Un 85% de migrantes señala búsqueda de mejora económica como la motivación de su traslado y un 69% dijo que contaba con un empleo o negocio en Guatemala, pero el ingreso no alcanzaba para cubrir sus necesidades.
A menudo se menciona el desempleo como una causal de la migración guatemalteca hacia Estados Unidos, pero no es la única motivación, pues según un estudio de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, en 2025, el 84 % de los migrantes guatemaltecos entrevistados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) señaló razones económicas como motivo para migrar, pero un 69 % de los guatemaltecos entrevistados, es decir, 7 de cada 10, tenían empleo o un negocio propio.
El contraste forma parte del análisis de Hugo Maul R. y Javier Calderón A. en el estudio Migración de Centroamérica hacia Estados Unidos: causas, políticas y perspectivas liberales, publicado por la Fundación Friedrich Naumann. Para los autores, estos datos apuntan a un problema más amplio: “La migración no es necesariamente una respuesta solo a la falta de empleo, sino a la falta de oportunidades económicas suficientes.”
El documento advierte expresamente que los datos de la OIM no permiten establecer una relación causal entre edad, nivel educativo y calidad del empleo. Sin embargo, considera que sí apuntan hacia una conclusión: la migración masiva está relacionada con la ausencia o dificultad de contar oportunidades económicas suficientes, remuneración limitada e incluso un bajo nivel de capital humano.

El problema no es solamente el desempleo
El 69 % de los guatemaltecos entrevistados que tenía empleo o negocio propio muestra que una parte importante de quienes migran no necesariamente lo hace después de quedar fuera del mercado laboral.
Para Maul y Calderón, el problema se encuentra en una estructura económica que no genera oportunidades al ritmo que aumenta la población. Guatemala registra, según el estudio, un crecimiento poblacional superior al 1.5 % anual y la economía del país ha crecido a niveles entre el 3 y 4% en los últimos años. Ese crecimiento puede convertirse en una ventaja mediante el llamado bono demográfico, pero, debido a la ausencia de inversiones productivas, termina convertido en presión migratoria.
El estudio describe a Centroamérica como una región marcada por décadas de bajo crecimiento económico, desigualdad persistente y limitada capacidad estatal para proveer servicios básicos y oportunidades. En las zonas rurales, señala, amplios sectores dependen todavía de la agricultura de subsistencia.
El 84 % bajo el peso de las razones económicas
Los datos de la OIM utilizados por los autores muestran que las razones económicas son el principal motivo declarado para migrar hacia el norte en los cuatro países centroamericanos analizados: 84 % en Guatemala, 74 % en Honduras, 72 % en El Salvador y 72 % en Nicaragua.
En Guatemala, la reunificación familiar aparece como segunda causa de migración con 11 %. El estudio señala que esta razón también tiene un peso importante en la migración regional, pero diferencia entre los factores económicos que empujan la salida y las redes familiares que posteriormente facilitan nuevos desplazamientos.
La conclusión de los autores es que la migración centroamericana debe entenderse como un fenómeno de múltiples causas, pero con una raíz económica particularmente fuerte. La pobreza, la desigualdad, los mercados laborales disfuncionales y la falta de oportunidades forman parte de un entorno que incentiva la salida.
Una población joven en busca de oportunidades
El perfil de los entrevistados también resulta significativo para el análisis. En 2025, el 88 % de los guatemaltecos entrevistados tenía entre 18 y 59 años, de acuerdo con los datos de la OIM citados en el estudio. Es decir, se trata principalmente de personas en edad laboral.
El dato se relaciona con otro de los argumentos centrales del documento: las economías centroamericanas no están generando suficientes oportunidades productivas para absorber a una población joven que continúa creciendo.
En el caso guatemalteco, los autores relacionan esta presión demográfica con la ausencia de inversiones productivas. El resultado puede ser una fuerza laboral que busca oportunidades fuera del país incluso cuando una parte de sus integrantes ya trabaja o desarrolla alguna actividad económica.
Las remesas muestran el otro lado del fenómeno
El estudio vincula esta falta de oportunidades con la creciente importancia de las remesas. En 2024, señala, las remesas representaron cerca del 20 % del producto interno bruto de Guatemala, frente a 23.5 % en El Salvador, 25 % en Honduras y 27 % en Nicaragua. Hasta septiembre 2026, las remesas migrantes siguen marcando récord en Guatemala.
Para los autores, esta dependencia constituye una señal de la falta de motores internos de crecimiento económico. Las remesas sostienen a millones de hogares e incluso empujan el crecimiento del Producto Interno, a través del consumo y el comercio, pero son recursos exteriores provenientes de los migrantes.
El documento plantea incluso que las remesas funcionan como una especie de mecanismo familiar de protección frente a ingresos locales insuficientes, informalidad laboral y ausencia de protección social. Una familia puede enviar a uno de sus integrantes al extranjero y recibir posteriormente ingresos que ayudan a financiar el consumo, la educación, el cuidado de adultos mayores.
Pero esa solución privada también puede ocultar debilidades estructurales. El estudio advierte que “las remesas no deben romantizarse ni considerarse un sustituto permanente de las instituciones y de una economía capaz de generar oportunidades por sí misma”.
Más empleo no necesariamente significa menos migración inmediata
El análisis de Maul y Calderón plantea otro elemento relevante: aun si mejoraran marginalmente el empleo o las condiciones de seguridad, los flujos migratorios podrían no disminuir de inmediato. La razón está, según el estudio, en que las redes migratorias ya existentes reducen los costos y las dificultades de migrar. Familiares y conocidos en Estados Unidos proporcionan información, contactos, alojamiento y apoyo para quienes deciden seguir el mismo camino, incluso a pesar del panorama adverso en aquel país.
De esta manera, la migración puede adquirir una dinámica propia. Las aspiraciones económicas dejan de estar limitadas al mercado laboral local y se construye un horizonte transnacional en el que trabajar en Estados Unidos aparece como una alternativa conocida y accesible dentro de las redes familiares y comunitarias.
Por ello, el estudio sostiene que reducir de manera sostenida la migración irregular requiere algo más que mejoras coyunturales. Se necesita un cambio persistente en la estructura de oportunidades económicas y en la credibilidad de las instituciones de los países de origen.




















