La remesas enviadas por migrantes guatemaltecos, sobre todo desde Estados Unidos son un pilar económico de Guatemala pero hay varios factores que las hacen insostenibles a largo plazo, señala análisis de Fundación Naumann.
Las remesas que los guatemaltecos envían desde Estados Unidos sostienen el consumo de miles de hogares y representan una parte importante de la economía nacional. Sin embargo, su crecimiento no está garantizado de manera indefinida. El envejecimiento de la población migrante, el tiempo que lleva viviendo fuera de Guatemala y las restricciones para ingresar al mercado laboral estadounidense podrían modificar el flujo de dinero hacia el país.
El tiempo de estadía y crecimiento en edad de los guatemaltecos en Estados Unidos, junto con las restricciones migratorias y los cambios en las prioridades familiares podrían debilitar los envíos en los próximos años, según el estudio Migración de Centroamérica hacia Estados Unidos: causas, políticas y perspectivas liberales, elaborado por Hugo Maul R. y Javier Calderón A. y publicado en diciembre de 2025 por la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad.
En el apartado dedicado al futuro de las remesas, los autores cuestionan dos simplificaciones frecuentes en el debate público: “¿Seguirán creciendo -las remesas enviadas a Guatemala- porque la gente siempre manda?” o “¿Caerán conforme aumenten las deportaciones?”. Su respuesta es que la evolución de estos ingresos depende de varios factores, entre ellos la llegada de nuevos migrantes, la permanencia de quienes ya residen en Estados Unidos y sus condiciones de vida y trabajo.
El documento propone cambiar la forma de entender las remesas. “En términos analíticos, las remesas no son un stock garantizado e ilimitado, sino un flujo condicionado por la evolución de la cantidad de migrantes y por la etapa del ciclo de vida de quienes emigraron”, escriben Maul y Calderón.

El edad de la población migrante y el tiempo de estadía en USA
Una de las principales conclusiones del estudio es que la disposición a enviar dinero cambia con el tiempo. Los migrantes que llevan menos años en Estados Unidos suelen destinar una mayor proporción de sus ingresos a sus familias en el país de origen. Conforme se establecen en el destino, sus compromisos económicos también cambian.
Los autores resumen el hallazgo de esta manera: “La evidencia del ciclo de la vida sugiere que, a igualdad de condiciones, un ‘stock’ más antiguo tiende a enviar remesas por una fracción menor de sus ingresos”.
El documento explica que, durante las primeras etapas de la migración, suelen pesar las obligaciones familiares inmediatas, las deudas contraídas para financiar el viaje y el sostenimiento de padres y hermanos. Con los años, aparecen otros gastos y responsabilidades.
“Con el paso del tiempo, sin embargo, se acumulan fuerzas en sentido contrario: la integración económica y social en el país receptor, el surgimiento o consolidación de un hogar en el país de destino, el costo de la vivienda, la crianza y educación de hijos en los Estados Unidos y, eventualmente, el ahorro previsional para la vejez”, señalan.
Como consecuencia, “el migrante enfrenta una reasignación gradual de prioridades”. Los autores advierten que, aunque el monto nominal enviado cada mes no desaparezca de inmediato, “su peso relativo en el ingreso puede caer de forma sistemática”.
Esto no significa que todos los migrantes reduzcan sus envíos al mismo ritmo ni que las remesas vayan a caer automáticamente. El argumento es que, si la población migrante envejece y no llegan suficientes nuevos trabajadores, puede disminuir la proporción de ingresos que se envía a Guatemala.
Remesas en cada mes de SEPTIEMBRE de 2017 a 2026
Menos nuevos migrantes, menor reposición de quienes envían dinero
La renovación de la población migrante es uno de los puntos centrales de la proyección. Maul y Calderón escriben que “la sostenibilidad de las remesas depende de la renovación del ‘stock’ migrante”.
El documento desarrolla la relación entre las restricciones migratorias y el comportamiento de los envíos: “si los flujos de nuevos migrantes se restringen por largo tiempo, el ‘stock’ promedio envejece y la propensión agregada a enviar remesas puede disminuir”.
El efecto, sin embargo, no sería necesariamente inmediato. Los autores indican que “los cambios regulatorios hoy pueden afectar las remesas más adelante, cuando la composición etaria y de años en el exterior se desplace”.
Por esa razón, el estudio considera importante observar el período 2025-2030 y no limitar el análisis a los montos que Guatemala recibe en la actualidad. Las decisiones migratorias y laborales de Estados Unidos podrían repercutir posteriormente en la cantidad de personas que envían dinero y en la proporción de sus ingresos que destinan a sus familias.
Las restricciones migratorias y el riesgo para las familias
El documento dedica atención a las políticas migratorias estadounidenses y a la posibilidad de restringir los cruces irregulares sin ampliar las vías legales de movilidad laboral.
En ese escenario, los autores advierten que el efecto podría ser “un doble estrechamiento: menos nuevos migrantes y mayor precariedad del ‘stock’ existente, por miedo, informalidad laboral o riesgo de deportación”.
