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La guatemalteca Sara Ramírez triunfa de manera limpia y brillante en Tulsa, Oklahoma

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Sara Ramírez vivió varios años en Houston, trabajó duro pero sentía estar varada. Así que un día tomó a sus tres hijos, los subió al carro y tomó rumbo hacia el norte. No sabía a donde iba. Llegó hasta Tulsa, Oklahoma. Y lo demás es historia. Conócela.

“Agarré a mis hijos en mi carro y lo que pude echar a la cajuela  y le dije a Dios, bueno, llévame donde tú quieras, donde tú creas que sea conveniente”. Así comenzó el viaje que llevó a Sara Elizabeth Ramírez Lima desde Houston hasta Oklahoma, después de 12 años en los que había trabajado prácticamente sin descanso.

Siguió hasta Tulsa y algo en aquella ciudad le hizo pensar que podía comenzar de nuevo. El dinero que llevaba se terminó rápidamente. No encontraba apartamento porque no tenía empleo y no podía conseguir empleo porque no tenía donde dejar a sus hijos.  Durmieron cinco días en el carro. 

Aquella mujer que llegó a Tulsa sin conocer a nadie dirige Sara’s Clean, su propia empresa de limpieza, con la cual triunfa, al punto que le ha abierto espacio dentro de la comunidad empresarial de la ciudad. No fue fácil, no fue rápido… pero aquel camino sin mapa es una historia de inspiración.

La guatemalteca Sara Ramírez forma parte activa de la Cámara de Comercio de Tulsa y participa en actividades de formación para emprendedores y pequeños negocios. (Foto cortesía Sara Ramírez)
La guatemalteca Sara Ramírez forma parte activa de la Cámara de Comercio de Tulsa y participa en actividades de formación para emprendedores y pequeños negocios. (Foto cortesía Sara Ramírez)

“Mi sueño no era Estados Unidos”

Sara nació en San Benito, Petén. Cuando tenía ocho años, su familia se trasladó a Belice y posteriormente vivió en Ayarza, Santa Rosa, de donde es originaria su mamá.  “Nos fuimos a vivir a Ayarza. Allí estuve como un par de años, ahí terminé mi primaria”, recuerda. Después estudió en el convento de las Hermanas de María, La Villa de las Niñas, donde terminó la secundaria y el bachillerato.

El trabajo también estuvo presente desde su infancia. Su madre elaboraba productos lácteos para vender. “Nosotros vendíamos todos los días queso, leche y también pan. Siempre vendíamos lo que ella hacía”. Al terminar sus estudios consiguió un trabajo en un colegio de computación, en donde le pagaban una comisión por cada alumno que lograba inscribir. “No alcanzaba para vivir.  

Mis sueños nunca fueron Estados Unidos. Quería quedarme, vivir, trabajar en mi país: nosotros los guatemaltecos somos muy trabajadores y no nos rendimos, somos personas para adelante, pero no había empleo”. Surgió una oportunidad de migrar y Sara solo tenía una pregunta: “¿A qué hora salimos?”.

Cleaning professional in blue gloves wipes a door frame, with Sara's Clean logo and the slogan about cleaning homes consistently visible.
Pieza de publicidad de Sara's Clean, en la cual su fundadora, la migrante guatemalteca Sara Ramírez aparece limpiando un espejo. El mensaje dice: "Las casas más limpias no son aquellas que se limpian cada día, sino aquellas que se limpian consistentemente".

Tres trabajos en Houston

Nunca lo olvida. El día que llegó a Houston, Estados Unidos era el día de su cumpleaños (en septiembre). “Entramos en la madrugada”. Logró empleo a través de una agencia. “Estuve en fábricas, descargué tráileres, hice limpieza en estadios… Nunca paré. Quería salir adelante y siempre iba a la agencia. Me decían: hay otro trabajo, ¿te interesa? Y ahí mismo me iba”. Usualmente desempeñaba tres empleos diarios. “Dormía tres, cuatro horas y a veces no daba tiempo de descansar”. 

Detrás de esas jornadas había una razón que para Sara era más importante que el cansancio. “Necesitaba ganar recursos para pagar los gastos y para enviar para mi mamá, que no les faltara el pan de la mesa, entonces no me importaba si yo no comía, si yo no dormía. A veces del puro sueño me quedaba dormida en los metros, en los autobuses”.

