"Así dice el Zorro de Pecho Blanco" es la sorprendente inscripción que le pone nombre por primera vez a la genial precisión de los cálculos astronómicos y calendáricos mayas: anotación en un mural del sitio Xultún, en Petén, Guatemala.
Una inscripción en un mural pintado hace más de 1,200 años en Xultún, Petén, que permitió identificar por primera vez a un científico maya por su nombre y atribuirle una innovadora fórmula matemática y astronómica. El hallazgo, publicado por la revista científica Antiquity de Cambridge University Press y divulgado por el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala abre una nueva página en la historia de la ciencia y del legado de la civilización maya.
Durante siglos admiramos la extraordinaria precisión con la que los antiguos mayas calcularon los movimientos de los planetas, desarrollaron calendarios y perfeccionaron uno de los sistemas matemáticos más avanzados de la antigüedad. Sin embargo, quienes hicieron posible ese conocimiento permanecían en el anonimato. Hoy, por primera vez, la historia puede llamar a uno de ellos por su nombre. Se llamaba Sak Tahn Waax, un nombre que puede traducirse como “Zorro de Pecho Blanco”, y vivió hacia el año 781 d.C. en la antigua ciudad de Xultún, en el noreste de Guatemala.
Se descubre la “firma” del astrónomo
Más de doce siglos después de haber sido pintado, un equipo internacional de investigadores logró descifrar la inscripción donde quedó registrada la autoría de una ingeniosa fórmula matemática y astronómica, convirtiéndolo en el primer matemático y astrónomo maya cuyo nombre ha sido identificado.
El descubrimiento fue publicado el 14 de julio de 2026 en la revista científica Antiquity, editada por Cambridge University Press, en el artículo The Identification and Work of an Eighth-Century Maya Mathematician, elaborado por los investigadores David Stuart, Franco D. Rossi y Heather Hurst.
El hallazgo proviene del denominado Texto 19, una pequeña inscripción pintada sobre el muro oriental de la estructura 10K-2 del sitio arqueológico de Xultún, Petén, Guatemala. Lo extraordinario no es únicamente que contenga complejos cálculos relacionados con los ciclos de Venus, Marte y los calendarios mayas. Lo verdaderamente excepcional es que el texto termina atribuyendo ese conocimiento a una persona concreta.
Como señalan Rossi, Stuart y Hurst en el estudio original, “la atribución a su autor, Sak Tahn Waax, proporciona el único ejemplo conocido de un matemático-astrónomo maya del período Clásico identificado por su nombre y reclamando crédito directo por su trabajo intelectual”. En otras palabras, no se trata simplemente de encontrar un nombre escrito en un muro. Es la primera vez que puede atribuirse una obra científica a un individuo específico dentro de la civilización maya.
Un laboratorio científico hace 1,245 años
Las inscripciones forman parte de un conjunto de alrededor de 52 textos descubiertos en 2010 dentro de una pequeña habitación cuyas paredes estaban cubiertas por pinturas, cálculos y anotaciones.
Lejos de ser un templo ceremonial, los investigadores consideran que el recinto funcionó como un espacio de trabajo donde especialistas mayas elaboraban códices, enseñaban astronomía y desarrollaban cálculos matemáticos relacionados con los movimientos celestes.
“Es probable que este fuera un espacio donde los cálculos calendáricos se enseñaban junto con la fabricación de libros de papel de corteza”, explica el estudio, que compara el recinto con el mejor ejemplo arqueológico conservado de un taller de elaboración de códices mayas.
Los personajes representados en las paredes reciben el título de Taaj, un rango asociado con escribas especializados en astronomía, matemáticas y cronología.
Una fórmula diferente a todas las conocidas
El llamado Texto 19 no narra la historia de un gobernante ni una batalla. Es, esencialmente, un ejercicio matemático.
En apenas nueve bloques jeroglíficos, Sak Tahn Waax relacionó distintos ciclos temporales utilizados por los mayas: el calendario ritual de 260 días, el año solar de 365 días, los ciclos sinódicos de Venus y Marte, además de otras unidades calendáricas.
Los investigadores destacan que la organización de estos cálculos no tiene precedentes entre las miles de inscripciones mayas conocidas. Incluso afirman que “su organización es inusual y altamente particular, incluso cercana al juego”, reflejando una creatividad matemática que trasciende la simple aplicación de reglas calendáricas.
¿Cómo lograron leer el nombre?
El mural presentaba un importante deterioro después de permanecer enterrado durante más de mil doscientos años. Para recuperar el texto, el equipo utilizó fotografías de alta resolución, dibujos a escala, imágenes multiespectrales, escaneos digitales y procesamiento informático que permitió hacer visibles pigmentos prácticamente desaparecidos.
Ese trabajo permitió reconstruir once jeroglíficos y descifrar una frase encabezada por la palabra cheheen, una expresión equivalente a “así dice…”, seguida del nombre Sak Tahn Waax.
Según los autores, esa expresión funciona como una auténtica declaración de autoría. “Interpretamos la declaración final como una atribución que conecta la fórmula con un individuo histórico”, escriben en el artículo científico.
Un aporte clave para valorar la ciencia maya
Hasta ahora los arqueólogos habían identificado firmas de escultores, pintores y escribas mayas en monumentos y cerámicas. Nunca antes había aparecido la atribución directa de un trabajo matemático o astronómico. Por ello, el descubrimiento trasciende la arqueología y representa un aporte para la historia universal de la ciencia.
En las palabras con que concluye el estudio, los investigadores destacan: “Los astrónomos y matemáticos del mundo antiguo han sido reconocidos desde hace mucho por sus observaciones y descubrimientos; quizá ahora podamos añadir un nombre indígena maya a esa historia: un experto matemático llamado Sak Tahn Waax, que vivió y trabajó hace más de doce siglos en lo que hoy es el noreste de Guatemala.”
Para Guatemala, el hallazgo reafirma la importancia del país como uno de los grandes centros del conocimiento prehispánico desarrollado por la civilización maya, sobre el cual se basan los calendarios mayas, de gran exactitud y significado.
Para el mundo, representa algo aún más profundo: recuperar la identidad de una persona cuya inteligencia ayudó a comprender el cielo hace más de 1,245 años y cuyo nombre, oculto durante siglos entre antiguos jeroglíficos, vuelve finalmente a pronunciarse. Muchas inscripciones se perdieron debido al saqueo de piezas, pero este mural no solo no lo podían llevar sino permaneció oculto a la vista por siglos.
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