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Álvaro Cervantes dibujó para Disney y hoy le canta con alegrÍA a Guatemala desde Canadá

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Álvaro Cervantes salió de Guatemala a los 8 años y nunca ha regresado, pero la lleva en el alma. Diseñador gráfico, trabajó para Disney y también diseña canciones desde Ontario, Canadá.

Aquel niño que creció en una humilde casa de la zona 3 capitalina, sin agua potable ni electricidad, llegó a Canadá a los ocho años y convirtió su talento para dibujar en una carrera que lo llevó hasta Disney. Hoy, a los 60 años, Álvaro Cervantes sigue creando arte visual, pero también compone canciones con inteligencia artificial, que lanza a través de su canal SoloyoRecords. Se inspira en los recuerdos de su infancia y en el amor por una Guatemala a la que nunca ha regresado, pero que lleva en el alma.

Desde Ontario, Canadá, difunde sus creaciones por Youtube y otras plataformas: un emprendimiento musical que le ha permitido redescubrir sus raíces. “Empecé a pensar que hay una persona dentro de mí que no ha salido, porque es guatemalteca”, cuenta. Y así, entre memorias de su abuelita que preparaba tamales, de su abuelo que practicaba la lucha libre, cohetes navideños y partidos de fútbol en la calle, comenzó a transformar en canciones la nostalgIA de una patria que dejó hace más de medio siglo.

Álvaro Cervantes es un diseñador gráfico y ahora también un diseñador de canciones, inspiradas en Guatemala y generadas con inteligencia artificial conjugada con sentimientos, memorias y el anhelo de un día volver al país de donde salió en 1973, al cual no ha regresado pero que lleva en el corazón.
Álvaro Cervantes es un diseñador gráfico y ahora también un diseñador de canciones, inspiradas en Guatemala y generadas con inteligencia artificial conjugada con sentimientos, memorias y el anhelo de un día volver al país de donde salió en 1973, al cual no ha regresado pero que lleva en el corazón.

Sentimiento e inspiración sonando

Álvaro Cervantes ha sido artista toda su vida. Durante décadas trabajó en diseño gráfico, ilustración y dirección de Arte. Sin embargo, hace aproximadamente tres años, la empresa donde había trabajado durante 22 años cerró sus puertas. “Dije: ¿qué voy a hacer ahora? Yo no sé qué voy a hacer’. Entonces me tomé como un año para reflexionar”.

“Me di cuenta de que muchas cosas habían cambiado, especialmente con la inteligencia artificial. Yo había elaborado durante años logotipos  y de pronto, ya casi casi no los querían porque la gente los estaba haciendo con la computadora”. Pero en lugar de resistirse a la nueva tecnología, decidió explorar sus posibilidades. Descubrió programas que permiten generar música y quiso experimentar.

“Le hice una canción a mi esposa: una bachata, y me salió súper buena. Le encantó a ella y dije: ‘Tal vez hay algo aquí’. Pero depende del esfuerzo que uno le pone y de la creatividad también”.

Su entusiasmo lo llevó a dedicar muchas horas al aprendizaje. No se trataba simplemente de pedirle a una computadora que hiciera canciones, sino de desarrollar ideas, escribir instrucciones específicas, perfeccionar los resultados.

Fue un proceso de experimentación constante. Diseñar canciones.   “Empecé con prueba y error, hasta que ya sabía más o menos cómo hablar el lenguaje del prompt digital. El primer año hice como 300 canciones solo para prueba y error. Traté de hacer bachatas, reguetón, rock, lo que fuera”.

Así comenzó a tomar forma Soloyo Records, su sello de creación musical. Muchas composiciones están dedicadas a Guatemala, a su multiculturalidad y también a la alegría de vivir.  

“Hay una persona dentro de mí que no ha salido, porque es guatemalteca”

La esposa de Álvaro le hizo una sugerencia:  “‘¿Por qué no hacés algo sobre Guatemala?, siempre estás hablando de su belleza, de tus recuerdos’. Y dije: ‘¡Wow!. Sabés qué, tenés razón”. (Sí, a pesar de los años, Álvaro habla de “vos”, puro chapín) Aquella búsqueda abrió una puerta hacia sentimientos que habían permanecido guardados durante más de cinco décadas.

“La verdad, te voy a decir que yo tengo tanto tiempo de estar aquí que nunca, ni una vez, he regresado a Guatemala. Y tengo vergüenza de eso, pero lo voy a hacer, lo voy a hacer. Pero ya empecé a volver con música”.

Álvaro comenzó entonces a buscar dentro de sí mismo los recuerdos de aquel niño que había dejado Guatemala en 1973.

“Empecé a pensar que hay una persona dentro de mí que no ha salido, porque es guatemalteca. Y empecé a buscarla dentro de mi cabeza, dentro de las canciones. Busqué, busqué. Y empecé a recordar mi infancia cuando tenía cuatro, cinco, seis, siete años”.