Entre aquellos empleos apareció la limpieza. Una de las primeras experiencias fue particularmente difícil: trabajó durante todo un día limpiando una casa y al terminar los clientes no quisieron pagarle.  “Cuando ya había terminado, me echaron. Me dijeron que si no me iba llamaría a la policía porque estaba en propiedad privada. “Me fui. No quería problemas”. 

Sara nunca olvida sus días como estudiante en La Villa de las Niñas, colegio dirigido por monjas en Guatemala donde pudo estudiar sus básicos y bachillerato.
Sara nunca olvida sus días como estudiante en La Villa de las Niñas, colegio dirigido por monjas en Guatemala donde pudo estudiar sus básicos y bachillerato.

El viaje sin rumbo más al norte 

Sara formó un hogar en Houston. Nacieron sus tres hijos. Pero se quedó luchando sola.  “Ya estaba muy agotada de que en 12 años no había avanzado, solo seguía laborando sin rumbo”. También le preocupaban las inundaciones y los huracanes. Decidió salir de Houston con sus hijos.

“Agarré a mis hijos, eché lo que pude echar a la cajuela de mi carro y le dije a Dios, bueno, llévame donde tú quieras, donde tú creas que sea conveniente y puse el dedo en el mapa y me llevó Oklahoma City, pero siguió conduciendo más al norte, hasta Tulsa”.

Sus hijos todavía eran pequeños. El mayor tenía 10 años. El dinero se terminó pronto y comenzó una carrera contra el tiempo: conseguir trabajo y un lugar donde vivir.  “No me daban apartamento porque no tenía un empleo y no podía agarra empleo sin tener donde dejar a mis ijos. Estuvimos viviendo, durmiendo con mis hijos en el carro”.

Una encargada de unos apartamentos se dio cuenta de que Sara regresaba una y otra vez buscando una vivienda. “¿Aún no has encontrado apartamento? Está bien te voy a ayudar”. Sará le ayudó en la limpieza de los apartamentos mientras ocupaba uno temporalmente.

Vino otro reto: “Los niños tenían que entrar a la escuela”.  Sara logró inscribirlos, pero les pedían uniforme y ella no tenía dinero.  “Yo les dije en la escuela, lamento mucho, pero yo ahorita por este momento no puedo comprarles uniforme”.

Una semana después recibió otra ayuda inesperada. “Cada uno de mis hijos traía una bolsa grande, negra, de uniformes, zapatos, calcetines, útiles, libros, de todo. Se los dieron en la Escuela. Así que me sentí bendecida”.

Sara Ramírez durante una actividad de la Cámara de Comercio de Tulsa Oklahoma que impulsa a pequeños negocios.
Sara Ramírez durante una actividad de la Cámara de Comercio de Tulsa Oklahoma que impulsa a pequeños negocios.

Un desconocido la recomendó 

Con sus hijos en la escuela, Sara comenzó a buscar empleo. Buscaba anuncios en carteleras y en Facebook. “Alguien buscaba trabajadores para colocar ladrillos. Yo no sabía hacer eso, pero le dije que podía aprender. Es trabajo de hombres, pero yo le dije que lo haría”.

“En otro comentario, otra persona respondió sabía de un trabajo. Que podía pasar por ella y llevarla dentro de una hora. Sara no sabía quién era. “El señor pasó a recogerme. Me llevó a un restaurante IHOP,  y él me presentó esa vez como su prima. Yo nunca lo había visto. Me recomendó con el gerente, dijo que yo era muy trabajadora”. La contrataron

Comenzó lavando platos. Allí descubrió que una gran cantidad de comida terminaba en la basura. A veces eran platos que habían sido devueltos por su aspecto pero nadie los había tocado y estaban en buen estado. “Toda esa comida yo empecé a juntarla  y se la llevaba a mis hijos. Y ahí estuve alimentandolos por mucho tiempo”.

Sara volvió a buscar otros empleos y retomó la fórmula.  “Siempre traía como la idea de conseguir tres trabajos”. Trabajaba en el IHOP de 6 de la tarde a 3 de la mañana. En la limpieza laboraba de 8 de la mañana a 4 de la tarde, y durante los fines de semana buscaba otras maneras de generar ingresos.

