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Volcán San Antonio es el tesoro natural menos conocido de San Marcos

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Es un destino natural de senderismo y bosque aún muy poco conocido: el volcán San Antonio, también llamado cerro Saquibutz se encuentra en San Antonio Sacatepéquez, San Marcos.

Mientras el volcán Tajumulco presume el techo de Centroamérica y el Tacaná atrae por su imponente silueta fronteriza, existe otro volcán en San Marcos que rara vez aparece en las guías turísticas o en las conversaciones de los montañistas.

No es el más alto ni el más desafiante, pero quizá esa sea precisamente su mayor virtud. El volcán San Antonio, conocido por muchos habitantes como Cerro Saquibutz, conserva el encanto de los lugares que aún pueden descubrirse sin prisas, donde el bosque nuboso, el canto de las aves y el silencio son parte del recorrido. Se encuentra en San Antonio Sacatepéquez, San Marcos.

La altura del volcán San Antonio varía según la referencia: El Manual de Buenas Prácticas para Ascensión a Volcanes del INGUAT registra 2,514 msnm, mientras otras publicaciones turísticas citan 2,550 msnm. En todo caso, el ascenso efectivo es de unos 250 metros y ello lo hace un destino perfecto para principiantes en escalada volcánica.
La altura del volcán San Antonio varía según la referencia: El Manual de Buenas Prácticas para Ascensión a Volcanes del INGUAT registra 2,514 msnm, mientras otras publicaciones turísticas citan 2,550 msnm. En todo caso, el ascenso efectivo es de unos 250 metros y ello lo hace un destino perfecto para principiantes en escalada volcánica.

Un volcán discreto entre gigantes

Con una altitud cercana a los 2,500 metros sobre el nivel del mar —las mediciones varían ligeramente según la fuente, entre 2,514 y 2,550 metros—, el San Antonio no compite en altura con los grandes colosos del occidente. Sin embargo, esa menor elevación también significa que puede recorrerse sin las exigencias físicas de otros volcanes guatemaltecos.

La caminata hacia la cima suele tomar entre treinta minutos y una hora desde los puntos habituales de acceso. El sendero asciende de manera constante, pero sin pendientes extremas, lo que convierte al volcán en una excelente alternativa para quienes desean iniciarse en el senderismo o disfrutar de una excursión familiar.

Lo que distingue la experiencia no es la dificultad del ascenso, sino la tranquilidad del entorno. Aquí no suelen formarse largas filas de excursionistas, ni abundan los campamentos o el bullicio que caracteriza a otros destinos más conocidos. El bosque aún domina el paisaje.

El antiguo Cerro Saquibutz

Mucho antes de que el volcán adoptara el nombre del municipio de San Antonio Sacatepéquez, los habitantes de la región lo conocían como Cerro Saquibutz. Ese nombre, de origen mam, continúa vivo en la memoria colectiva del occidente.

Su significado exacto no ha podido establecerse con certeza, pero la traducción mas popular del mam es “cerro blanco”. Esto a su vez evocala profunda relación que los pueblos originarios mantuvieron con estas montañas mucho antes de la organización territorial moderna.

Como ocurre con muchos accidentes geográficos de Guatemala, el volcán también forma parte de la identidad cultural de las comunidades cercanas, que durante generaciones lo han utilizado como referencia del paisaje y espacio de convivencia con la naturaleza.

Un bosque que cambia con cada estación

Desde los primeros metros del ascenso el visitante se adentra en un ecosistema característico de las montañas del occidente: el bosque montano húmedo.

Los senderos serpentean entre encinos, pinos, alisos y cipreses, mientras los troncos aparecen cubiertos por musgos y líquenes que prosperan gracias a la humedad constante. Durante la temporada lluviosa, bromelias, helechos y orquídeas silvestres aportan color a un paisaje donde la neblina suele aparecer de forma repentina, envolviendo el bosque en una atmósfera casi mágica.

No es un lugar donde sobresalga una especie única o extraordinaria, sino un ecosistema completo que conserva gran parte de la riqueza natural característica del altiplano occidental. Estos bosques cumplen una función esencial al captar agua, proteger los suelos de la erosión y servir de refugio para numerosas especies de aves.

Entre las ramas es frecuente escuchar el canto de colibríes, carpinteros y otras aves propias de las tierras altas, muchas veces antes de poder verlas. Para quienes disfrutan la observación de aves o la fotografía de naturaleza, cada visita ofrece escenas distintas dependiendo de la época del año.

Para llegar a las faldas de este pequeño volcán se atraviesan campos de sembradíos.
Para llegar a las faldas de este pequeño volcán se atraviesan campos de sembradíos.

Una ventana al occidente guatemalteco

La recompensa llega al alcanzar la cima. Cuando las condiciones atmosféricas lo permiten, el horizonte se abre hacia algunos de los paisajes más impresionantes de San Marcos. Desde allí pueden observarse el volcán Tajumulco, el Tacaná en la frontera con México, extensas cadenas montañosas de la Sierra Madre e incluso, en días excepcionalmente despejados, la llanura costera del Pacífico.

El espectáculo cambia constantemente. Hay mañanas en las que un mar de nubes cubre los valles mientras las cumbres emergen sobre la neblina, y otras en las que el cielo completamente despejado permite apreciar el relieve del occidente con sorprendente nitidez.

Entre noviembre y febrero predominan los días despejados y las mejores condiciones para disfrutar de las vistas panorámicas. Las temperaturas son más bajas, especialmente durante las primeras horas de la mañana, pero la probabilidad de encontrar cielos abiertos es considerablemente mayor. Durante marzo y abril aún es posible disfrutar de buena visibilidad, mientras que el bosque comienza lentamente la transición hacia la temporada lluviosa.

Con la llegada de las lluvias, entre mayo y octubre, el paisaje alcanza su máximo esplendor. La vegetación recupera un intenso color verde, proliferan los helechos y las orquídeas silvestres, y los musgos cubren casi por completo troncos y rocas. A cambio, la neblina suele aparecer con mayor frecuencia durante las tardes.

El valor de los lugares que aún sorprenden

Hay volcanes que impresionan por su altura. Otros, por la violencia de sus erupciones. El San Antonio conquista de una manera distinta.

Lo hace con el crujido de las hojas bajo los pies, con el aroma húmedo del bosque después de una lluvia nocturna, con el vuelo fugaz de un colibrí entre las bromelias y con esos momentos en que la neblina se abre apenas unos segundos para revelar la inmensidad del occidente guatemalteco.

Quizá por eso quienes lo visitan suelen regresar con la misma sensación: la de haber descubierto uno de esos rincones de Guatemala que no necesitan grandes reflectores para demostrar su belleza. En un país conocido como la tierra de los volcanes, el San Antonio recuerda que algunas de las mejores experiencias siguen escondidas en las montañas menos famosas.

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Gustavo Montenegro Director Editorial, SoyMigrante.com REVISTA
Periodista, escritor, contador de historias. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Fue docente universitario y ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y 2022. Actualmente dirige SoyMigrante.com/revista
Periodista, escritor, contador de historias. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Fue docente universitario y ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y…

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