Las imágenes aparecieron una tras otra. “Me recuerdo de mis tíos con los cohetes en Navidad, me recuerdo de las calles de tierra, me recuerdo de jugar fútbol  en la calle, me recuerdo de mi abuela que hacía tamales. Un montón de cosas se empezaron a revivir dentro de mí”.

También recordó las visitas al cine con su abuelo para ver las películas de luchadores mexicanos. “Mi abuelito nos llevaba al teatro para ver El Santo contra las momias. Empecé a escribir y poner juntas esas historias para hacer canciones que fueran alegres para mi Guatemala”.

Álvaro Cervantes dibujó desde niño y aquel talento lo llevó a trabajar con Disney en el diseño de productos de mercadeo basados en películas, entre 1990 y 2000.
Álvaro Cervantes dibujó desde niño y aquel talento lo llevó a trabajar con Disney en el diseño de productos de mercadeo basados en películas, entre 1990 y 2000.

Una infancia humilde y una abuela inolvidable

Álvaro Cervantes nació en 1965 en la ciudad de Guatemala. Sus recuerdos más antiguos lo sitúan en un sector de la zona 3, cerca del Cementerio General. “Nosotros no teníamos electricidad, no teníamos agua. Venía de una casa muy humilde”. Recuerda que debían caminar hasta un chorro público para agarrar agua y acarrearla a casa.

Su padre, Miguel Ángel Cervantes, emigró primero a Estados Unidos. Tiempo después, su madre viajó para reunirse con él y ambos terminaron estableciéndose en Canadá. Álvaro y sus hermanos quedaron al cuidado de su abuela, a quien llamaban cariñosamente Mama Chus.

“Mi papá se fue a Estados Unidos primero. Después mi mamá se le unió allá y de ahí los dos se fueron a Canadá. Mis hermanos y yo, estuvimos con mi abuelita Mama Chus unos tres años”. Cuando finalmente llegó el momento de reunirse con sus padres, Álvaro tenía ocho años. (Aquellos fueron de los días más felices de su vida)

“Llegamos a  Toronto. Un lugar bien extraño para nosotros”. El giro fue total: De las calles de la zona 3 pasó a una ciudad de primer mundo. Entró a la escuela, aprender inglés, conocer otra cultura. 

“Mama Chus vino una vez a visitarnos cuando yo tenía 13 años. Nunca olvidaré sus regaños y aquel carácter firme pero amoroso con que nos cuidó de niños. Por eso también le hice una canción que a la vez va dedicada a todas las abuelas”. 

De dibujar junto a su padre a Walt Disney

El talento artístico de Álvaro comenzó cuando era muy pequeño. Su primera inspiración fue su padre. “Desde los cinco años ya estaba dibujando. Mi papá, Miguel Ángel Cervantes, era un buen artista de todo. Yo solo lo veía y empecé a copiarlo. De los cuatro hermanos, yo fui el que siguió y salí adelante con las artes”.

Durante la secundaria tomó cursos de arte. Posteriormente estudió diseño durante dos años en el Ontario College of Art y allí le llegó una oportunidad trabajar para Walt Disney. “Con la gracia de Dios, él me dio la oportunidad de trabajar para Walt Disney, la Walt Disney Company. Trabajé para ellos por diez años”.

Durante la década de 1990, Álvaro desarrolló su carrera en Walt Disney Consumer Products, en Canadá, en el área de diseño y desarrollo artístico de productos comerciales inspirados en los personajes de la compañía. Su trabajo abarcó ilustraciones y propuestas creativas para artículos como ropa, juguetes y materiales promocionales. “Empecé dibujando todos los muñecos, Mickey Mouse y todo eso. Sí, yo soy un artista de Walt Disney”.

Su desempeño lo llevó a asumir mayores responsabilidades hasta alcanzar la dirección de Arte. También tuvo oportunidades de viajar a otros países para estudiar los diseños de personajes y adaptarlos a diferentes proyectos. “Fui por todo el mundo. Fui a China, a Nueva York, California. Me mandaban a todos lados. Cuando salía una nueva película, como El rey león, yo tenía que ir a California a estudiarla, a dibujar los personajes para crear productos”.

Recuerda especialmente el trabajo relacionado con los productos de Toy Story, película estrenada en 1995. “Aquí en Canadá hicimos los primeros juguetes que salieron de los prototipos de Toy Story. Yo trabajé en eso”.

Su labor estaba relacionada con el desarrollo artístico de productos derivados de las películas, no con la animación cinematográfica propiamente dicha. “Estuve ahí como diez años. Llegué a ser director de Arte”.

El guatemalteco Álvaro Cervantes posa junto a la escultura del árbol del personaje Winnie the Poo, que él creó para un parque de Ontario, Canadá, que aún se encuentra en ese lugar.
El guatemalteco Álvaro Cervantes posa junto a la escultura del árbol del personaje Winnie the Poo, que él creó para un parque de Ontario, Canadá, que aún se encuentra en ese lugar.

Una creación suya permanece en Ontario

Entre los proyectos que Álvaro recuerda con especial satisfacción figura una obra relacionada con Winnie the Pooh, el célebre oso de los cuentos infantiles. Debía diseñar un monumento en White River, Ontario, localidad canadiense vinculada con el origen del personaje que inspiró al escritor A. A. Milne.

