Originario de El Estor, Izabal, Carlos Alegría llegó a los 15 años a Canadá. Trabajó 12 años como conserje de escuela. Afirma que si a los 18 años le hubieran dicho que iba a ser maestro allí mismo, no lo habría creído. ¿Cómo lo logró? Esta es su historia.
Carlos Alegría nació y creció en El Estor, Izabal. Siempre recuerda aquel pueblo a la orilla del gran lago de Izabal, donde creció, jugó, fue a la escuela. A los 14 años dejó Guatemala rumbo a Toronto, Canadá, en donde le resultó especialmente difícil estudiar.
Pero aquel adolescente que enfrentó tanta dificultad para adaptarse a una cultura total mente nueva, es hoy un maestro, en un aescuela de Toronto. Emplea su propia experiencia migratoria de desarraigo y desafío para acompañar a niños que, como él, llegaron a Canadá desde otros países.
“Si cuando yo tenía 16, 18 años me hubieran dicho algún día vas a ser maestro en Toronto, yo me hubiera reído… pero un día me tracé esa meta y lo logré”, recuerda. Hoy, cuando mira a sus alumnos recién llegados, reconoce en ellos al joven que alguna vez fue y les ayuda desde su propia experiencia a crecer. Carlos Alegría nunca olvida su identidad y junto a la agrupación Guatemaltecos en Ontario, organizan actividades como ventas de artesanías o el concierto de marimba que habrá el 25 de septiembre, con un grupo femenino de Malacatancito, San Marcos. De hecho ha compuesto melodías para marimba. Y esta es su historia.
La infancia frente al lago de Izabal
“Yo nací en el pueblito de El Estor, Izabal… el Estorcito alegre. Mi familia provino de Escuintla y Salamá. Pero para mí, El Estor fue mi raíz. Uno salía a manejar bicicleta con los amigos después de la escuela, toda la tarde en la orilla del lago. Nos íbamos a hacer los deberes (tareas) abajo de alguna palmera o en la orilla del lago”.
“La situación económica era difícil. Mi padre migró a Canadá cuando yo era pequeño y mi madre, Hermelinda, quedó cuidándonos a mí y a mi hermana. De alguna manera tuvimos una madre soltera, vivimos muchas dificultades, pero mi madre nos sacó adelante”.
Su padre logró obtener documentos de residencia a finales de los años 80. Sin embargo, Carlos no llegó a Canadá sino hasta 1997. “Yo tenía 15 años y mi hermana 13: es difícil llegar a un país totalmente diferente, a diferente cultura, diferente lenguaje”. Lo describe prácticamente como empezar de cero.
“Por el tiempo transcurrido, mi mamá se desentendió de mi papá. Y mi papá sí nos trajo para acá, pero tenía otra relación. Entonces al llegar aquí con una madrastra pues tampoco no funcionó para nosotros, nos tocó estar solos mi hermana y yo. Fue difícil”.
Aprender a empezar de nuevo
Carlos decidió aprender inglés por su cuenta. Su método: leer libros infantiles. “Anotaba las palabras que no conocía y las pegaba en la puerta del clóset para memorizarlas. Creo que mi hermana se adaptó mejor al nuevo idioma y a la escuela. A mí me costó más, pero siempre estaba en la escuela, nunca tuve ausencias”, recuerda.
Una maestra se dio cuenta de que pasaban dificultades económicas. “Ella nos regaló cajas de alimentos. Cuando llegaron las vacaciones me sugirió que tomara un trabajo de verano como conserje”.
“Durante el descanso se limpia todo en las escuelas, se lavan los pisos y las paredes, se desinfectan escritorios. Es mucho trabajo y por eso contratan apoyo. Me sentí contento porque me pagaron muy bien”. Con lo que ganó, Carlos compró un colchón y un radio.
“El radio era de onda corta y a través de este escuchaba emisoras de Guatemala. No importaba la interferencia. Al escuchar la Radio Ranchera, la mera mera, me regresaba mentalmente a mi pueblo, a mi infancia”.
A los 17 años no pudo seguir estudiando la secundaria, por ley. Carlos tuvo que dejar los estudios. Empezó a trabajar para pagar vivienda y comida. “Estuve trabajando en una compañía de productos congelados. Después volví al sistema escolar de Toronto como conserje”.
