Más de 100 empresarios, periodistas, académicos, artistas y dirigentes comunitarios hondureños se reunieron del 1 al 3 de octubre de 2026 en Nueva York para participar en la primera Cumbre Hondureño-Americana, una convocatoria que busca conectar a una diáspora extendida por distintos estados de la Unión Americana.
Al frente de esta iniciativa está Jay Miranda, cofundador y presidente de la Honduran American Association (HAA), quien considera que los logros de sus compatriotas pueden tener mayor alcance cuando dejan de avanzar de manera aislada.
La cumbre, denominada Voices of Impact, busca convertir esa idea en una estructura de colaboración permanente, con redes de mentoría, intercambio de recursos y proyectos conjuntos. Miranda ha defendido la necesidad de que los hondureños-americanos construyan redes de apoyo que trasciendan la política tradicional..+

De San Pedro Sula a San Francisco
La historia personal de Miranda ayuda a entender por qué ese sentido de pertenencia ocupa un lugar central en su trabajo. James Denis Miranda Peña, conocido como Jay Miranda, nació en Honduras y llegó a Estados Unidos cuando era niño. En una entrevista con el programa Pasaporte TV relató que tenía cinco años cuando salió de la colonia Rivera Hernández, en San Pedro Sula, y cruzó la frontera de manera indocumentada. Creció en San Francisco, California, en un entorno que, según ha contado, estuvo marcado por las dificultades económicas y la necesidad de salir adelante.
La familia y, en particular, su abuela paterna fueron fundamentales en su formación. En su testimonio publicado por Georgetown University en septiembre de 2024, Miranda recordó que creció en un barrio difícil de San Francisco, criado por su abuela, y que durante la secundaria su prioridad no era pensar en una carrera universitaria, sino sobrevivir y ayudarla. La educación superior parecía entonces una posibilidad distante.
En esa entrevista, Miranda explicó que crecer como inmigrante hondureño en un barrio difícil, bajo el cuidado de una abuela que asumía sola las responsabilidades familiares, hizo que la universidad le pareciera inalcanzable.
Miranda terminó la secundaria a los 17 años. Dedicó años a trabajar con comunidades y jóvenes mediante programas de mentoría e iniciativas de prevención de pandillas dirigidas a poblaciones inmigrantes y refugiadas. También participó en programas de mentoría juvenil en Chiapas, México, y de desarrollo de habilidades para jóvenes en Dallas, Texas. Esa experiencia lo acercó a las dificultades que enfrentan las comunidades migrantes hispanas en Estados Unidos.

Una carrera construida fuera del camino tradicional
Su formación universitaria llegó después de años de trabajo y responsabilidades familiares. Miranda obtuvo su licenciatura en Administración Pública en National University después de estudiar durante años en colegios comunitarios, tomar clases nocturnas y continuar su formación en línea. Se graduó a los 32 años y que era la primera persona de su familia en llegar a la universidad.
En 2024 ingresó al programa de maestría en Migración Internacional y Refugiados de Georgetown University, una formación vinculada con los temas que había conocido de primera mano durante su trabajo comunitario. En 2026, según publicaciones relacionadas con su trayectoria académica, concluyó esa maestría y comenzó estudios doctorales en Asuntos Internacionales en Johns Hopkins University.
Su recorrido académico no es una ruptura con el trabajo comunitario, sino una extensión de él. Las preguntas sobre identidad, pertenencia, representación y migración que encontró en su experiencia personal se convirtieron también en temas de estudio. En una publicación sobre su trayectoria, Miranda destacó una idea que resume su visión: “If something does not exist, build it”. Es decir, si algo no existe, hay que construirlo.
La frase conecta su trayectoria educativa con la creación de la Honduran American Association. Fundada junto con Sindy Benavides, la organización busca articular a profesionales, empresarios, dirigentes y entidades comunitarias hondureñas que trabajan en distintas regiones de Estados Unidos. En lugar de limitarse a celebrar casos individuales de éxito, la asociación pretende que las relaciones entre sus integrantes se traduzcan en mentorías, oportunidades para las nuevas generaciones y proyectos con beneficios para ambos países.
Una comunidad más allá de las remesas
La visión de Miranda propone ampliar la manera de entender el aporte de los hondureños que viven fuera de su país. Las remesas son una parte importante de ese vínculo, pero la diáspora también acumula conocimientos profesionales, experiencia empresarial, capacidad de organización y relaciones institucionales que pueden contribuir al desarrollo comunitario de sus lugares de origen.
La primera cumbre hondureño-americana de Nueva York buscó precisamente reunir esas capacidades en un espacio común. Su agenda incluyó conversaciones sobre liderazgo y colaboración, así como el acercamiento entre personas que trabajan en educación, periodismo, entretenimiento, filantropía, empresas y servicio público. La participación de hondureños de distintas generaciones responde a la idea de que el vínculo con Honduras no desaparece al crecer en Estados Unidos: se fortalece.
La iniciativa pretende que la cooperación no dependa exclusivamente de relaciones personales ni de eventos puntuales, sino que tenga una estructura para compartir recursos, reconocer necesidades comunes y desarrollar proyectos de mayor alcance.
La comunidad hondureño-americana incluye distintas generaciones: quienes emigraron, a quienes crecieron entre dos culturas y a quienes nacieron en territorio estadounidense dentro de familias hondureñas.

El camino del crecimiento
El liderazgo de Miranda se encuentra en la intersección de su historia migratoria, el trabajo comunitario y los estudios sobre movilidad humana. La experiencia de crecer como inmigrante y asumir responsabilidades familiares a temprana edad forma parte de su relato; también lo hacen los años dedicados a acompañar a jóvenes y el regreso a las aulas cuando la universidad parecía una meta tardía.
Tras la cumbre, el desafío será mantener la participación de organizaciones con intereses y capacidades distintas, convertir los contactos en proyectos sostenibles y conseguir que las nuevas generaciones encuentren oportunidades reales de liderazgo. La convocatoria de Nueva York es un primer paso.
Miranda ha planteado que, “cuando los hondureños se conectan, su influencia puede crecer”.
















