El propio presidente vitalicio dejó estipulado, en su agonía, que fuera el mariscal Vicente Cerna (1815-1885) quien lo sucediera en la presidencia. Tuvo un primer período tranquilo, pero al ser reelecto empezaron las rebeliones que llevaron a su caída.
Fue el último presidente del régimen conservador, pero también uno de los militares más respetados de su época. El mariscal Vicente Cerna y Cerna (1815-1885) suele aparecer en la historia únicamente como el gobernante derrotado por la Revolución Liberal de 1871. La historia liberal lo pinta como retrógrado, pero en realidad impulsó cambios como la introducción del telégrafo o el decisivo impulso al cultivo de café (que a menudo solo se le atribuyen a Justo Rufino Barrios (presidente de 1873 a 1885) quien por cierto era un próspero caficultor de San Marcos).
Vicente Cerna fue héroe de la Batalla de La Arada, administrador eficiente del área de Chiquimula y hombre de confianza de Rafael Carrera. Llegó al poder a la muerte del caudillo. Intentó modernizar algunos aspectos del país, pero el desgaste conservador terminó arrastrándolo a la caída.
El gran soldado del Oriente
Nacido en Ipala, Chiquimula, el 22 de enero de 1815, Vicente Cerna hizo carrera en el ejército conservador hasta convertirse en uno de los oficiales más cercanos al caudillo Rafael Carrera. Su momento de mayor gloria llegó el 2 de febrero de 1851, junto a Carrera, durante la Batalla de La Arada, considerada por muchos historiadores como la mayor victoria militar de Guatemala en el siglo XIX.
Al mando de una de las divisiones del ejército guatemalteco, Cerna contribuyó decisivamente a la derrota de las fuerzas combinadas de Honduras y El Salvador, una victoria que aseguró la estabilidad del Estado guatemalteco y consolidó el prestigio militar de Carrera. Desde entonces, Cerna fue visto como uno de los héroes nacionales de su generación, quizá solo comparable a José Víctor Zavala, quien peleó y sobrevivió a la guerra de Nicaragua contra los filibusteros.
Como corregidor de Chiquimula, Vicente Cerna impulsó la agricultura y demostró capacidad administrativa, cualidades que hicieron de él uno de los hombres de mayor confianza del presidente vitalicio.
El heredero de un sistema desgastado
Cuando Rafael Carrera falleció el Viernes Santo 14 de abril de 1865, había dejado señalado a Cerna como su sucesor. Interinamente asumió Pedro de Aycinena y Piñol, mientras la Asamblea confirmaba esa decisión. El 24 de mayo, Cerna asumió la Presidencia de la República.
Su promesa fue clara: mantener el legado de Carrera y preservar la estabilidad del país. Pero el contexto había cambiado. Guatemala ya no era la misma de dos décadas atrás. La grana, principal producto de exportación durante años, comenzaba a perder valor en los mercados internacionales, mientras el café emergía como el cultivo llamado a transformar la economía nacional.
Cerna comprendió esa transición mejor de lo que suele reconocerse. Aunque era conservador en lo político y cercano a la Iglesia Católica, impulsó medidas orientadas a modernizar la economía. Favoreció la expansión del cultivo del café, continuó las obras del Puerto de San José, promovió estudios para futuras líneas férreas e introdujo el telégrafo, una innovación tecnológica que redujo drásticamente los tiempos de comunicación entre la capital y distintas regiones del país. Todos esos avances son solo atribuidos a Justo Rufino Barrios (presidente liberal de 1873 a 1885).
Una reforma necesaria… pero incompleta
Las finanzas públicas también enfrentaban dificultades. La caída de la grana reducía los ingresos del Estado, mientras el café aún no generaba suficientes divisas para compensar. En 1869 Cerna contrató un préstamo con capital británico que permitió aliviar parcialmente las finanzas públicas. Emprendió una reforma monetaria que quedó a medias.
