Al López es un migrante hondureño, que estuvo en el Ejército de Estados Unidos y se graduó de la Universidad de Chicago y después de la de Vanderbilt: pero decidió regresar a su país para rescatar el negocio del café.
Al López migró a Estados Unidos siendo niño, en 1977, dejando atrás una aldea remota en Honduras con pocas oportunidades. Décadas después, convertido en ex ejecutivo de alto nivel en corporaciones globales y ex CEO de una empresa multimillonaria, tomó una decisión poco común: regresar a su país de origen para cambiar las reglas de una industria que conocía desde su infancia y de un producto centroamericano por excelencia: el café.
Nacido en una familia de cuarta generación de caficultores, López creció en el occidente de Honduras antes de migrar al sur de Chicago, en Estados Unidos, en donde estaban sus padres. La historia de este migrante hondureño que volvió a su tierra combina migración, disciplina militar, ascenso corporativo y un retorno marcado por propósito.
Se enlistó en el Ejército de Estados Unidos
La adaptación en Chicago no fue sencilla. López recuerda una infancia difícil: “regularmente me golpeaban”, dice sobre sus primeros años en la escuela. En ese entorno, encontró una salida en el Ejército de los Estados Unidos, donde se enlistó como paracaidista.
“El Ejército simplemente hizo clic conmigo. Me dio propósito, disciplina y sentido de pertenencia”, ha contado. Sin embargo, una lesión durante entrenamiento truncó su carrera militar, obligándolo a regresar a la vida civil.
De vuelta en Chicago, trabajó en fábricas hasta que una advertencia lo hizo replantear su futuro. Su supervisor le mostró a un trabajador que llevaba décadas en el mismo puesto y le preguntó: “¿Eso es lo que quieres ser cuando tengas su edad?”. Esa pregunta marcó un punto de quiebre. Tenía que transformarse.
El salto académico y el ascenso corporativo
López decidió ingresar a la universidad, graduándose con honores en contabilidad en la Universidad de Illinois en Chicago en 1988. A partir de ahí, construyó una carrera ascendente en el mundo empresarial.
Trabajó en firmas como PricewaterhouseCoopers (antes Coopers & Lybrand), y luego en multinacionales como Sara Lee, Dole Food Company y Frito-Lay. Llegó a ocupar cargos de alta dirección, incluyendo CFO y vicepresidente, hasta convertirse en presidente y CEO de Blair Corporation.
En paralelo, fortaleció su formación con un MBA en la Vanderbilt University. “Pensé que me había ganado la lotería, porque estaba viajando por el mundo comprando empresas”, recuerda sobre esa etapa.
El regreso a Honduras y la transformación del café
Pese al éxito, su vínculo con Honduras se mantuvo. En 2001, ante la posibilidad de que su madre vendiera la tierra familiar en Copán, decidió comprarla. Años después, en 2008, dejó el mundo corporativo para fundar su proyecto cafetalero: Finca Terrerito. “Regresé queriendo generar un impacto positivo. ¿Qué mejor manera que hacerlo en la industria de la que vive tanta gente en Honduras?”, explica.
Su diagnóstico era contundente: la cadena del café está marcada por profundas desigualdades. “En Estados Unidos pagamos más de 4 dólares por una taza, y aquí los productores reciben 80 centavos por una libra que puede rendir 25 tazas. Sentí que era una injusticia”.
Para enfrentar ese problema, creó un modelo directo de comercialización que elimina intermediarios. “Entre el productor y el tostador puede haber hasta nueve manos llevándose margen sin agregar valor”, señala. Su propuesta consiste en producir, procesar y vender directamente a tostadores.
Desde 2016, ese modelo ha permitido mejorar ingresos y condiciones para trabajadores en su finca, donde además se impulsan iniciativas como vivienda, servicios básicos y proyectos comunitarios.
“Cuando ves que muchos ganan lo que nosotros gastamos en un almuerzo, entiendes el impacto que puedes tener”, afirma.
Más allá del negocio: una visión con impacto
Hoy, su empresa conecta la producción cafetalera en Honduras con el mercado estadounidense, incluso a través de emprendimientos familiares. Pero más allá del modelo de negocio, López sostiene una idea central:
“Si puedes mejorar la vida de alguien, ¿por qué no ganar dos centavos menos por una taza de café? Para nosotros no es nada, pero para otros lo es todo”.
Su historia resume el recorrido de un migrante que alcanzó el éxito en Estados Unidos y decidió regresar para transformar la realidad de otros desde su país de origen.
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