La isla de Flores, Petén fue nombrada así en su honor años después de su trágica muerte. Cirilo Flores fue médico y gran político liberal, fue electo vicejefe de Estado en 1824 y asumió el poder en 1826 pero por poco tiempo... Conoce su historia
“Patriota distinguido por sus acreditados conocimientos en la ciencia médica, por su laboriosidad infatigable, por su carácter dulce y humano, y especialmente por su amor a la independencia y a la causa de la libertad”
Así describió el historiador liberal Alejandro Marure al doctor Cirilo Flores (1779-1826) Estrada, una de las figuras más notables de los primeros años de vida independiente de Guatemala, pero que tuvo un trágico final a causa de la intolerancia y la polarización política.
Médico de prestigio fue partidario de la Independencia, presidió la Asamblea Federal; fue electo vicejefe de Estado y asumió el gobierno del Estado de Guatemala tras la destitución de Juan Barrundia, en medio de una de las mayores crisis políticas de la naciente República Federal de Centroamérica. Su historia y súbito final refleja las dañinas divisiones ideológicas, religiosas y regionales que marcaron los primeros años de la independencia centroamericana.
Heredero de una familia ilustre
Cirilo Flores nació en Quetzaltenango en 1779. Era hijo del ilustre médico y científico guatemalteco José Felipe Flores, considerado una de las figuras más sobresalientes de la medicina en Centroamérica durante la época colonial. Cirilo tuvo una sólida formación académica que le permitió destacar tempranamente en la medicina y en los asuntos públicos.
Su nombre comenzó a figurar entre los reformistas de finales del período colonial. En 1813 participó en la Conspiración de Belén, uno de los movimientos que cuestionaron la autoridad de la corona española en Guatemala. Lamentablemente fueron descubiertos y sus integrantes fueron apresados.
Protagonista de la independencia y del liberalismo
Tras la independencia de Centroamérica en 1821, Flores se convirtió en una de las principales figuras políticas del occidente guatemalteco. En aquellos años defendió los intereses de Quetzaltenango y de la región de Los Altos, cuyos dirigentes buscaban una mayor autonomía.
Junto con Antonio Corzo encabezó los esfuerzos para que Quetzaltenango se constituyera como una provincia separada dentro de la anexión al Imperio Mexicano. La intención era adherirse al proyecto de Agustín de Iturbide para reducir la histórica dependencia política respecto de la ciudad de Guatemala.
En 1822 el doctor Cirilo Flores fue electo diputado al Congreso Imperial Mexicano junto con José Cecilio del Valle. Sin embargo, pronto se desilusionó del proyecto imperial al comprobar que la reorganización territorial impulsada por las autoridades mexicanas no favorecía las aspiraciones regionales del occidente centroamericano.
Posteriormente, después del fin de la anexión, se convirtió en diputado de la Asamblea Federal y fue presidente de la misma. Cirilo Flores destacó por su liderazgo durante la crisis provocada por el levantamiento militar encabezado por Rafael Ariza en 1823: hecho que impidió conmemorar el segundo año de la independencia. El temple de Cirilo Flores en aquellos momentos su prestigio político incluso entre algunos de sus adversarios.
Marure afirmaría más tarde que Flores gozaba de una “reputación bien merecida”, poseía “aptitudes y un carácter verdaderamente accesible y popular”, aunque también observaba que estaba “dominado por el mismo espíritu de innovaciones” y era “entusiasta y exaltado en su liberalismo”.
Vicejefe del Estado junto a Juan Barrundia
El 30 de septiembre de 1824 Cirilo Flores fue electo vicejefe del Estado de Guatemala, acompañando al jefe de Estado Juan Barrundia. Ambos compartían una visión liberal reformista que impulsaba cambios profundos en las instituciones heredadas de la época colonial.
Los sectores conservadores y eclesiásticos observaban con preocupación muchas de estas reformas, mientras que los liberales consideraban indispensable modernizar el Estado y reducir privilegios tradicionales.
La confrontación política fue escalando hasta alcanzar niveles peligrosos en toda Centroamérica. El 6 de septiembre 1826, el presidente federal Manuel José Arce, quien inicialmente había contado con respaldo liberal ordenó el arresto de Juan Barrundia, Jefe de Estado de Guatemala. El 9 de septiembre, declaró su destitución.
