Se leyó su nombre: "Elder Yuvini Aguilar Macario", pero su silla estaba vacía en la graduación de la High School en Trion, Atlanta. Todos lo ovacionaron. Siguen pidiendo la liberación de joven migrante guatemalteco detenido a principios de mayo.
La ovación de pie durante la graduación de High School, en Trion, Georgia, el 20 de mayo reciente, no fue solamente un homenaje para un estudiante ausente. También fue una petición pública: que el joven guatemalteco Elder Aguilar-Macario, de 19 años, detenido por autoridades migratorias semanas antes de recibir su diploma, sea liberado y pueda regresar a casa y a sus planes de estudio.
Sobre una silla colocaron cuidadosamente su toga, su birrete y una fotografía. Aquello era un símbolo del talento amenazado por una ofensiva migratoria que afecta familias. Mientras sus compañeros cruzaban el escenario el 20 de mayo en Georgia, Elder –que no tiene antecedentes criminales– estaba en un centro de detención de ICE, a cientos de kilómetros de distancia.
Un buen estudiante
Elder Aguilar-Macario, de 19 años, llegó desde Guatemala a Estados Unidos siendo niño y este año egresaba de Trion High School. Es un excelente jugador del equipo de fútbol escolar y recién inició un programa técnico de soldadura.
A inicios de mayo fue detenido tras una parada de tránsito en el condado de Walker y acusado de conducir sin licencia válida y de no mantener el carril, faltas menores de tránsito. No tenía antecedentes penales. Aunque su familia pagó la fianza correspondiente, el caso derivó en una retención migratoria y posteriormente pasó custodia federal.
Personas cercanas a la familia aseguran además que años atrás la madre de Elder inició un proceso de asilo incluyendo a sus hijos. Más adelante, cuando él alcanzó la edad suficiente para intentar regularizarse mediante DACA, las cortes federales ya habían bloqueado nuevas solicitudes iniciales, dejándolo atrapado en un limbo migratorio.
“Él debería haber estado en esa cancha”
Días antes de la graduación, el impacto ya se sentía dentro de la comunidad escolar. El 6 de mayo, mientras Trion disputaba un partido de la ronda Elite Eight, Elder ya no pudo participar. “Él debería haber estado en esa cancha. Es un gran jugador de futbol”, escribió una consejera escolar.
La misma comunidad educativa comenzó entonces a movilizarse públicamente. Maestros y entrenadores acudieron a la cárcel intentando acompañarlo y entender qué ocurriría con su situación migratoria.
La consejera Erika Dover expresó abiertamente su frustración al no encontrar respuesta a una pregunta que seguía repitiéndose: qué más podía haber hecho este estudiante para evitar terminar bajo custodia migratoria. “He buscado y buscado una respuesta a la pregunta: ‘¿Qué pudo haber hecho diferente este joven para evitar esta situación?’ Y sigo sin encontrar nada”, expresó.
La comunidad pide su liberación
La reacción alrededor del caso ha ido más allá de la escuela. Familiares y miembros de la comunidad abrieron una campaña de recaudación para cubrir gastos legales, mientras vecinos y compañeros han difundido mensajes de apoyo y peticiones para que Elder pueda regresar con su familia.
Quienes lo conocen insisten en que se trata de un estudiante plenamente integrado a su comunidad: atleta escolar, futuro graduado técnico y uno de tantos jóvenes que crecieron prácticamente toda su vida en Estados Unidos tras haber llegado siendo niños. Una deportación es un grave daño, pues lo enviarían a un país que no conoce en absoluto.
La historia también ha abierto preguntas sobre el impacto de las políticas migratorias en estudiantes y jóvenes talentos académicos que estaban a semanas de graduarse o comenzar carreras técnicas y universitarias.
A poca distancia de Trion, otra estudiante latina de último año en Georgia también fue detenida por ICE antes de su graduación, en medio del endurecimiento migratorio impulsado bajo la administración de Donald Trump.
La toga vacía
En Trion, la silla vacía de Elder dejó de representar únicamente una ausencia. Para muchos asistentes, se transformó en una forma silenciosa de protesta y en un mensaje directo: que el joven pueda volver a casa y recuperar el futuro que estaba a punto de comenzar.
Mientras los aplausos llenaban el gimnasio durante la graduación, la toga y el birrete sobre aquella silla recordaban que, para esa comunidad, el diploma de Elder todavía no está completo mientras él siga detenido.
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