Adelante Guatemala se llama la fundación creada por la doctora Katherine Narváez, guatemalteca, originaria de Izabal y que llegó a Estados Unidos a los 6 años de edad. Su objetivo: contribuir a la salud de la niñez en Sibinal, San Marcos. Y esta es su historia.
Desde San Francisco —donde iniciará su residencia en uno de los programas más competitivos de Estados Unidos—, la doctora Katherine Narváez no pierde de vista un punto en el mapa que marcó su historia: Guatemala. Nacida en Izabal y criada desde los 6 años en Atlanta, Georgia, su vida transcurre con la convicción de ser una mejor profesional y apoyar a la niñez de su país.
Narváez no solo ha recorrido el exigente camino de la medicina en Estados Unidos; también ha actuado en favor de comunidades locales y ha sido un puente activo hacia comunidades rurales guatemaltecas, donde impulsa un modelo de salud que combina prevención, educación y trabajo sostenido con actores locales. Por ello el 2 de abril fue reconocida con el premio Leonard Tow de Humanismo en Medicina de la Fundación Arnold P. Gold.
“Soy de Guatemala, soy de Izabal… a los seis años me mudé a los Estados Unidos”, recuerda. “Decidimos empezar a trabajar, hace 8 años en Sibinal, San Marcos, porque es uno de los municipios con bajos índices de desarrollo humano. Está muy cerca de la frontera y a veces muy lejos del apoyo a su niñez”, expresa. Su fundación Adelante Guatemala trabaja en la aldea Vega del Volcán, al pie del gran Tacaná.
De la identidad migrante a la vocación médica
En 2018 Katherine aún no era médica, pero estudió una maestría en Administración de Empresas en Johns Hopkins University, donde también tomó cursos enfocados en salud.
Así comenzó a organizar esfuerzos comunitarios que con el tiempo se consolidaron en un programa de salud. “Inicialmente quería enfocarme en educación. Pero cuando empezamos a ver todas las cosas… muchos de los niños no sobrevivían ni siquiera a la edad de cinco años. ¿Cómo nos íbamos a enfocar en educación cuando los niños no están llegando a esa edad?, por desnutrición, enfermedades gastrointestinales”, explica.
Hoy, su trabajo se desarrolla en la aldea Vega del Volcán, en Sibinal, San Marcos, una zona de difícil acceso donde las carencias son evidentes desde el camino. “La primera vez que fuimos, nuestro bus se quedó varado… todos tuvimos que salirnos y empujar para asegurar que llegara la brigada médica y lo que llevábamos”, cuenta. Su más reciente visita fue en 2024.
Para esta misión, Katherine reúne apoyos de médicos y estudiantes guatemaltecos de Medicina, implementa acciones que van desde la distribución de filtros de agua hasta jornadas médicas y educación comunitaria. “Queremos tratar de cambiar desde abajo… no solo poner una curita y decir ‘estamos haciendo algo’, sino cambiar el sistema desde la profundidad”.
Especialista en ginecología y obstetricia
El acceso al agua potable, explica, es uno de los factores más críticos. “En muchos lugares de Guatemala no existe eso de abrir el chorro y que el agua salga limpia”. De ahí que una de sus iniciativas centrales sea Una Gota a la Vez, orientada a prevenir enfermedades gastrointestinales que afectan especialmente a la niñez rural.
Pero su enfoque va más allá la doctora Narváez, especialista en ginecología y obstetricia, insiste en fortalecer capacidades locales y generar oportunidades para quienes ya están en el país. “El problema de Guatemala se puede resolver involucrando a los guatemaltecos… la clave está en que tengan los recursos y la oportunidad de capacitarse”, dice.
Esa idea guía una beca dirigida a estudiantes de medicina en el occidente del país, particularmente en Huehuetenango. “Queremos empoderar a estos estudiantes a que piensen como científicos… ¿qué puedo hacer para cambiar esas estadísticas en estas comunidades? De la respuesta saldrán excelentes médicos”.
Superando barreras a través del servicio
Pero la vocación médica de Katherin nació en otro contexto de desigualdad: el de las comunidades migrantes en Estados Unidos. “Crecí en un área donde hay muchos inmigrantes… y vi cómo el sistema de salud es muy discriminatorio. Tener un hospital cerca no significa que uno pueda acceder a esos recursos. La gente no tiene cómo pagar esos servicios, hay mucha exclusión”.
Ese contraste también marcó su formación, muchas veces en espacios donde la diversidad aún es limitada. “Los latinos somos un 6% de los doctores en Estados Unidos, pero los latinos somos 20% de la población”, señala. Pero ese desbalance se convirtió en motor. “Yo quiero ser la doctora que regresa a esa comunidad… y proveer recursos de salud”.
Sus padres han sido su inspiración de perseverancia: Hija de una madre que trabajó limpiando casas y un padre dedicado a la construcción, creció en un hogar donde el esfuerzo y la solidaridad eran cotidianos. “A veces ni teníamos para nuestra propia comida, pero si alguien en la iglesia o en la comunidad necesitaba, mi mamá compartía lo poco que teníamos”.
Orgullo, propósito y cambio sistémico
Ese sentido de responsabilidad también transformó su relación con la identidad guatemalteca. “Durante mucho tiempo me dijeron que Guatemala era donde gente tonta vivía… y yo lo internalicé. Hasta que decidí romper con ese prejuicio. ¿Por qué uno va a sentir vergüenza de venir de Guatemala, un país milenario, de grandes civilizaciones que han dejado huella en el mundo?… Es un honor poder representar a una comunidad trabajadora, humilde, luchadora, la de Guatemala y Latinoamérica”.
En su práctica médica, el compromiso de Katherine se enfoca especialmente en las mujeres. “Aquí en Estados Unidos hay tasas de muerte materna muy altas… y muchas mujeres, especialmente migrantes, ni siquiera buscan atención por miedo”.
Para Katherine Narváez el acceso a la salud no debería depender del estatus migratorio en Estados Unidos, o de la distancia a la capital en Guatemala, tampoco estar limitadas por condiciones económicas . “La salud no debe ser un privilegio sino un derecho para todos, porque permite un mejor desarrollo de las comunidades y una mejor economía”.
A medida que avanza en su carrera, su mirada sigue puesta en el impacto colectivo. “Quiero cambiar la medicina aquí en Estados Unidos y también en Guatemala… abrir oportunidades para otros”. Por eso, su fundación tiene bien puesto el nombre: Adelante Guatemala. Su meta, en esencia, es clara: “Cambiarle la vida a la gente, no importa qué tan pequeño sea ese cambio… a la larga será uno grande”.
Quizá también te podría interesar













