Kelley Morales llegó un noviembre a Chicago, con tormenta y nieve. Pero lo más frío era la realidad: su pénsum cerrado de Derecho no valía nada. Trabajó en restaurantes. Hoy es abogada y notaria en Carolina del Norte. ¿Cómo lo logró?
Kelley Morales, orgullosamente originaria de Pueblo Nuevo Viñas, Santa Rosa, sonríe cuando le dijo que su nombre (que se pronuncia Keli), le va perfecto con su profesión: “¡Ke-licenciada!”: es abogada y notaria graduada en Guatemala que presta sus servicios a migrantes guatemaltecos en Carolina del Norte y cualquier Estado de la Unión Americana. “Estamos a la orden para toda clase de trámites notariales en Guatemala, preparación de documentso, poderes, mandatos, inscripciones”, dice.
Cuando llegó a Estados Unidos el 2 de diciembre de 2014, Kelley recién había cerrado la carrera de abogada y notaria en la Universidad Mariano Gálvez. Pero sus estudios no valían nada en Chicago, la ciudad a la que arribó. “No fue fácil. Los primeros días fueron muy frustrantes para mí, difíciles”.
Su primera trabajo fue en un McDonald’s
Hacía frío en Chicago. “Me acuerdo que en los días hubo una tormenta eléctrica y cada trueno se ponía el cielo como si fuera de día. Yo me asusté. Yo me dije: ¿qué es esto? ¿Qué está pasando?”.
Después llegó otra sorpresa: una alarma de tornado. “Yo dije: ¿qué estoy haciendo aquí? ¿Qué está pasando?”. Y luego apareció la nieve. Al principio fue fascinante, pero después, gélida y tormentosa. “Yo nací en Estados Unidos, en Chicago, pero desde muy pequeña crecí en Guatemala. Nunca había visto la nieve”.
Se fue a Carolina del Norte, donde las cosas no parecían mejorar. No tenía carro. No tenía demasiadas opciones. Y lo que estaba a la mano era un McDonald’s. “Pedí trabajo allí, me quedaba cerca, pero mientras atendía a la gente, pensaba en todos mis años de estudio, lo que aprendí, no servía de nada”.
Para una mujer que acababa de terminar seis años de Derecho, el contraste era enorme. “Total, total. Yo lloraba”. Se había marchado de Guatemala porque no había encontrado oportunidades laborales para su carrera y ahora en Estados Unidos se enfrentaba a algo parecido. “Todo trabajo es digno y le eché ganas en trabajos de restaurantes”, cuenta.
Estaba empezando de nuevo (y bajo cero)
La migración de Kelley también estuvo marcada por el amor a hijo, que entonces tenía cinco años. En octubre de 2014, poco antes de viajar, recibió las notas escolares del niño: “Le decían que necesitaba une establecimiento especial, porque tenía dificultades para aprender inglés”.
Fue ese afán de buscar oportunidades y un mejor futuro lo que le hizo hablar con su hermano, que vivía en Chicago. “Efectivamente, agarro a mi niño, me vengo, lo meto a la escuela y desde el primer día lo apoyaron y todo. Mi niño siempre sacó buenas notas y mi hijo es 100 % bilingüe”.
Hoy aquel niño ya es un joven, está por terminar la secundaria y piensa incluso en convertirse en militar o estudiar para abogado migratorio. “Viéndolo estudiar no me importaba trabajar en algo que no era mi profesión soñada. Lloraba y le pedía a Dios una oportunidad”.
Y la oportunidad que pedía, se le concedió…
Mientras trabajaba en el restaurante, Kelley vio una publicación en Facebook: iban a abrir un consulado de Guatemala en Carolina del Norte. Los conocimientos avanzados en derecho, trámites, documentos y terminología legal le valieron un lugar: “Trabajé durante seis años en el Consulado de Guatemala en Carolina del Norte. Hice pasaportes, estuve en recepción y atención de los compatriotas, pero más que todo trabajé en el área de Registro Civil, atendiendo trámites”.
Su formación jurídica de pronto era la clave de su éxito. “Trabajar en el Consulado me permitió conocer de cerca las necesidades de los guatemaltecos en este y otros Estados: los tipos de gestiones que necesitan hacer a través de notarios en Guatemala, que a veces solo tienen oficinas en el país y no en Estados Unidos”
Una empresa, tres hijos y una renuncia
En 2017 conoció a quien hoy es su esposo. “Alquilamos un apartamento, dormíamos prácticamente en la alfombra, no teníamos nada. Solo compramos la camita inflable para mi hijo”.
Su esposo le propuso entonces que construyeran algo juntos. “Creamos una compañía de landscaping: hacemos trabajos de jardinería y mantenimiento de espacios exteriores. Comenzamos con un pick-up, una máquina cortadora y algunas herramientas. Repartimos volantes y de una casita nos llamaron. Esa casita recomendó otra casita y otra casita y otra casita”.
