Es maestro de primaria y de educación física, pintor, actor de teatro, cantante, escritor: René Soto le pedía cuadernos de dibujo a su mamá, pero ella no siempre tenía cómo comprárselos, menos aún crayones. Pero hoy el arte es su vida. Conócelo.
Es maestro de arte en Connecticut, pintor, escritor, cantante coral, bailarín, actor de teatro, promotor cultural: René Soto parece vivir varias vidas al mismo tiempo. Sin embargo, cuando habla de sí mismo, siempre termina regresando al mismo lugar: la aldea Rancho Alegre, en San Francisco, Petén, donde nació su vocación artística y donde un día sueña instalar una biblioteca escolar.
“Yo siempre pinté, siempre dibujé”, recuerda. “Cuando era niño siempre nos regalaban los cuadernos de dibujo en la escuela. Y el primer cuaderno que yo me gastaba era el de dibujo”.
René cuenta que nació en La Libertad Petén, pero después se mudaron a Rancho Alegre. Su mamá no siempre podía comprarle los materiales que deseaba, pero eso nunca detuvo su imaginación. “Yo le decía a mi mamá que quería cuadernos de dibujo y pues nosotros no teníamos dinero”, cuenta. “Mi estrategia era dejar media página en blanco, después que me calificaran, para seguir dibujando en la otra mitad”.
La creatividad encontraba caminos inesperados. Mientras otros niños jugaban, él moldeaba barro extraído por los zompopos para fabricar alcancías, muñecas y pequeños utensilios. “Cuando alguien cumplía años yo les hacía un dibujo o una figurita de barro y eso regalaba”.
El maestro que educaba a más de mil alumnos
Antes de emigrar a Estados Unidos, René construyó una carrera en la educación. Fue maestro de primaria, profesor de educación física. “Yo tenía más de mil alumnos”, recuerda. “Trabajaba en clubes juveniles, en escuelas y colegios”. Sin embargo, la situación económica se hizo crítica, así que decidió migrar a Estados Unidos.
Lo recuerda bien. Llegó a Connecticut noviembre de 2011. “Después de estar en una aldea, entrar bajo una ciudad en el tren, ver edificios gigantes, eso me voló la mente prácticamente”, recuerda. Su sueño era ser artista, pero trabajó limpiando ventanas, sacando basura de oficinas y como mesero. A veces tenía hasta tres empleos al mismo tiempo.
Pero mientras otros migrantes buscaban tiendas de ropa o aparatos electrónicos, él tenía otra obsesión. “Yo siempre quise pintar con óleo, pero era muy caro para mí en Petén y no había”, dice.
En una ocasión, ya en Estados Unidos, le contó a algunas personas su interés por pintar y le dijeron que hallaría pinturas en una ferretería. “Fui a un Home Depot y sí había pinturas pero para casas, y brochas gruesas. Pero allí alguien me indicó a qué tienda podía ir. Y aquello fue la revelación”
“Cuando miro todos los pinceles, los lienzos de todos tamaños y las pinturas dije: ¡Dios mío, esto es mi gran sueño! Compré de todo, aunque al inicio no compraba canvas sino un papel que tenía textura de lienzo, más barato. Igual ahí se me iba todo el sueldo”. En sus ratos libres pintaba sin descanso.
“Los domingos empezaba a pintar a las seis de la mañana y terminaba a las siete u ocho de la noche sin comer. El arte era una catarsis”. La pintura se convirtió en una manera de enfrentar la nostalgia. “Extrañaba a mis alumnos, extrañaba a mi familia. Era una necesidad de llenar ese vacío”.
Una exposición apenas seis meses después
“Yo posteaba mis pinturas y dibujos en Facebook y una organización me escribió: ‘Tú tienes mucho potencial, lo que estás proyectando tiene alma’”. Y apenas seis meses después de llegar al Estados Unidos, René Sono presentó su primera exposición.
“No puedo hacer una exhibición porque acabo de venir, les dije. Pero la hicimos. Llegó un periódico, llegó un montón de gente y desde ese día me empezaron a llamar artista”.
Más adelante impulsó una muestra colectiva llamada Guatemala Everywhere, que reunió a creadores guatemaltecos radicados en Estados Unidos y ayudó a visibilizar el talento migrante.
Un artista sin límites
La pintura nunca fue suficiente. Otto también ha expandido al teatro, a la música y también a técnicas como el bodypainting, así como el muralismo y el diseño gráfico. Luego apareció la escritura:
Es autor del libro infantil Boto: un niño soñador, solitario, inquieto, que se encuentra un día un oso de peluche tirado. Estaba sucio pero lo lavó y se convirtió en su mejor amigo. “¿Es tu historia?”, le pregunto y Otto dice: “De alguna manera sí, es un reflejo de tantas experiencias que tuve, adversas, de niño, pero que nunca me robaron mi sueño”.
También fue fundador de la revista bilingüe Latin Colors, abrió una galería de arte, integra el coro Stamford Chorale, escribe poesía, compone canciones y este año debutará como protagonista teatral en la obra El Cepillo de Dientes. “A mí me gusta bailar, cantar, pintar, escribir. Yo tengo que abrazar lo que soy y yo soy así”, afirma.
Lejos de elegir una sola disciplina, decidió vivirlas todas. “Todos deberíamos cantar más, deberíamos bailar más, deberíamos pintar más, deberíamos escribir más”.
La niñez en Rancho Alegre
A pesar de las exposiciones, los escenarios y los proyectos culturales, René nunca ha olvidado el lugar donde comenzó su historia. Por eso trabaja actualmente para apoyar a la escuela de Rancho Alegre y contribuir a la creación de una biblioteca estudiantil.
Es una manera de devolver a la comunidad parte de lo que recibió cuando era aquel niño que dibujaba en las páginas sobrantes de sus cuadernos.
Y finalmente, a sus proyectos culturales, sus clases de arte, sus ensayos teatrales y sus presentaciones musicales, René está a punto de sumar una nueva experiencia: Para celebrar su próximo cumpleaños ha decidido lanzarse en paracaídas. Ya está practicando. En realidad, toda su vida se ha lanzado al viento a soñar en grande ¡y sigue volando!
Quizá también te podría interesar













