Recoger basura fue el primer trabajo que obtuvo en Marvin Otzoy en Nevada. Economista graduado de la Usac operó montacargas para vivir. Hoy dirige negocios en el área de seguros, impuestos y servicios financieros, además de ser líder migrante en Nevada. Y esta es su historia
Marvin Otzoy conoce a fondo los anhelos y las penas del migrante, los grandes sueños que comienzan desde cero. Y no solo porque sea economista, sino porque es un guatemalteco originario de Chimaltenango, creció en el campo y sabe lo que es trabajar duro.
Y justo fue un duro despertar un día en un barrio silencioso. Recordó que estaba en Reno, Nevada, a donde marchó en busca de oportunidades. El primer trabajo que encontró era recoger basura, limpiar instalaciones y operar montacargas en una imprenta industrial. Parecía un retroceso para un profesional.
Los consejos de su abuelo en de San Juan Comalapa, lo acompañaron en aquella reinvención, a miles de kilómetros de su tierra. “El migrante guatemalteco lo sacrifica todo, llora desde lejos, extraña a su gente, está lejos, se pierde fiestas y no puede ir a funerales… pero sigue adelante”, expresa en esta conversación. Y esta es su historia.
Y cuando despertó, no estaba en su país
Cuando Marvin Otzoy despertó aquella mañana en Nevada, sintió que había llegado a otro planeta. La noche anterior había caído rendido después de un largo viaje que cambió su vida para siempre. Había dejado a su familia en Guatemala. “Recuerdo que las paredes de la habitación. No había ruido. No se escuchaban camionetas, perros ni sirenas. Estaba lejos de mi país”, recuerda.
Era noviembre de 2000: “Era un mundo de sueños. Uno miraba los pinitos con nieve en las postales y cuando viene aquí y ve todas esas cosas reales”. Economista graduado, comprendió desde el primer momento que sus títulos no valían mucho en su nuevo lugar.
“Empecé en mantenimiento. El puesto jerárquico más bajo de cualquier compañía. Limpiar, recoger basura. Aprendí a usar el montacargas, a llenar enormes contenedores con desechos”.
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SIGUE LEYENDOLas enseñanzas del abuelo Samuel
Pero Marvin no sintió desencanto y la razón tenía nombre y apellido: Samuel Otzoy Salazar. Su abuelo, campesino de San Juan Comalapa, quien le enseño. “Mis raíces son cien por ciento indígenas kaqchik’el y campesinas. Así que con él aprendí a nunca huirle al trabajo”.
Durante las vacaciones escolares Marvin acompañaba a su abuelo a tapiscar maíz, recoger frijol y trabajar la tierra. “Me decía: el trabajo es digno en cualquier parte del mundo… asi que yo tomé ese primer trabajo como un hobby. Barría, limpiaba, buscaba qué hacer. Nunca me quedaba quieto”.
Pero don Samuel también le inculcó superación: “Si vas a estudiar, intentá ser el mejor en lo que hagas. Sea maestro, profesional o cualquier cosa. Trata de ser el mejor para que nunca te falte trabajo”. Décadas después, Marvin cita ese consejo como uno de los pilares de su vida.
“Era un hombre sencillo pero visionario, cuando apareció la televisión en blanco y negro, él decía que algún día las personas se iban a hablar y se iban a ver la cara estando muy lejos”. Marvin lo recuerda hoy al ver las videollamadas y las redes sociales.
En 2003, Marvin recibió la noticia de la muerte de su abuelo y no pudo regresar para despedirlo. “Son esos funerales nunca asistidos los que siempre duelen”, afirma. Al recibir la llamada telefónica lloró en silencio en una iglesia cercana.
Aprender inglés mientras el mundo dormía
Durante el día Marvin trabajaba. Por las noches estudiaba. No podía darse el lujo de detenerse. Terminada la jornada laboral se dirigía a clases nocturnas para aprender inglés, pese al cansancio.
“A veces estábamos bostezando en clase porque al otro día había que volver a trabajar”. Las jornadas eran interminables. “Entrar a las nueve o diez de la noche y salir a las siete u ocho de la mañana. Fue una etapa difícil”. Pero nunca consideró rendirse. “Jamás me quebré. Jamás me doblé. Jamás me arrepentí”.
