La dictadura de Daniel Ortega envió al politólogo y excandidato opositor nicaragüense Félix Maradiaga al exilio en 2023 y le "retiró" la ciudadanía. Pero su voz no se apaga y sigue denunciando la tiranía.
Fue preso político del régimen tiránico Ortega Murillo en Nicaragua por casi dos años. Fue enviado al exilio en 2023 y “despojado” de la ciudadanía (algo que contraviene toda lógica y también toda normativa internacionalde Derechos Humanos), pero el politólogo Félix Maradiaga sigue denunciando los abusos de tal régimen dictatorial.
Aquel mismo 2023 fue galardonado con el Premio Magnitsky de Derechos Humanos y actualmente ejerce hoy como Professor en la Universidad de Virginia (UVA) y preside la Fundación Libertad, desde la cual sigue clamando un cambio democrático en esa patria que nadie le quitará del corazón y de la mente.
Félix Maradiaga forma parte de una generación de nicaragüenses perseguidos por criticar a un gobierno antidemocrático. Su nombre pasó a la primera línea de la política nacional tras las protestas ciudadanas de abril de 2018, violentamente reprimidas. Fue capturado en 2021 y estuvo preso en aislamiento por más de 600 días.
Lo nicaragüense nadie se lo quitará nunca
Félix Maradiaga nació en Jinotega, Nicaragua, el 23 de septiembre de 1976 y creció en Matagalpa. A corta edad perdió a su papá, quien falleció en un accidente de tránsito. Su madre, una maestra de secundaria que también trabajaba como comerciante para mantener a la familia, se convirtió en la jefa del hogar.
La penuria económica y la guerra llevaron a su mamá a enviarlo indocumentado a Estados Unidos. Estuvo en un campamento refugiado y después fue acogido por una familia nicaragüense en el sur de Florida durante dos años.
A su regreso a Nicaragua en 1990, retomó sus estudios en Matagalpa, donde tuvo como mentor al Arzobispo de Managua, cardenal Leopoldo Brenes, quien le pidió formar la pastoral juvenil de Matagalpa. En este período aprendió sobre la no violencia, la participación ciudadana y el fortalecimiento de la democracia.
Después de la secundaria, recibió una beca para estudiar ciencias políticas y relaciones internacionales. Estudió la Maestría en Administración Pública de la Universidad de Harvard, donde se graduó con honores.
De la academia a la persecución política
Antes de convertirse en uno de los blancos principales del régimen bicéfalo Ortega-Murillo, Félix Maradiaga construyó un perfil técnico y académico. Dirigió el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP) y fue secretario general del Ministerio de Defensa durante la administración de Enrique Bolaños.
Sin embargo, su activismo denunciando las violaciones a los derechos humanos y la deriva autoritaria de Ortega lo colocó rápidamente en la mira del aparato estatal. La violenta represión de las protestas contra el fraude electoral de 2018 aumentaron la vigilancia estatal sobre él.
En junio de 2021, cuando aspiraba a la presidencia como precandidato de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), fue apresado en la redada con la que el régimen eliminó a la oposición, bajo falsos pretextos, antes de las elecciones de ese año.
Félix pasó 611 días encarcelado en el complejo penitenciario El Chipote en condiciones inhumanas, hasta que en febrero de 2023 fue liberado y enviado al exilio hacia Estados Unidos junto a otros 221 presos políticos, momento en que la dictadura lo despojó arbitrariamente de su nacionalidad nicaragüense.
En 2023 Maradiaga también fue reconocido por el premio al Valor en Ginebra, Suiza, debido a su decidido clamor por la democracia y el Estado de Derecho.
Sigue clamando el fin de la dictadura
Lejos de abandonar el activismo tras su expulsión a territorio estadounidense —donde compagina la docencia e investigación universitaria con el liderazgo de la iniciativa Ruta del Cambio—, su discurso desde el exilio se ha enfocado en la necesidad de ofrecer viabilidad geopolítica a las potencias internacionales para presionar por el fin de la dictadura.
En una entrevista con Divergentes Maradiaga subraya que el enfrentamiento contra el sandinismo criminal no requiere únicamente denuncias morales, sino demostrar que existe una alternativa capaz de garantizar estabilidad y un plan claro para la transición:
“Los dictadores Ortega y Murillo son incompatibles con la seguridad hemisférica y con el modelo de democracia liberal que apoya Estados Unidos. Son totalmente incompatibles, como el agua y el aceite… La única manera de que Nicaragua pueda recuperar una alianza estratégica es que sea conducida por una fuerza totalmente democrática”, declaró.
Para Maradiaga, el reto estratégico de la oposición ante la comunidad internacional radica en convencer a Washington y a las capitales europeas de que un colapso del régimen no derivará en el caos regional, planteando un horizonte de reconstrucción democrática e institucional.
La división debilita y aboga por la unidad
Consciente de la dispersión y las disputas internas que históricamente han marcado a las fuerzas democráticas nicaragüenses, Félix Maradiaga sostiene una postura crítica sobre la falta de legitimidad individual entre los liderazgos opositores en el exilio: “Ningún liderazgo político nicaragüense tiene la legitimidad para representar a toda la oposición. Nadie nos ha dado ese mandato… La unidad son los hechos, apartando los egos. Mucha gente habla de la unidad, pero es la unidad alrededor mío o de mi ideología”.
Con esta visión pragmática, Maradiaga promueve un diálogo incluyente, sólido y coherente, en favor de la recuperación de la democracia.
Sobre la posibilidad de un eventual regreso, dice: “Nuestro plan debe incluir un plan de retorno seguro… Ese retorno debe ser en etapas. Primero tenemos que regresar los que estamos dispuestos a asumir los mayores riesgos”.
A pesar del destierro y de las dinámicas complejas del exilio, Félix Maradiaga mantiene desde la academia y la diplomacia ciudadana una apuesta por la reconstrucción institucional y la creación de infraestructura partidaria, convencido de que la salida a la crisis nicaragüense pasa por el reordenamiento democrático y el compromiso innegociable con la libertad.