Así crecieron, hasta que apareció un contrato grande.
El problema era que el contrato implicaba que su esposo debía dejar su empleo, pero el pago llegaría 30 días después. “Y le digo yo: dale, con mi sueldo lo hacemos, comiendo frijolitos, pero así lo lograremos Yo pago la renta y todo. Y desde ese entonces tenemos nuestra compañía registrada y todo”.
Kelley se ocupó de la parte administrativa y su esposo del trabajo físico y trabajadores. Ella seguía en el consulado y atendía a sus tres hijos. Fue agotador, pero decidió renunciar al ampleo. “Con todo el dolor de mi corazón, porque era un trabajo que me encantaba, me gustaba ayudar a la gente, dejé el Consulado”. Pensó que su carrera de Derecho había quedado atrás otra vez.
Diez años sin tocar un libro
En 2024 Kelley viajó de vacaciones aGuatemala. Una conocida le contó que estaba estudiando un programa de equivalencias de la Universidad Panamericana para personas que habían dejado inconclusos sus estudios universitarios. El programa duraba 18 meses. “Yo tenía 10 años de no tocar un libro”.
“Las clases eran en línea, pero los exámenes eran presenciales: algunos escritos otros verbales. Eso significaba viajar desde Estados Unidos a Guatemala. Y le digo a mi esposo: ¿me apoyas, me ayudas a cumplir este sueño?”.
Las clases comenzaron en febrero de 2024. Durante la semana de evaluaciones, Kelley tenía que viajar con sus hijos pequeños. “Uno tenía dos años y el otro tenía cinco. Me examinaba en la noche un viernes y tenía que llegar a dormirlos para estudiar para el siguiente día, para el otro examen”.
“Y sábado o domingo por la noche tomábamos el avión de regreso porque no podía faltar a la escuela el niño de cinco años”. A veces no alcanzaba el tiempo. “Estuve a punto de que me llamaran a corte por algunas faltas de él a clases”.
A veces los examenes eran entre semana: “Entonces dejaba a los niños, Por ejemplo, tocaba examinarse miércoles y me iba el martes con una mochila con mi computadora, con copias en PDF de muchas leyes. Hacía el examen y ese mismo miércoles por la noche, de vuelta a Carolina. Mis compañeras de clase de la Upana, me iban a dejar al aeropuerto”.

Dieciocho meses después
El 26 de noviembre de 2025. Kelley Morales se graduó de abogada y notaria. La mujer que unos años antes lloraba detrás de una experiencia laboral que no correspondía con su profesión volvía a tener aquello que había pensado perdido.
“Mi esposo y mis hijos me acompañaron en la graduación. Yo lloré de emoción, de alegría, de gratitud a Dios y a mi familia. Mi hermano que también es abogado, fue mi padrino”. Tan solo volvió a Carolina del Norte y empezó a anunciar sus servicios profesionales. Pero no está sola, esta respaldada y asesorada por abogados y notarios en Guatemala, con amplia trayectoria y reconocida experiencia. Aclara que todo trámite notarial debe ser protocolizado debidamente en Guatemala y por eso es clave tener colegas responsables.
“Uno de los servicios más frecuentes son los mandatos: documentos mediante los cuales una persona en Estados Unidos autoriza a alguien en Guatemala para representarla en determinados actos o negocios jurídicos. Puede tratarse de la venta de un inmueble, trámites relacionados con propiedades o incluso divorcios”, cuenta.
“Pero el migrante necesita que alguien que conozca de leyes en Guatemala le explique, le oriente, le haga sugerencias. Las personas que llegan a mi oficina dicen: usted me da seguridad y me da certeza, que si me va a hacer la gestión”.

El próximo sueño
“Así como yo tuve la oportunidad de poder lograr este gran sueño, que nunca imaginé cumplirlo, estoy segura también que cualquier persona lo puede hacer con constancia, disciplina y perseverancia. No hay nada imposible. “Los sueños no tienen fronteras. Si se quieren, se puede”.
Pero Kelley ya tiene la siguiente meta: “Mi gran sueño es tener un bufete de abogados acá de Guatemala y poder, una oficina ya establecida y registrada de asesoría legal, de hacer taxes y ya estoy empezando a estudiar para ser notaria estadounidense también”. La magia de Kelley Morales es todavía habla de su futuro como si apenas estuviera comenzando. Y quizá esa sea la parte más poderosa de su historia.
Porque para ella el título no representa solamente una graduación. Representa algo que durante años parecía haberse quedado en Guatemala y que, después de atravesar fronteras, trabajos, viajes, maternidad, exámenes y sacrificios, finalmente volvió a sus manos.