El estudio también plantea que las políticas de control fronterizo tienen consecuencias que trascienden el ingreso de personas a Estados Unidos. Si las restricciones dificultan la llegada de nuevos trabajadores y, al mismo tiempo, empeoran las condiciones laborales de quienes ya están allí, las familias en los países de origen podrían enfrentar una mayor incertidumbre sobre los recursos que reciben.
Maul y Calderón explican que, desde su perspectiva liberal, el debate no consiste en negar la legitimidad del control fronterizo, sino en examinar sus efectos. El documento advierte que “cerrar puertas sin abrir vías legales tiende a fortalecer los mercados ilícitos, como el de los coyotes, y a degradar el bienestar tanto del migrante como de su familia en los países de origen”.
Como alternativa, los autores mencionan mecanismos ordenados de movilidad laboral, incluidas las visas temporales. Según el estudio, estas vías podrían “sostener flujos más seguros, reducir rentas criminales y estabilizar el flujo de remesas sin generar incentivos para la ilegalidad”.
Guatemala depende de ingresos generados fuera del país
El riesgo resulta especialmente relevante para Guatemala por el peso de las remesas en su economía. Según las cifras citadas en el estudio, en 2024 estos ingresos representaron cerca del 20 % del producto interno bruto (PIB) guatemalteco. En el mismo período, equivalieron aproximadamente al 23.5 % del PIB de El Salvador, al 25 % del de Honduras y al 27 % del de Nicaragua.
Los autores interpretan estas proporciones como una señal de la insuficiencia de las economías locales para generar ingresos y oportunidades productivas. En el caso del Triángulo Norte, afirman que “la fuerte dependencia en remesas refleja la carencia de oportunidades económicas locales”.
El documento también vincula esta dependencia con el crecimiento de la población y la incapacidad de las economías de generar suficientes empleos. Para Guatemala, señala que la tasa de crecimiento poblacional supera el 1.5 % anual y que, en ausencia de inversiones productivas, el bono demográfico se convierte en presión migratoria.
En este contexto, los autores advierten que las remesas no deben confundirse con una solución estructural. Aunque sostienen el consumo y contribuyen a la estabilidad económica, su origen externo deja a los hogares expuestos a condiciones que no controlan directamente.
Las remesas también sostienen a padres y otros familiares
El estudio señala que los envíos no son uniformes y que sus destinatarios cambian según la etapa de vida del migrante. Con base en la evidencia de René Maldonado y Jeremy Harris, publicada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 2024, los autores describen las remesas como “un mecanismo de cuidado intergeneracional (sostén de padres) y como un instrumento de solidaridad intrafamiliar que se reconfigura conforme cambia el ciclo vital del migrante”.
Esta dimensión implica que una modificación en los envíos no afectaría solamente las cifras macroeconómicas. También podría comprometer el financiamiento de necesidades básicas de familiares que dependen de esos recursos, incluidos adultos mayores.
Los autores plantean que, si las remesas constituyen una transferencia para sostener a personas mayores en el país de origen, un cambio en los flujos puede “reordenar la economía del cuidado en los hogares receptores”. Sin embargo, conforme transcurra el tiempo y los padres ya no estén, este envío podría continuar a otros familiares o detenerse.
Impulsar el desarrollo antes de que las remesas decaigan
La advertencia más amplia del estudio se refiere a la dependencia que las remesas pueden generar cuando sustituyen, en la práctica, ingresos y apoyos que no existen dentro del país.
Maul y Calderón escriben que “el análisis liberal, el cual enfatiza la responsabilidad institucional, no debe romantizar la remesa como sustituto permanente del Estado”. La razón, añaden, es directa: “cuando el flujo se desacelera, la vulnerabilidad reaparece”.
Los autores resumen esta tensión con otra frase: “la remesa estabiliza, pero también puede encubrir fragilidades institucionales y postergar reformas domésticas”.
En sus recomendaciones, plantean que los países de origen deben anticiparse a una eventual desaceleración. Entre las medidas que mencionan están los “mercados laborales formales que absorban retornados”, los “climas de inversión que generen empleo local”, las reglas de seguridad y justicia que reduzcan la migración forzada y los mecanismos financieros que permitan canalizar las remesas hacia el ahorro y la inversión voluntaria.
La conclusión no es que Guatemala deba restar importancia al dinero enviado por sus migrantes, sino que no puede dar por garantizado su crecimiento. Como advierte el estudio, las remesas han funcionado como “mecanismo privado de aseguramiento y bienestar, pero su trayectoria no está garantizada”.
Para Guatemala, el desafío consiste en aprovechar ese aporte sin depender indefinidamente de él. La evolución demográfica de la población migrante, las políticas de Estados Unidos y los cambios en las obligaciones familiares pueden modificar los envíos en los próximos años. Mientras tanto, la capacidad del país para generar empleo productivo, inversión y protección social determinará en qué medida los hogares podrán afrontar un escenario de menor crecimiento de las remesas.
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