“Podía sentirlo en los ocasionales ‘chino-cochino’ o ‘ching-chang-chong’ que me gritaban en las calles”: así recuerda Nicolás Shi algunos episodios frecuentes de discriminación, por su apariencia física, en su infancia en El Salvador, donde nació en 1958.
Años después descubriría que aquellos prejuicios no terminarían al cruzar la frontera de Estados Unidos. Sin embargo, lejos de convertir esas experiencias en resentimiento, las transformó en el eje de una carrera artística que hoy lo sitúa entre los creadores salvadoreños de mayor proyección internacional, con obras en la colección permanente del Smithsonian Institution.
Su historia es la de un migrante que encontró en el arte una forma de explicar quién es cuando ninguna etiqueta resulta suficiente: hijo de inmigrantes chinos, salvadoreño por nacimiento, estadounidense por adopción y ciudadano del mundo a través de la pintura.
Crecer entre dos culturas
Nicolás Shi nació en San Salvador en 1958, el segundo de cuatro hermanos. Su padre había emigrado desde Cantón, China, en la década de 1920, mientras que su madre pertenecía a la primera generación de salvadoreños de ascendencia china. Creció en un hogar donde convivían naturalmente dos culturas, aunque fuera de casa la realidad era distinta.
“En mis años mozos el odio popular hacia los asiáticos había disminuido. Eso no significa que el prejuicio no existiera”, escribe en su autobiografía. Aquellos comentarios despectivos que escuchaba en las calles nunca lograron borrar el profundo vínculo que desarrolló con El Salvador, aunque sí sembraron una pregunta que marcaría buena parte de su vida y de su obra: qué significa pertenecer realmente a un país.
Décadas más tarde reconocería que incluso siendo un artista consolidado todavía encontraba personas que no lo consideraban plenamente salvadoreño por sus rasgos físicos. Esa sensación de ser visto como “el otro” terminaría convirtiéndose en uno de los temas centrales de sus pinturas.
La guerra que cambió su destino
“La vida era buena”, recuerda al evocar sus años de juventud. Pero en 1980 estalló la guerra civil salvadoreña y la violencia transformó el futuro de miles de familias, incluyendo a la suya.
Los secuestros se multiplicaban y su padre tomó una decisión difícil: enviarlo a Estados Unidos para protegerlo. Shi llegó inicialmente a Mississippi para estudiar inglés mientras solicitaba ingreso a distintas universidades. Lo que encontró fue una sociedad marcada por profundas divisiones raciales.
“En mi primer día en el campus… aprendí lo que es ser una minoría en este país”, escribe. Muy pronto conoció palabras ofensivas dirigidas contra asiáticos, latinos y otros grupos minoritarios. Comprendió entonces que la discriminación podía cambiar de idioma, pero conservaba el mismo rostro.
De arquitecto a artista
Desde niño destacaba por su habilidad para el dibujo. Sus maestros admiraban los cuadernos donde convertía apuntes escolares en ilustraciones detalladas. Él soñaba con estudiar arte, pero su padre prefería que eligiera una carrera con mayor estabilidad económica.
Ambos llegaron a un acuerdo: estudió Arquitectura y posteriormente obtuvo una maestría en Ingeniería Arquitectónica en la Universidad Estatal de Oklahoma. Durante más de diez años ejerció como arquitecto e ingeniero en Washington, D.C.
Sin embargo, la creatividad seguía reclamando espacio. “Me agoté. Necesitaba algo más creativo”, recordaría al explicar por qué decidió dejar una carrera estable para dedicarse por completo a la pintura.
Un lenguaje artístico propio
Shi desarrolló una técnica que lo distingue inmediatamente. Inspirado en las líneas de los mapas topográficos, construye imágenes mediante planos de color intenso que producen una sorprendente sensación de profundidad. Su estilo combina la fuerza cromática de Centroamérica, la armonía de la pintura tradicional china y la influencia del arte contemporáneo estadounidense.
Pero detrás de la innovación técnica existe un propósito constante: hablar de identidad, migración, discriminación y memoria.
Sus obras incorporan textiles, arquitectura, fotografías y elementos culturales que dialogan entre Asia y América Latina. En la serie Identidades Entrelazadas, por ejemplo, exploró las similitudes entre los tejidos indígenas de Guatemala y los textiles tradicionales asiáticos, convencido de que culturas separadas por miles de kilómetros pueden compartir símbolos, colores y formas de entender el mundo.
El inmigrante como protagonista
Las experiencias personales de Shi aparecen de forma recurrente en su producción artística. Una de sus colecciones más íntimas, Huéspedes Galopantes: A Chinese Family Odyssey, reconstruye la historia migratoria de su familia y el sentimiento de no pertenecer completamente a ningún lugar.
Otra de sus obras más conocidas, El otro rostro del inmigrante, forma parte de la colección del Smithsonian y propone observar la migración desde una perspectiva profundamente humana, alejándose de los estereotipos que suelen dominar el debate público.
En su autobiografía reconoce que Washington le permitió construir una vida y desarrollar su carrera, pero también expresa preocupación por el resurgimiento del discurso antiinmigrante. “El insulto ocasional que me arrojan me recuerda que quizás no somos bienvenidos aquí”, reflexiona.
Reconocimiento internacional
Con el paso de los años, Nicolás Shi logró convertir esa historia de migración e identidad en una propuesta artística reconocida dentro y fuera de Estados Unidos. Sus pinturas han sido exhibidas en numerosas galerías y museos de Estados Unidos, España y El Salvador. Ha recibido la Medalla de Honor en Bellas Artes otorgada por el gobierno salvadoreño, además de diversos premios en Washington. Sus obras integran colecciones permanentes del Smithsonian Institution y del Banco Interamericano de Desarrollo, y también ha desarrollado murales, esculturas e intervenciones de arte público.
En 2024 alcanzó uno de los momentos más importantes de su trayectoria al ser seleccionado como artista oficial del National Cherry Blossom Festival de Washington, un reconocimiento reservado para creadores con una destacada proyección cultural en la capital estadounidense.