Sus jefes le dijeron que tenía una empresa

Los dueños del restaurante se fijaron en su desempeño. Había pasado de lavar platos, a ayudar a partir vegetales, luego en la cocina y en atender mesas.  “Esos gringos siempre me miraban enfocada y un día me dijeron que si quería ganar más podía trabajar haciendo la limpieza del restaurante al cerrar. Me dijeron que contratara a otras tres personas porque yo sola no podría. Empecé y un día me dijeron: ponle el nombre de tu compañía porque esa es tu compañía y ellos son tus empleados”.

“Sí, fue surgiendo Sara’s Clean”.

En septiembre de 2019 comenzó a formalizar el negocio. El nombre legal de la compañía es Sara and Her Ladies Cleaning LLC. Más adelante surgió la identidad de Sara’s Clean: una marca que nació tras un curso para mujeres emprendedoras. “Me he tomado muchos cursos. He aprendido a valorarme, a administrar, a manejar recursos”.

Ese proceso también comenzó a acercarla a la comunidad empresarial de Tulsa. En agosto del año pasado fue invitada a una gala de la Cámara Regional de Tulsa.

"Al cliente se le debe conquistar con servicio: primero uno le plantea que le de la oportunidad de trabajar en su casa u oficina. Entonces viene la tarea de hacer todo excelente, para que ese cliente diga: ya no busco más, me quedo trabajando con Sara's Clean".
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Sara Ramírez
Migrante guatemalteca originaria de Petén, quien vivió en Ayarza, Santa Rosa y después migró a USA. Primero en Houston y después en Tulsa Oklahoma donde sigue triunfando.

Conquistando limpiamente a los clientes 

Para Sara, conseguir un cliente requiere iniciativa, pero mantenerlo depende del resultado. Ella tiene una palabra para describir esa búsqueda. “Yo siempre digo, voy a conquistar. ¿Por qué tienes que conquistar? Tienes que ir a conquistar al cliente, lo tienes que ir a atrapar con tu excelencia de servicio”.

Su manera de trabajar también le permitió construir un networking interesante. Clientes que conocieron su historia y le apoyaron. A la vez sus antiguos jefes le habían tomado cariño y le dijeron que querían adoptarla para que pudiera legalizar papeles.

Para ella, han sido verdaderos ángeles los que han aparecido en su vida: la encargada de los apartamentos, el desconocido que la llevó al IHOP, los dueños del restaurante, aquellos que le donaron libros y uniformes a sus hijos… “Los tiempos de Dios son perfectos. Siempre te manda una persona indicada y por eso hay que serv ir”.

Woman standing in front of a blue Oklahoma Small Business Exchange banner, holding a flyer and smiling.
La guatemalteca Sara Ramírez forma parte activa de la Cámara de Comercio de Tulsa y participa en actividades de formación para emprendedores y pequeños negocios. (Foto cortesía Sara Ramírez)

Los hijos de Sara ya escriben su propia historia

Los tres niños que llegaron con Sara a Tulsa han crecido. Ahora son jóvenes y ella puede verlos avanzar por sus propios caminos. “Están súper orgullosos de su mamá”, dice cuando habla de lo que sus hijos piensan de su crecimiento. El menor está próximo a graduarse de high school. Sara cuenta que en diciembre termina esa etapa y que entre enero y febrero tiene previsto incorporarse al Ejército.

Los otros dos continúan estudiando en el college. Uno está encaminado hacia la administración de empresas y el otro hacia la tecnología. Ahora Sara colabora con muchas iniciativas en Oklahoma. Recientemente fue patrocinadora del evento Miss, Mr. y Mrs. Guatemala de Guatemaltecos en Oklahoma.

“Oklahoma me ha dado mucho en realidad. Y ahorita es como de regresar un poco de todo lo que me ha dado”.

Después de 21 años en Estados Unidos, Sara mira hacia atrás y encuentra una historia que comenzó sin que ella hubiera planeado siquiera emigrar.

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Gustavo Montenegro Director Editorial, SoyMigrante.com REVISTA
Periodista, escritor, contador de historias. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Fue docente universitario y ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y 2022. Actualmente dirige SoyMigrante.com/revista
Periodista, escritor, contador de historias. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Fue docente universitario y ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y…

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