Su historia no deja indiferente a nadie. Con voluntad, esfuerzo y apoyo de su familia, Ricky Pineda no solo logró el objetivo de ser médico: va más allá. Y esta es su historia.
Lo que comenzó con caminatas descalzo hacia la escuela y jornadas en el campo dentro de la Reserva de Biósfera Bosawás, en Nicaragua, sigue avanzando en uno de los hospitales más prestigiosos de Estados Unidos. Ricky Leopoldo Pineda, originario de la comunidad indígena de Amak, territorio Mayangna Sauni Bu, se convirtió en el primer médico de su etnia y el primero en ejercer en un hospital estadounidense.
A sus 26 años, el joven mayangna representa una historia inédita de superación para una de las comunidades indígenas históricamente marginadas de Nicaragua, donde las limitaciones en acceso a salud y educación siguen siendo una realidad.
“La resiliencia es la capacidad que tenemos los seres humanos de sobreponerse a cualquier momento difícil o situaciones dolorosas como las crisis y los traumas; de superarla, transformarla, pero sobre todo vivirla y aprender de ello”, expresó Pineda durante una charla TEDx en la que relató su trayectoria.
Superando la pobreza y el aislamiento
La infancia de Ricky estuvo marcada por la pobreza extrema. De ocho hermanos, él era el tercero y desde pequeño trabajó junto a su padre y abuelo en labores agrícolas. Asistía a clases con escasos útiles escolares y, como muchos niños de la zona, comenzó a trabajar desde temprana edad.
“Un niño aspira el campo, un niño mira su futuro sembrando o pescando en el río. No mucha gente aspira al estudio”, contó en el pódcast Coffee Time. Sin embargo, desde pequeño sintió curiosidad por un mundo más allá de la selva. “Yo miraba en el estudio un camino. Quería experimentar ese camino”, recordó.
A los 11 años dejó su comunidad para estudiar secundaria. El trayecto implicaba dos días de viaje en lancha y autobús desde Bosawás hacia zonas urbanas del norte de Nicaragua. “Salí de mi comunidad a dos días de camino en medio de una lancha o canoa, sin saber hacia dónde iba, sin hablar español ni un hola”, relató. Durante sus primeros años sufrió burlas porque solo hablaba mayangna y miskito.
“En vez de decir hola decía ‘ampat’, y algunos se reían o me golpeaban porque pensaban que los estaba insultando”, recordó.
El episodio que cambió su vida
Hubo un momento que redefinió completamente su destino: el casi fallecimiento de su madre durante un parto sin atención médica. “Mi mamá estaba entre la vida y la muerte en medio de la densa montaña, sin ningún apoyo de una enfermera ni mucho menos un médico”, contó.
La experiencia le hizo entender la ausencia de servicios médicos en las comunidades indígenas. “Muchas campesinas fallecían por muerte materna. Necesitaban a alguien que los ayudara”, recordó posteriormente en entrevistas retomadas por medios locales.
Datos oficiales reflejan que en Nicaragua las muertes maternas siguen afectando principalmente a regiones rurales y del Caribe, donde las distancias y la precariedad del sistema sanitario dificultan la atención médica. “Yo miré esa necesidad y dije: todo se puede, yo puedo”, afirmó.
Lavó carros para poder estudiar medicina
Una beca le permitió ingresar a estudiar Medicina en la Universidad Católica del Trópico Seco (UCATSE), institución que posteriormente fue clausurada por el régimen dictatorial de Daniel Ortega que sigue empobreciendo a Nicaragua y violentando a sus habitantes.
Pero mantenerse en la universidad implicó otra batalla. “Yo en mi vida había lavado una bicicleta ni una moto, peor un carro”, contó sobre el trabajo que consiguió para sostenerse económicamente. Durante años trabajó medio tiempo lavando vehículos mientras asistía a clases de medicina.
“He pasado momentos de hambre, pero para mí comer una vez al día era suficiente”, confesó. También sufrió exclusión y discriminación. “En secundaria sufrí bullying y en la universidad también. Me miraban como algo raro”, relató. Pero lejos de rendirse, convirtió el aprendizaje en su herramienta de resistencia. “Lo que me ayudó a superar esa parte fue estudiar aún más”, explicó.
La región donde nació Ricky Pineda se localiza aquí:
Una beca hacia Estados Unidos
Después de graduarse, Pineda continuó preparándose académicamente hasta obtener una oportunidad para estudiar una maestría en Epidemiología y Salud Pública en Estados Unidos. Pero antes de ingresar al sistema hospitalario estadounidense trabajó empacando productos y en servicios de alimentación, como muchos migrantes.
“Me esforcé el triple para poder aprender un poco y dar el salto a mi área, que es la medicina”, expresó. Finalmente logró ingresar al proceso de selección del UCHealth University of Colorado Hospital, en Denver, donde hoy forma parte del área quirúrgica.
“Para mí significa muchísimo trabajar como el primer médico indígena de Nicaragua en un hospital tan prestigioso. La gloria se la doy a Dios y a mi gente”, afirmó.
“No puedo darle la espalda a quienes me esperan”
Aunque hoy vive en Estados Unidos, Ricky insiste en que su objetivo final sigue estando en la selva de Bosawás. “Mi mente siempre es regresar donde yo salí, porque yo no puedo darme el lujo de darle la espalda a quienes me esperan”, expresó.
Actualmente impulsa la Fundación Dr. Ricky Bosawás, enfocada en apoyar comunidades indígenas y ampliar oportunidades educativas para niños y jóvenes. “Hay muchos niños allá que por una hoja de cuaderno no van a la escuela”, lamentó.
También sueña con especializarse en cirugía general y construir más centros de salud en territorios indígenas. “Quiero que mi gente salga de la pobreza, pero sin perder la esencia de nuestra cultura”, afirmó. “Yo soy el primer médico titulado de mi etnia mayangna, pero gracias a Dios ya voy a tener colegas médicos”, dijo.
Y quizá la frase que mejor resume su recorrido es la misma que repite cada vez que habla ante jóvenes indígenas: “Las limitaciones son solo mentales, no externas”.
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