A los 12 años llegó a Brooklyn, Nueva York junto a su mamá, proveniente de la zona de Colón, Panamá. Arturo Lindsay es un destacado artista visual migrante, cuya obra sigue regresando a sus raíces y además impulsa el arte en su propio país.
Arturo Lindsay tenía 12 años cuando abandonó Colón, Panamá, para comenzar una nueva vida en Brooklyn, Nueva York. A bordo de un carguero japonés, mientras veía desaparecer en el horizonte la ciudad donde había crecido, se hizo una promesa: algún día regresaría para contribuir a su tierra natal. Décadas después, convertido en artista visual, investigador cultural y educador, encontró la manera de cumplirla.
«¡Yo era colonense! Era un muchacho de Colón», recordó Lindsay en una entrevista publicada por La Estrella de Panamá, el 9 de octubre de 2020. La partida le produjo una sensación de pérdida que describió como una separación de su propia identidad: «Sentí como si parte de mi ser, parte de mi espíritu, parte de mi esencia, se negara a abordar el barco y permaneciera parado en el muelle de Colón».

Una promesa hecha al dejar Panamá
La migración significó alejarse de sus amigos, compañeros de escuela y familiares. Para afrontar aquella ruptura, Lindsay se propuso estudiar y construir una carrera profesional. Inicialmente pensaba convertirse en arquitecto, como su tío Adolfo, pero el arte terminó por convertirse en su vocación y en una herramienta para explorar la memoria, la identidad y las raíces culturales.
En aquella despedida también nació el compromiso de regresar. «Parado en la popa de ese barco, viendo a mi Colón desaparecer en el horizonte, tratando de contener mis lágrimas, repetía: “volveré, volveré, volveré, volveré…”», relató a La Estrella de Panamá.
Su formación académica comenzó en Central Connecticut State College, donde obtuvo una licenciatura en español y teatro en 1970. Después cursó una maestría en pintura en la Universidad de Massachusetts, Amherst, en 1975, y un doctorado en artes en New York University en 1990.
Con el tiempo desarrolló una carrera que combinó la creación artística, la investigación y la docencia. Fue profesor y presidente del Departamento de Arte e Historia del Arte de Spelman College, en Atlanta, donde trabajó durante 25 años y contribuyó a formar nuevas generaciones de artistas.



La invasión de Panamá y el reencuentro con sus raíces
La invasión estadounidense de Panamá, en diciembre de 1989, profundizó su relación con el país de origen. Lindsay se encontraba en Pensilvania y durante varios días no pudo comunicarse con su familia debido a las interrupciones telefónicas. Cuando finalmente logró hablar con una prima, recibió una frase que lo hizo reflexionar sobre cuánto había cambiado el país que recordaba de su infancia.
«Arturo, el Panamá que conoces ya no existe», le dijo su prima, según recordó en una entrevista publicada en inglés en 2025. Aquel intercambio lo llevó a profundizar en la historia y las tradiciones afrodescendientes de la costa caribeña panameña.
Aunque había nacido y crecido en Colón, comprendió que todavía tenía mucho por aprender sobre la herencia cultural congo de su tierra. Regresar se convirtió, entonces, no solo en una manera de cumplir una promesa personal, sino también en una oportunidad para investigar y contribuir a preservar esa memoria colectiva.
Taller Portobelo, arte y comunidad
En la década de 1990, Lindsay regresó a Panamá y, junto con la fotógrafa Sandra Eleta y el referente cultural Virgilio «Yaneca» Esquina, cofundó el Taller Portobelo. La iniciativa buscaba impulsar las artes visuales vinculadas con la cultura congo, preservar sus tradiciones y abrir oportunidades para los artistas de la comunidad.
El proyecto también favoreció el intercambio entre creadores y estudiantes de Panamá y Estados Unidos. Así, la experiencia y los conocimientos que Lindsay adquirió durante su trayectoria profesional en el extranjero contribuyeron a fortalecer un movimiento artístico en su país natal.
Su trabajo explora las conexiones entre la diáspora africana, la espiritualidad, la identidad y las expresiones culturales de América. A través de la pintura, la fotografía, las instalaciones y otros lenguajes artísticos, ha buscado documentar una herencia que considera fundamental para comprender la historia de Panamá y del continente.
Una carrera internacional al servicio de la cultura
La trayectoria de Lindsay también incluye la investigación académica y la publicación de obras especializadas. Fue editor del libro Santería Aesthetics in Contemporary Latin American Art, publicado por Smithsonian Institution Press. En 1999 recibió una beca Fulbright para investigar representaciones de Cristo negro y colaborar con artistas autodidactas de Portobelo. En 2012 participó en smARTpower, una iniciativa del Departamento de Estado de Estados Unidos que promovía el intercambio cultural a través del arte.
En 2023 estrenó el documental Arte Congo… Artists’ Journey on the Congo Coast of Panama, dedicado a los artistas congos, sus expresiones culturales y la memoria de la diáspora africana. La película también contribuye a dar visibilidad internacional a una tradición artística estrechamente ligada a las comunidades de la costa caribeña panameña.

Regresar para cumplir la promesa
Al recordar el sentido de su regreso a Panamá, Lindsay explicó a La Estrella de Panamá que su contribución no se concretó como arquitecto, la profesión que había imaginado durante su infancia, sino como artista, educador e investigador cultural.
«Años después volví para cumplir mi promesa de hacer una contribución a mi Panamá, pero no como arquitecto sino como artista, educador e investigador cultural interesado en documentar la cultura congo», expresó. Y resumió el propósito de su trayectoria con una frase: «Esto es mi contribución».
La historia de Arturo Lindsay demuestra que la migración no necesariamente debilita los vínculos con el país de origen. En su caso, la educación y la experiencia profesional adquiridas en Estados Unidos le permitieron regresar con nuevas herramientas, profundizar en una herencia cultural que deseaba comprender mejor y contribuir a que otros artistas pudieran preservarla y compartirla con el mundo.


















