Con casi tres décadas de creativo camino en las artes visuales, el artista maya kaqchik'el Angel Poyón Calí representa a Guatemala en la bienal de Sydney, Australia con instalación de azadones con todo y manos.
En la Bienal de Sídney, uno de los encuentros más relevantes del arte contemporáneo global, el artista maya kaqchikel Ángel Poyón Calí (1974), originario de San Juan Comalapa, Chimaltenango, presentó una instalación que dialoga con la memoria, la tierra y la advertencia ancestral: los objetos también tienen vida.
Su obra, exhibida hasta junio próximo, gira en torno a una serie de azadones intervenidos con puños esculpidos en sus cabos. La pieza remite a una frase cotidiana en las comunidades agrícolas —“despertá tu azadón”—, pero también a una idea más profunda, arraigada en el Popol Vuh: cuando el ser humano rompe su relación con la naturaleza, los objetos pueden volverse en su contra.
“En el Popol Vuh nos habla que si nosotros nos portamos mal con la naturaleza, los objetos se nos van a rebelar”, explica Poyón. “La memoria pareciera que está lejos, pero está latente en nuestro idioma, en lo que dicen las abuelas, las madres… está vivo”.

La materia también recuerda
La obra no solo es simbólica en su forma, sino también en su materialidad. Inicialmente concebida en cedro, Poyón tuvo que replantear su propuesta ante restricciones ambientales. Tras investigar técnicas ancestrales, encontró en la madera blanca —utilizada en máscaras tradicionales de Rabinal— el soporte ideal.
“Uno va encontrando sorpresas agradables”, comenta. “Esa madera permite algo muy especial… como dicen, los huesos son los únicos testigos”.
El proceso creativo estuvo marcado además por una experiencia personal: la muerte reciente de su mamá. “Cuando lo estaba trabajando, falleció mi madre. Fue un duro golpe, pero había que seguir adelante. Entonces sentía que ella me hablaba, que estaba presente. Eso le dio otro valor a la pieza”, revela.
Naturaleza vs. industria
La instalación fue montada en un espacio industrial en Sídney, una antigua fábrica donde —según el artista— incluso se filmaron escenas de Matrix. Ese contraste entre lo orgánico y lo mecánico fue clave en la lectura de la obra.
“Colocar esta pieza natural rebelándose dentro de lo industrial… ese contraste era importante”, señala.
La recepción del público ha sido positiva, incluso a miles de kilómetros de su contexto original. “La gente se acerca, pregunta, comenta… se ve que la han digerido”, dice. Uno de los aspectos más desafiantes fue el tipo de madera para las esculturas.
El maíz: origen y permanencia
Además de la instalación de azadones, Poyón presentó una serie de granos de maíz elaborados en barro, como una evocación de la conexión íntima entre este alimento, la tierra y los pueblos mayas. El maíz, más que un cultivo, es origen, identidad y continuidad.
La participación de Poyón forma parte de una destacada presencia guatemalteca en la bienal. Junto a él expusieron Angélica Serech, Edgar Calel, Fernando Poyón y Sandra Monterroso, consolidando una muestra diversa del arte contemporáneo indígena del país.
Trayectoria
Originario de San Juan Comalapa, Chimaltenango, donde continúa trabajando y desarrollando su obra, Poyón (1974) ha construido una sólida trayectoria en pintura y escultura, explorando identidad, territorio y memoria. Su trabajo ha sido exhibido en Guatemala, Costa Rica, España, Estados Unidos, Colombia, México, Argentina, Perú, Reino Unido, Taiwán, Suiza y Cuba, entre otros países, en espacios que van desde galerías independientes hasta bienales y museos internacionales.
Sin embargo, más allá del recorrido global, su práctica sigue anclada en su territorio y en una pregunta esencial: cómo escuchar lo que aún vive en la memoria colectiva. “Uno deja que el tiempo lo moldee”, reflexiona. “Las piezas también tienen su propio camino, su propia vida”.
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