Más que un pintor de animales, volcanes o personajes floridos, Rolando Ixquiac Xicará (1947-2018) fue un revolucionador al abordar la creación desde su identidad indígena, expresando el rechazo a la discriminación y los prejuicios.
En una época en la que ser artista indígena en Guatemala significaba enfrentar prejuicios dentro y fuera de los espacios culturales, Rolando Ixquiac Xicará (1947-2018) decidió que su obra hablaría por él. Lo hizo con una pintura imposible de encasillar: combinó la abstracción con el arte popular, los paisajes del altiplano con un lenguaje contemporáneo y la memoria del pueblo maya con una poderosa reflexión sobre la identidad, el racismo y la condición humana.
Más que un pintor de animales, volcanes o escenas rurales —como a veces se le describió superficialmente—, Ixquiac Xicará fue uno de los grandes innovadores del arte guatemalteco del siglo XX. Su trabajo abrió caminos para que el arte indígena dejara de ser visto únicamente como folclor, como paisajismo y se convirtió en un exponente contemporáneo de la multiculturalidad guatemalteca.
Jovel talento maya en academia de artes
Luis Rolando Ixquiac Xicará nació en Quetzaltenango en 1947. De familia maya, ingresó a la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla, convirtiéndose, según la investigadora de arte Laura Cristina Menchú, en el primer artista maya en estudiar en esa institución.
Aquel hecho tenía un profundo significado en una Guatemala marcada por la discriminación racial. Su presencia rompía barreras en un espacio tradicionalmente dominado por artistas ladinos y anunciaba una transformación en la historia del arte nacional.
Posteriormente amplió su formación artística en el extranjero, incluyendo estudios en París y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), experiencias que enriquecieron su lenguaje plástico sin alejarlo de sus raíces.
El racismo como punto de partida creativo
La belleza de sus pinturas nunca estuvo desligada de una reflexión social. Diversos estudios señalan que uno de los temas centrales de su obra fue el racismo vivido personalmente por el artista como indígena en Guatemala durante las décadas de 1970 y 1980.
De hecho es precisamente esa experiencia como el leitmotiv (tema constante) de su producción artística. Sin abandonar el paisajismo ni las referencias a la cultura maya, Ixquiac Xicará convirtió sus cuadros en una forma de cuestionar una sociedad profundamente desigual. En sus figuras de aspecto dulce se trasluce la violencia de la guerra, la discriminación contra el indígena y también la pobreza.
Gracias a la calidad de su trabajo logró abrirse paso en un ambiente artístico con poca tolerancia hacia las diferencias culturales, exponiendo y comercializando sus obras en igualdad de condiciones con destacados artistas no indígenas.
“Para un artista maya, el simple hecho de expresarse constituye un éxito”
Cuatro meses antes de su fallecimiento, el 23 de agosto de 2018, concedió una extensa entrevista al periodista Juan B. Juárez, publicada por La Prensa de Occidente el 17 de abril de ese mismo año. Allí dejó una de las reflexiones más profundas sobre su vida y su obra. Al preguntarle qué significaba el éxito para un artista, respondió:
“Para un artista maya, como yo, en un país de origen colonial, y por tanto racista, como Guatemala, el simple hecho de expresarse constituye de por sí un éxito… Y madurar el contenido de la expresión artística hasta darle esa forma aguda que permita penetrar los prejuicios de la cultura ladina es, entre tantas circunstancias adversas, un verdadero acto heroico”.
“Yo no soy pintor porque sé pintar… Yo soy pintor porque me expreso pictóricamente; mi obra, mi pintura es mi expresión… Como lo que yo soy no me pertenece sólo a mí sino a toda la gente que es como yo soy, entonces mi expresión es también la expresión de mi pueblo”.
Incluso afirmaba que los premios, los reconocimientos y la valoración económica de sus cuadros trascendían lo individual: “Los reconocimientos que se hacen a mi pintura… son reconocimientos a lo que expresa mi obra: las circunstancias adversas… en que vivo yo y el pueblo maya”.
Enorme reconocimiento internacional
La fuerza de la propuesta artística de Rolando Ixquiac Xicará le permitió exhibir en Guatemala, México, Estados Unidos, Francia, España, Bélgica, Costa de Marfil y diversos países de América del Sur.
Participó en importantes encuentros internacionales como la Bienal de São Paulo, la Bienal de Cuenca y la Bienal Americana de Grabado de Santiago de Chile, además de integrar exposiciones dedicadas al arte maya contemporáneo en Europa.
Sus obras forman parte de las colecciones del Museo Nacional de Arte Moderno “Carlos Mérida” de Guatemala y del Museo de Arte Contemporáneo de Panamá, además de haber sido presentadas en instituciones como el Museo de las Américas de Washington D.C., el Museo de Arte Contemporáneo de México y el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). Su producción también alcanzó el mercado internacional del arte, siendo subastada por reconocidas casas como Bonhams y Clars Auction Gallery en Estados Unidos.
Viajar para reafirmar sus raíces
Los viajes marcaron profundamente su visión artística. Sin embargo, nunca los entendió como simples experiencias culturales o turísticas. Recordaba que Europa le produjo un choque cultural abrumador, mientras que la pobreza observada en la India lo impactó profundamente. Fue, sin embargo, su estancia en Senegal la que terminó de consolidar su pensamiento.
“En Senegal, que es un país de origen colonial, como Guatemala, encontré ciertas similitudes entre la exclusión que se da en nuestro país. Fue una experiencia crucial que me confirmó en mis convicciones y aspiraciones como ser pintor maya en las circunstancias adversas de mi país”.
Rolando Ixquiac Xicará falleció el 23 de agosto de 2018, dejando una trayectoria que modificó la manera de entender el arte indígena contemporáneo en Guatemala y que demostró como un artista maya podía dialogar de igual a igual con las corrientes internacionales sin renunciar a su identidad.
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