El problema es que el peso de plata no tenía un peso uniforme: había monedas con menos peso de metal. Además circulaban monedas antiguas, incluso de 50 años antes, junto con nuevas emisiones nacionales y monedas extranjeras, lo que complicaba el sistema monetario. Pero al emprender el cambio, impactó en la economía, el comercio y los precios. La intención era correcta, pero los efectos desgastaron al gobierno y crearon descontento, incluyendo una nueva rebelión en las montañas del Oriente.
La polémica reelección
El verdadero desgaste político comenzó en 1869. En las elecciones presidenciales ningún candidato obtuvo la mayoría necesaria. Conforme a la legislación vigente, la decisión pasó a la Asamblea, que finalmente eligió nuevamente a Vicente Cerna en lugar del mariscal José Víctor Zavala, otro prestigioso héroe de la Batalla de La Arada y primo de Miguel García-Granados.
Aunque el procedimiento era legal, la oposición consideró que el resultado favorecía artificialmente al oficialismo. A partir de entonces crecieron las críticas contra el gobierno, aumentaron las conspiraciones liberales y comenzaron a multiplicarse los levantamientos armados en distintas regiones del país.
Mientras tanto, surgía una nueva generación de comerciantes, empresarios, exportadores y políticos que reclamaba reformas institucionales más profundas.Cerna intentó modernizar parcialmente la economía sin modificar las bases políticas del régimen conservador. Esa contradicción terminó debilitando a su gobierno.
El caso Serapio Cruz
El episodio que marcó definitivamente la imagen pública de Cerna ocurrió el 23 de enero de 1870. Ese día, el general rebelde Serapio Cruz, conocido popularmente como “Tata Lapo”, murió en combate en Palencia tras ser derrotado por tropas gubernamentales dirigidas por el general Antonino Solares.
Para crear una lección terrorífica, Antonino Solares decidió, de forma inconsulta, decapitar a Cruz y que su cabeza exhibida públicamente como escarmiento. Aunque la decisión fue atribuida al propio Solares y no existe evidencia de que Cerna ordenara aquel acto, la responsabilidad y el desgaste recayó sobre el presidente, quien fue tildado de tirano. Cerna ya era autoritario, pero este acto tan brutal generó mucho descontanto. Desde entonces comenzó un acelerado deterioro de su prestigio que la propaganda liberal aprovechó durante su caída e incluso por décadas.
Triunfo liberal pone fin a 30 años conservadores
Desde el exilio, Miguel García-Granados y Justo Rufino Barrios organizaron la Revolución Liberal de 1871. Años antes, el gobierno intentó capturar a García Granados que era miembro de la Asamblea Legislativa, pero huyó a Estados Unidos, en donde logró conseguir armas más modernas, pertrechos de la Guerra de Secesión de aquel país. Así también el gobierno de Benito Juárez, en México apoyó a García Granados y Barrios en una campaña que empezó a ganar territorio.
Cerna asumió personalmente el mando del ejército, fiel a la tradición militar que había marcado toda su vida. Sin embargo, fue derrotado definitivamente el 29 de junio de 1871 en la batalla San Lucas Sacatepéquez. Al día siguiente, las tropas liberales ingresaron triunfantes a la Ciudad de Guatemala, poniendo fin a casi tres décadas de gobiernos conservadores.
No quiso prolongar la guerra
Existe un episodio que suele pasar desapercibido. Durante su retirada, Cerna recibió ofertas para reorganizar la resistencia tanto en Jalapa como en Chiquimula, donde conservaba numerosos seguidores. Rechazó ambas propuestas porque no deseaba prolongar una guerra civil que significaría más muertes entre guatemaltecos.
Incluso cuando un funcionario le ofreció dinero de las arcas públicas para financiar su exilio, respondió que aquellos recursos pertenecían a la nación y no podían utilizarse para beneficio personal.
Vicente Cerna salió al exilio y posteriormente regresó a Guatemala, donde murió el 28 de junio de 1885. Su gobierno tuvo limitaciones evidentes. Defendió un sistema político que ya mostraba señales de agotamiento, enfrentó una creciente oposición y no logró realizar las reformas estructurales que el país necesitaba. Pero reducir su figura únicamente al último presidente conservador sería ignorar una parte importante de su trayectoria.