El economista detrás del uniforme
Mientras recogía basura y limpiaba instalaciones, Marvin visualizaba futuro. “Siempre estaba viendo qué podía hacer. Si había que limpiar algo, lo hacía. Si había que ayudar, ayudaba”. Uno de sus compañeros incluso le preguntó de qué parte de México era. Cuando descubrieron que era guatemalteco y observaron su disciplina comenzaron a verlo de otra manera. “Decían: esta es una persona amable y colaboradora”.
Su actitud tenía una explicación sencilla. “Los consejos de mi abuelo estaban ahí. Nunca me gustó que me vieran sin hacer nada”. Mientras otros cumplían únicamente con lo indispensable, Marvin buscaba tareas extra, aprendía procesos nuevos y demostraba iniciativa.
La oportunidad que cambió su destino
Apenas cuatro meses después de haber llegado, Marvion vio en televisión a un asesor financiero hispano ofreciendo recomendaciones sobre inversiones. Antes de que el experto hablara, Marvin ya sabía exactamente qué iba a decir. “Le decía a mi esposa: ahorita va a hablar de acciones, ahorita va a hablar de riesgos, ahorita va a hablar de inversiones”.
Así empezó a tocar puertas en el sector financiero. Pero con un muro: “No tenía historial. Mi hoja de vida en Estados Unidos estaba en blanco”. Poco a poco descubrió el sector de seguros. Mientras estudiaba cómo obtener licencias profesionales, la empresa donde trabajaba le ofreció una oportunidad en oficinas.
Marvin pasó de recoger basura a convertirse en encargado de pagos y contabilidad interna. “De un día para otro cambié los guantes, el casco y el uniforme por un puesto de oficina”. Sus antiguos compañeros no podían creerlo.
A los dieciocho meses de haber llegado a Estados Unidos, Marvin Otzoy tomó una decisión que muchos consideraron arriesgada: renunciar a un empleo estable. Se presentó ante su gerente con una carta de renuncia y un folder. Dentro estaban las licencias profesionales que había obtenido mientras trabajaba. “Quiero dedicarme a los seguros y servicios financieros”, le dije
Su jefe se sorprendió. Le confesó que él mismo había intentado seguir ese camino sin éxito. Le aceptó la renuncia y le dijo algo: “Vete. Estoy seguro de que vas a tener más éxito allá que aquí”. Aquellas palabras terminaron siendo proféticas.
Construir una empresa desde cero
Martin Otzoy comenzó una empresa de seguros junto a una socia. No tenía clientes, ni oficina propia y ni contactos. Trabajaba encubículos prestados mientras desarrollaba su cartera. Sus primeros clientes en una firma de seguros fueron estadounidenses. “La socia me contratóporque hablaba español, pero los primeros clientes que llevé fueron americanos”.
En apenas dos meses recibió autorización para abrir su propia oficina. Luego ocurrió algo inesperado. Su socia abandonó el proyecto y Marvin quedó solo al frente del negocio. “A partir de entonces amplié mis servicios hacia seguros, planificación financiera, remesas, asesoría tributaria y otros campos relacionados con las finanzas personales y empresariales”.
Un liderazgo al servicio de los migrantes
En 2003 acudió a un consulado móvil guatemalteco para tramitar documentos. Aquella experiencia le abrió los ojos. Descubrió una comunidad migrante numerosa, necesitada de organización y representación. “Vi a muchos connacionales que no recibían apoyo ni soluciones y pensé que debíamos unirnos”.
Así nació la Fraternidad Guatemalteca del Norte de Nevada, a través de la cual ha combinado su actividad empresarial con el trabajo cívico y comunitario, impulsando iniciativas de participación ciudadana, organización comunitaria y defensa de los intereses de los migrantes. Fue aspirante a dirigir el Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala en 2018, pero no fue electo.
Esto no le detuvo, al contrario sigue sumando esfuerzos y multiplicando oportunidades: de manera gratuita imparte cursos para preparar a hispanos y guatemaltecos que desean obtener la ciudadanía estadounidense. “Me interesa que la gente pueda hacer una migración regular, ordenada y segura”.
Calcula que a lo largo de los años ha ayudado a entre 700 y 800 personas a convertirse en ciudadanos estadounidenses. Y cuando habla de ese logro, su voz cambia. “Si algún día me recuerdan por algo, quisiera que dijeran: gracias a usted me hice ciudadano. Gracias a usted pude traer a mi esposa, a mis hijos. Gracias a usted pudimos reunir a nuestra familia”.