De conserje a maestro
“Trabajé 12 años como conserje, siempre en jornadas nocturnas”. Pero a la vez, seguía su interés por la enseñanza escolar. Nunca había dejado de leer y miraba con ilusión a los maestros enseñar en las clases.
“Mis compañeros me decía que estudiara la carrera universitaria para maestro. Yo les decía: ¿Quién, yo? ¿Cómo van a creer? Yo no tengo dinero, no tengo quién me apoye. Pero me insistían en que yo tenía vocación de maestro”.
Finalmente Carlos hizo un examen de admisión y fue aceptado en la universidad. Tenía 27 años. Durante cinco años combinó estudios y trabajo: “Yo desde las 7 de la mañana que salía de mi casa no regresaba hasta la medianoche. Estudiaba en la mañana, trabajaba en las tardes y noches”.
En el último año un desafío adicional: “Tenía que hacer prácticas además de los estudios, así que abarcaba tiempo completo. Pedí un año de permiso sin sueldo y solicité un préstamo para cubrir aquel último año. Me gradué y regresé a trabajar, de conserje…”
En 2016 llegó la oportunidad de ser maestro. “Ya ahorita en septiembre empiezo mi décimo año de maestro. Actualmente enseño sexto grado pero también ha dado séptimo y octavo”.
Carlos Alegría no se considera músico, pero disfruta de imaginar y copmponer melodías. Con la colaboración de Geovanni Roblero, compuso esta melodía: Mojarras Estoreñas, dedicada a su pueblo.
Apoya a estudiantes migrantes
En su aula, Carlos encuentra historias parecidas a la suya. En la escuela donde ha trabajado los últimos ocho años, de 28 alumnos, unos 20 nacieron fuera de Canadá y varios llevan menos de dos años en el país. “Me reconozco en ellos. Yo pasé por allí y eso nunca se me olvida. Por eso les hablo desde mi experiencia, para decirles que pueden superar todo desafío”
También sabe que muchos llegan con historias que el maestro desconoce. “Uno no sabe con qué equipaje vienen esos niños. Uno no sabe qué experiencias adversas han tenido que vivir. Algunos son refugiados, por lo que procuro siempre cuidar mis palabras y reacciones. Es parte del aprendizaje que se tiene al ser maestro”.
El regreso a El Estor
Carlos ha regresado varias veces a Guatemala. En una de esas visitas conoció a quien sería su esposa. Se casaron en 2017 y tienen un hijo de ocho años. Pero ya no era el mismo Estor. Cuando él vivía allí, la carretera vía Río Dulce todavía no existía y la única salida era por barco. “Cuando se abrió la carretera para Río Dulce empezó a crecer la población”.
Caminó por el malecón y recuperó parte de aquellos recuerdos de infancia. “Su vínculo con El Estor también se convirtió en música: escribió la letra de “Mojarras Estoreñas”, una pieza para marimba. También ha participado en la composición de una pieza dedicada a su mamá, Hermelinda”.
Mantener viva Guatemala en Toronto
A través de la organización Guatemaltecos en Toronto, y con apoyo de otros compatriotas radicados en esa ciudad, Carlos Alegría participa en la organización de actividades para reunir a la comunidad guatemalteca, promover la comida, la música y las indumentarias mayas, y apoyar causas en Guatemala. Organiza juegos de lotería chapina para recaudar fondos para buenas causas, apoyar a escuelas o a migrantes con necesidad. El 25 de septiembre habrá un concierto con la Marimba Femenina de Malacatencito.
“Mi propósito es mantener viva la cultura de Guatemala, darla a conocer. Yo no quiero que mi hijo crezca solo diciendo, soy guatemalteco, pero no sabe nada de Guatemala. Entonces yo a él lo visto con una indumentaria maya cuando se da el desfile de la hispanidad”.
“También organizo pequeñas ferias para que las personas vendan sus productos y si queda ganancia la mandamos para ayudar a alguna buena causa en Guatemala, como un hogar de ancianos al que apoyamos. Hemos donado bastantes sillas de ruedas también. Viene una marimba femenina de malacatancito, esperamos que más guatemaltecos asistan pero están invitadas personas de toda nacionalidad”