“Si vas a ese lugar, hay un pedazo de tronco y está un libro hecho en bronce. Y ahí tiene mi nombre: designer Álvaro Cervantes. Es una de las cosas que sigue ahí”. Después de su paso por Disney, continuó trabajando para otras compañías y desarrollando proyectos independientes.

“Empecé con compañías haciendo trabajos freelance”. Una de sus pasiones ha sido la cultura de los lowriders, automóviles personalizados que constituyen una expresión artística muy arraigada en comunidades latinoamericanas de Norteamérica. “Son esos carros clásicos que brincan, los lowriders. Yo tengo uno de esos carros”. Publicó n libro con dos décadas de ilustraciones y diseños relacionados con esa cultura.

El nieto de un luchador 

La afición de Álvaro Cervantes por la lucha libre viene desde su infancia guatemalteca. Recuerda las películas de El Santo y Blue Demon, pero también a un personaje que despertaba su admiración:  “A mí me encantaba Rayo Chapín. Creciendo en Guatemala, Rayo Chapín era nuestro héroe, aparte de Blue Demon y El Santo”. 

“Hasta mi propio abuelito era un luchador. Le gustaba ponerse la máscara y hacía físico, siempre estaba bien toro (fornido). Se llamaba Kid Buffalo”.

Álvaro ha recuperado aquella fascinación mediante sus creaciones artísticas. Inventó dos personajes: el Jaguar Chapín, un luchador enmascarado que representa su identidad guatemalteca, y Chapala Bala, la hija del personaje. Su entusiasmo ha llegado al punto de fabricar personalmente una máscara con plástico y papel. Durante la entrevista la mostró con orgullo y explicó que quisiera encontrar a un artesano capaz de convertir su diseño en una máscara profesional.

Y cuando surge la reflexión de que es un luchador de la vida y de la creatividad, Álvaro Cervantes… es decir el Jaguar Chapín, asiente.

“Estoy aprendiendo, otra vez, qué es Guatemala”

La producción musical guatemalteca de Álvaro sigue en expansión. Explora historias y lugares que conoció de niño, pero también otros que solo ve por internet.  “Empecé a ver el mapa de Guatemala, cómo puedo tocar un pueblo por aquí, un pueblo por allá, uno de Jutiapa, uno de Mixco. Empecé a buscar historias de cada lugar y a hacer canciones sobre eso también”.

Para él, la música se ha convertido en una forma de acercarse a un país que conoce a través de recuerdos, fotografías, videos e investigaciones. “Estoy aprendiendo de Guatemala, la verdad. Estoy aprendiendo qué es Guatemala”.

Su propósito no es producir canciones aisladas, sino construir un catálogo musical que pueda crecer durante muchos años.

“Yo no estoy jugando el juego de corto plazo, yo estoy jugando el juego de largo. Quiero estar aquí en diez años y que la gente diga: ‘Mirá, cuando empezó este, estaba haciendo esto; ahora ha logrado todo esto”. (Sigue luchando) Y resume así su objetivo:

“Estoy haciendo un catálogo de música inspirada en Guatemala. Porque no es exactamente música de Guatemala, pero viene del alma que nació allí”. Aunque ahora se considera semijubilado, el Jaguar Chapín continúa diseñando y dedica varias horas diarias a la música.

“Uno nunca para de aprender tampoco, porque siempre hay algo nuevo. Y salió la cosa de la música. La verdad, yo he dedicado estos tres años cien por ciento a eso. Lo hago todos los días. Trabajo como cuatro o cinco horas de música todos los días”.

Su sueño pendiente es volver a aquel país que dejó a los 8 años. Ya no es el mismo y a la vez sí. “Quiero ir al Palacio Nacional, ir a los lugares que siempre veo en fotos. Y también ir a donde nació mi mamá. Mi mamá nació en Xelajú. Quiero ir para allá, a Quetzaltenango. Quiero visitar los lugares especiales de la memoria”.

Finalmente vale decir que el Jaguar Chapín, es decir, Álvaro Cervantes, es ahora el abuelo de dos nietos varones.  Y eso también merece una canción.

Los recuerdos de la casa humilde de sus abuelos en la zona 3 siempre están en el corazón del diseñador y creador musical Alvaro Cervantes, radicado en Ontario, Canadá. PARA VER SI INSTAGRAM CLIC EN LA IMAGEN
Los recuerdos de la casa humilde de sus abuelos en la zona 3 siempre están en el corazón del diseñador y creador musical Alvaro Cervantes, radicado en Ontario, Canadá. PARA VER SI INSTAGRAM CLIC EN LA IMAGEN
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Gustavo Montenegro Director Editorial, SoyMigrante.com REVISTA
Periodista, escritor, contador de historias. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Fue docente universitario y ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y 2022. Actualmente dirige SoyMigrante.com/revista
Periodista, escritor, contador de historias. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Fue docente universitario y ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y…

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