Ante la destitución del vicejefe de Estado, Cirilo Flores asumió la conducción del gobierno guatemalteco en circunstancias extremadamente difíciles. Era tanto el enfrentamiento con el gobierno federal de Centro América, encabezado por Arce, que la Asamblea Legislativa estatal, el Consejo de Estado y el propio Flores decidieron abandonar la capital ante las amenazas de intervención militar. Trasladaron sus sesiones al Occidente del país.
Primero se establecieron en San Martín Jilotepeque, Chimaltenango y posteriormente siguieron su camino a Quetzaltenango. Sin saberlo, Flores estaba regresando a la ciudad donde encontraría su destino final.
Rumores, polarización e intolerancia
Cuando las autoridades del Estado de Guatemala llegaron a Quetzaltenango a comienzos de octubre de 1826, la ciudad vivía una creciente tensión política, por la misma rivalidad liberales-conservadores.
Flores despertaba desconfianza entre algunos sectores religiosos por haberse pronunciado públicamente contra ciertas prácticas que consideraba perjudiciales y por promover proyectos de modernización urbana. Introdujo agua potable a la plaza pública pero para tal proyecto utilizó dinero de la Iglesia.
Marure escribió: “Los religiosos, residentes en aquella ciudad se declararon en contra y llamaron sacrílego el proyecto; esto bastaba para alarmar a la gente sencilla”.
Al mismo tiempo circulaban rumores que acusaban a los liberales de querer cerrar conventos, confiscar bienes eclesiásticos, suprimir ceremonias religiosas e incluso atentar contra sacerdotes.
El historiador liberal relató: “Se circularon pastorales subversivas y se hicieron correr rumores alarmantes, dando a entender a las gentes crédulas que los liberales eran masones; que trataban de acabar con los conventos de religiosos, de remover a éstos de sus curatos, de tomarse la plata y vasos sagrados de las iglesias y los dineros de cofradías”.
Aunque Marure responsabilizó principalmente a determinados frailes franciscanos y sectores conservadores por la propagación de estas versiones, también es importante entender que el enfrentamiento entre liberales y conservadores ya había alcanzado un nivel de radicalización considerable en toda la República Federal de Centroamérica.
Una multitud enardecida protesta
La situación se agravó cuando las autoridades organizaron reclutamientos militares y requisaron caballos para fortalecer la defensa del Estado frente a una posible intervención federal. El 13 de octubre de 1826 una multitud comenzó a congregarse frente al convento franciscano de Quetzaltenango. Al enterarse de la situación, Flores acudió personalmente para intentar calmar a los inconformes.Lejos de apaciguarse, la multitud comenzó a lanzar acusaciones y amenazas.
“¡Muera el tirano, muera el hereje, muera el ladrón”!
Al comprender el peligro que corría, el vicejefe se refugió dentro del templo. Marure relata que varias mujeres se abalanzaron sobre él y que solamente la intervención de algunos religiosos evitó que fuera agredido de inmediato. Fue conducido al púlpito de la iglesia, donde permaneció mientras las autoridades intentaban restablecer el orden.
Las últimas horas de Cirilo Flores
La situación terminó de descontrolarse cuando se produjo un enfrentamiento entre la multitud y las tropas encargadas de proteger el edificio. La población logró dispersar a los soldados y la masa irrumpió en el templo.Durante varios momentos algunos religiosos intentaron salvar la vida del gobernante. Incluso se propuso que abandonara la ciudad para evitar una tragedia.
Marure narró los acontecimientos finales de esta manera: “Entonces los frailes le hicieron descender del púlpito, atravesaron con él la iglesia y parte del claustro, y le conducían con gran fatiga a la celda del cura; pero antes de llegar, Longino López lo arrancó de los brazos de los religiosos, le dio el primer golpe con un palo, y lo entregó a la horda fanática y rabiosa”.
La multitud lo atacó repetidamente hasta causarle la muerte. El doctor Cirilo Flores tenía 47 años. Murió víctima de fanatismos exaltados. Años después su memoria fue reivindicada posteriormente por los gobiernos liberales. En 1831, la antigua ciudad de Nuestra Señora de los Remedios y San Pablo del Itzá, hoy Flores, Petén, recibió oficialmente ese nombre en homenaje al médico y fugaz gobernante quetzalteco.
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