Neurocientífica y médica guatemalteca Gabriela Asturias impulsa la información certera de salud en Guatemala a través del proyecto digital ALMA, por el cual recibió el premio Princesa de Girona en 2025. Actualmente estudia Psiquiatría en San Francisco, California.
«Esto no es un trabajo individual, todo se hace en equipo»: la doctora Gabriela Asturias insiste en aclararlo cuando habla de ALMA, la plataforma de información en salud preventiva en Guatemala que la llevó a recibir el Premio Princesa de Girona 2025 (en 2024 lo ganó también otra guatemalteca) y que se sigue ampliando con más servicios como orientación sobre vacunación.
Aunque Gabriela Asturias su rostro más visible, detrás de ALMA hay un grupo de guatemaltecos que ha ido aportando ideas y conocimientos hasta convertir aquel proyecto nacido durante la pandemia en una red de herramientas de salud.
Actualmente Gabriela reside cerca de San Francisco y cursa el tercer año, de cuatro, de la residencia de psiquiatría, en el hospital de Stanford. Su ruta migrante en Estados Unidos comenzó en 2013, cuando viajó a Carolina del Norte para estudiar en Duke University. Allí estudió neurociencia y química, para luego entrar a la carrera de Medicina en 2018. “Yo me fui de Guatemala a los 18 años, ha sido un recorrido de aprendizaje y descubrimiento, pero siempre vuelvo para hacer algo por mi país“. Y es por ello que fue reconocida, junto a otras tres guatemaltecas, con el galardón Visionarios de la Fundación Luis von Ahn, este 2026.
Un giro total en busca de superación
Los primeros meses estuvieron marcados por la distancia. «Yo extrañaba muchísimo Guatemala. La verdad es que mis primeros seis meses fueron bien difíciles», recuerda. Extrañaba especialmente los domingos familiares, cuando en casa se reunían para comer, caminar por el bosque, escalar o cocinar juntos. “Extrañaba hasta el sabor del desayuno tradicional chapín de casa, mientras en la Universidad de Duke, el domingo era el día de biblioteca”.
«La calidez guatemalteca es muy especial y es lo que más contrasta en estas latitudes», dice. Crear un sentimiento de familia y comunidad le tomó tiempo a Gabriela, pero fue encontrando nuevas amistades y va descubriendo la comunidad de estudiantes latinoamericanos.
Despues de graduarse de neurociencia, en 2017, Gabriela regresa a Guatemala. Ha mantenido un vínculo constante con el país y su familia: viaja cada dos o tres meses, según lo permitan sus obligaciones. “Pero en esas visitas encontré una necesidad muy concreta, que finalmente se revela en la pandemia”.
Alma nació de una idea compartida
La primera idea de Alma surgió en marzo de 2020, cuando los ingenieros guatemaltecos Juan Roberto Alvarado y Juan Luis López le propusieron a Gabriela Asturias la creación de chat automatizado o chatbot, para responder preguntas sobre covid-19. “En ese momento yo estaba en exámenes, pero acepté seguir el desarrollo con ellos. Y al enfocarnos en la necesidades, el proyecto cambió rápidamente. Pasó de chatbot a una línea de atención. Después se incorporó información sobre vacunación contra el covid, servicios y logística”, cuenta la científica. «Las ideas han venido de muchas personas», explica Asturias. Calcula que unas 50 personas han contribuido directamente a la evolución de Alma mediante equipos y sesiones de trabajo.
Hoy Alma incluye Alma Responde, un directorio para orientar sobre servicios de salud diversos: Salud Juntos, para información durante brotes como el sarampión; Alma Red, que capacita a trabajadores de salud mediante inteligencia artificial y WhatsApp; también hay una línea dedicada a salud preventiva de las mujeres y una nueva línea nacional de atención para crisis emocionales.
“Alma no se le puede atribuir a una sola persona, ni a mí en específico: es fruto de trabajo de un equipo”, recalca.
ALMA al servicio de los guatemaltecos
Para Gabriela Asturias, uno de los grandes retos de la salud es proveer información verídica y comprensible a donde las personas ya están buscando respuestas. “Como profesionales de salud en general, como médicos y todos los profesionales de salud queremos diseminar información confiable y verificada”. De ahí que Alma utilice redes sociales y WhatsApp: “Queríamos agregar a la conversación una fuente de información amigable, sencilla, gratuita”.
La plataforma también considera algo que puede ser decisivo en Guatemala: la logística. “No basta con saber qué vacuna necesitan los bebés y los niños, sino a qué edad y con qué frecuencia; también importa saber dónde conseguirla, cuánto cuesta, cómo llegar al proveedor de salud y si existe transporte o incluso parqueo. Todo eso lo informa Alma”.
Siguiente meta impulso a la salud mental
Además de su residencia hospitalaria en San Francisco, Asturias preside la Junta Directiva de Fundegua, desde donde lidera proyectos de salud. Entre ellos están las iniciativas de Alma, programas relacionados con salud mental, nutrición y un proyecto de apoyo al Gobierno para descentralizar los servicios de salud mental, sobre todo en atención de crisis.
“Salud mental y desnutrición crónica infantil serán nuestras prioridades para los próximos años. Haré todo lo posible por aportar en esos dos temas como sea necesario para Guatemala”, afirma la doctora Asturias. «Vivo por Guatemala», dice. Y añade: «Siempre voy a tener el optimismo de que todo se puede mejorar y llevar la salud a más guatemaltecos, sobre todo en provincia».
Para ella, dentro de la salud mental también figura un tema de palabras: cambiar la manera en que los propios guatemaltecos hablan de su país también importa: «Tenemos la responsabilidad de cambiar la narrativa, de valorarnos más entre nosotros, romper estigmas y prejuicios, vernos de otra manera, capaces, con metas, creativos, ingeniosos… porque así somos los guatemaltecos».
Dos guatemaltecas ganan premio dos años seguidos
Cuando le anunciaron el Premio Princesa de Girona ya estaba trabajando en plena resiencia. Pero solo fue dos semanas antes de la ceremonia del galardón en Barcelona.
“Corrí para poder viajar a Barcelona, en julio. Mi familia me acompañó. Recién había cumplido los 30 años y fue todo un honor, máxime porque un año antes en 2024 habían premiado a otra guatemalteca, la doctora Susana Arrechea, experta en energía solar. Creo que nunca dos personas de una misma nacionalidad y menos dos guatemaltecas habían recibido este premio en dos años seguidos. Eso me muestra el potencial de los jóvenes Guatemaltecos”.
Pero el reconocimiento no cambió el rumbo: solo lo reafirmó. Asturias sigue pensando en equipos, tecnología y salud pública, con una idea que resume buena parte de su trayectoria: “Las soluciones no pertenecen a una sola persona. Se construyen entre muchos y debemos colaborar para que Guatemala mejore, avance y crezca. Sí podemos hacerlo”.













