile Verde. “El extinto parque de mi pueblo era punto de encuentro de amigos, de grandes recuerdos. Allí estaban las fiestas, las ferias y buena parte de la convivencia”.
Pero tampoco olvida que con todo y su pasión intelectual, siempre apoyó a los SuperChivos: “Chapín que se respeta, tiene que encantarle el fútbol”, dice. Entre sus recuerdos aparece también la voz de su padre cuando iban al estadio a apoyar al equipo de Xelajú.
Benjamín. Tu futuro asegurado será el primer escalón de un nuevo ascenso. pero es el resultado de un recorrido que comenzó en un pueblo de Quetzaltenango, pasó por un primer día de nieve y un trabajo de mudanza de 80 dólares, continuó entre tablas, herramientas y personas que le enseñaron nuevos oficios, y encontró en los libros una manera de seguir aprendiendo.













