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Madre guatemalteca abraza a sus hijos en Florida tras 7 meses detenida… pero deportación sigue

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Conmovedor reencuentro de Olga Pérez con sus cuatro hijos en Florida, tras siete meses detenida en Arizona. Una orden de deportación aún pesa sobre la migrante guatemalteca.

El emotivo abrazo con sus hijos en Florida fue el momento más esperado por la migrante guatemalteca Olga Pérez después de siete meses de detención migratoria en Arizona. 

Entre lágrimas, aplausos y muestras de cariño, la líder comunitaria guatemalteca y traductora del idioma maya mam regresó temporalmente a Lake Worth Beach, donde familiares, amigos y compañeros del Centro Guatemalteco-Maya la recibieron con una emotiva bienvenida. 

“Estoy tan feliz de verlos, pero todavía estoy en shock. Mi mente aún está procesando si esto es real o no”, expresó Pérez al reencontrarse con su familia, según reportaron medios locales.  La guatemalteca, de 47 años, permanecía detenida desde noviembre de 2025 en un centro migratorio de Eloy, Arizona. Su arresto ocurrió tras una parada de tráfico en la Interestatal 95, cerca de Lake Worth Beach, aunque ella no conducía el vehículo y no posee antecedentes penales. 

"Fue una pesadilla"

El trabajo de Olga Pérez como traductora voluntaria de idioma maya mam la convirtió en una figura respetada dentro de la comunidad. Durante la celebración por su regreso temporal, resumió el sufrimiento de los últimos meses con una frase que conmovió a los presentes: 

“La detención fue una pesadilla, pero finalmente estoy en casa, al menos por ahora”. Ahora dispone de apenas dos semanas para compartir con sus hijos antes de emprender el viaje de regreso a Guatemala.

Durante meses, su caso pasó por nueve audiencias migratorias aplazadas. Finalmente, un juez autorizó su liberación bajo palabra, una medida que le permitió salir del centro de detención sin pagar fianza mientras concluía el proceso migratorio. 

La liberación no significa que podrá permanecer en Estados Unidos. Pérez aceptó una salida voluntaria y deberá abandonar el país antes del 5 de julio. No ha estado en Guatemala por más de 30 años y sus cuatro hijos son ciudadanos estadounidenses. Este caso exhibe la separación de familias a causa de las políticas antimigrantes.

Relato del Guatemalan Maya Center, en Florida

El Guatemalan Maya Center, de Florida, publicó en sus redes sociales este relato, lleno de solidaridad de personas que, sin conocerla, apoyaron a Olga Pérez. El relato original en inglés puede leerse aquí. 

“El 2 de junio, después de siete meses en un centro de detención en Arizona, Olga perdió su caso. El juez le dijo que tenía un mes para abandonar el país, por lo que inmediatamente pagamos la fianza y comenzamos a hacer los arreglos para traerla de regreso a casa con sus hijos. 

Pero debido a que todo el sistema migratorio está sumido en el caos, un funcionario del centro de detención revocó la orden del juez y dijo que Olga sería deportada de inmediato a Guatemala. Una vez más, el corazón de sus hijos quedó destrozado.

El Centro se reorganizó de inmediato e hizo planes para llevar a los niños a Guatemala y recibir a su madre cuando descendiera del avión en la Ciudad de Guatemala. Sabíamos que no recibiríamos ninguna advertencia previa sobre la deportación de Olga, pero una de sus compañeras de celda había prometido llamar a Mari (nuestra directora de Operaciones) en el momento en que Olga fuera trasladada.

Durante dos semanas, los niños perdieron la esperanza de volver a ver a su madre en libertad. Y nosotros perdimos la esperanza de que algún día pudieran recuperarse del daño que se les ha causado. 

Este lunes, Olga llamó para decir que la estaban liberando. Una vez más, quedó en evidencia el caos del sistema migratorio actual. No recibió más información que el aviso de que sería puesta en libertad bajo palabra. 

Aunque estaba feliz de poder regresar a Lake Worth, aunque fuera solo por dos semanas, se encontraba sumida en un torbellino de temores. Todos hemos leído historias de personas detenidas que son abandonadas en estaciones de autobuses sin orientación ni recursos. Tan solo esta semana, la muerte de un migrante haitiano que fue dejado en una estación de Greyhound fue catalogada como homicidio. 

  • Le aseguramos a Olga que el Guatemala Mayan Center la acompañaría en cada paso del camino. Pero sabíamos que tendríamos que confiar en la buena voluntad y la generosidad de desconocidos para cumplir esa promesa.
  • La historia de Olga es la historia de la empleada de la estación de Greyhound que le permitió usar su teléfono para llamarnos. Y que permaneció en la línea con nosotros mientras pedía un Lyft, para asegurarse de que Olga subiera al vehículo correcto.
  • La historia de Olga es la historia del conductor cubano que no dejaba de decirle: “No llores, mami, yo me quedo contigo hasta que entres a la casa”. Que le permitió usar su teléfono para hacer todas las llamadas que necesitaba sin apresurarla. Y que mostró un evidente alivio al ver la amabilidad con la que Olga fue recibida por la anfitriona del Airbnb.
  • La historia de Olga es la historia de esa anfitriona de Airbnb, una médica mexicana que no puede ejercer su profesión en este país, pero que realizó su internado de servicio entre comunidades mayas en Chiapas. Ella se ofreció a comprar alimentos y ropa para dejar en la casa de Olga. Nos enviaba mensajes mientras hacía las compras para asegurarse de adquirir alimentos que a Olga le gustaran. Nos enviaba fotografías para confirmar que Olga se sentiría cómoda usando la ropa que había escogido. Cuando supo que Olga no tenía teléfono, llevó el suyo a la casa e instaló WhatsApp para que pudiera comunicarse con nosotros durante la noche si sus temores se volvían demasiado grandes. Le permitió quedarse todo el día sin cobrarle nada adicional. Y hoy nos agradeció por haberle dado la oportunidad de formar parte de esta obra sagrada.
  • La historia de Olga es la historia del comisionado McVoy, quien respondió de inmediato que sí cuando se le pidió viajar a Phoenix para ayudar a Olga a organizar su regreso a casa. Que condujo al amanecer hasta Miami para tomar el primer vuelo hacia Phoenix. Que, después de una jornada agotadora, dijo: “Olga necesitaba hablar y yo estaba allí para escuchar. Dios es bueno”.

Ayer por la mañana, cuando Olga pasó de los brazos de sus hijos al abrazo del padre Frank, quienes estábamos presentes unimos nuestra oración a la suya: “Señor, haz de nosotros signos fieles de tu bondad en este mundo quebrantado.”

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Somos una plataforma que busca reconocer y dignificar a los migrantes guatemaltecos en los Estados Unidos. Producimos contenidos con el fin de contribuir a su desarrollo personal, familiar y comunitario.
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