Diego Armando Cifuentes trabaja en el Comité Multicultural de la ciudad de Ada, Oklahoma y por su labor recibe el premio NextGen Under 30 (Próxima generación menor de 30): nació en Florida, de padre guatemalteco y madre salvadoreña. Y esta es su historia.
“Mi objetivo en todo lo que hago, en todo lo que estoy haciendo, es apoyar e inspirar a los jóvenes hispanos”, expresa Diego Armando Cifuentes, quien habla del servicio como un propósito que comenzó mucho antes de tener un cargo público o de recibir reconocimientos. Tiene 28 años, vive en Ada, Oklahoma, y acaba de ser reconocido entre la nueva generación Under 30, en la categoría de servicio público y política.
Diego se graduó de Ciencias Políticas en East Central University en 2025, con un minor en Comunicaciones. Actualmente forma parte del Comité Multicultural de la ciudad de Ada. Y justo o para entender por qué eligió trabajar con comunidades y culturas distintas hay que ir a sus comienzos.
Diego nació en Miami, Florida, en un hogar centroamericano: hijo de un guatemalteco y una salvadoreña. En Miami, la convivencia con otros hispanos fueron parte natural de su formación. “Crecimos con el centro de familia, siempre ayudándonos, siempre teniendo cenas juntos”, recuerda.
El sabor de una infancia centroamericana
“Tenía un “tío” de Perú y otro de Costa Rica. En realidad eran amigos de la familia, pero la “familia” era la comunidad”, expresa Diego. Las nacionalidades sse encontraban alrededor de la mesa y en la vida cotidiana. Pero aquello no era simplemente una memoria de infancia. Allí aprendió una manera de entender la comunidad. “Crecí con la mentalidad que en la familia y en la escuela es donde la comunidad y la cultura se fortalecen y los valores también”.
Por supuesto, el sabor de la mesa familiar fue fundamental: Tortillas, frijoles, tamales, café, huevos, arroz, carne y pollo aparecen en su relato como parte de una infancia marcada por la cocina familiar.
“Más que nada la tortilla, la tortilla con arroz, con carne, con pollo, con frijoles”, cuenta. Recuerda también los desayunos con “huevo con tortillas, con frijoles” y los tamales acompañados de café guatemalteco o salvadoreño. “Eso siempre me llena, del amor con el recuerdo mi infancia, pero también con la certeza de saber que hay una familia que me quiere y que está allí siempre apoyándome”.
El liderazgo empezó desde niño
La vocación de servicio apareció desde sus años escolares. Diego recuerda que su primera experiencia formal fue en la escuela primaria, como miembro de la patrulla escolar. “El sentirme útil y de servicio a los demás, fue algo que me fascinó”.
Con el tiempo, esa experiencia se convirtió en una pasión por el liderazgo. Participó en organizaciones estudiantiles y asumió responsabilidades a nivel estatal en Oklahoma. A través de una organización juvenil, encontró la oportunidad para promover mejoras en escuelas y también en las familias.
“Si tú quieres cambiar el mundo, empieza con su familia”, es una lección que aprendió. Para Diego, la transformación podía comenzar con acciones cotidianas: estar más presentes, escuchar y mejorar la manera de relacionarse con los demás. Pero esto a su vez se proyecta a la comunidad.
“Como ciudadano representas algo. Representas un voto para empezar, pero también aspiraciones y capacidades; eso ses multiplica en la vez ya la comunidad organizada, que tiene una voz que necesita ser oída”.
De la experiencia familiar al multiculturalismo
Hoy esa idea de conexión forma parte de su trabajo en el Comité de Multiculturalismo de la ciudad, desde donde trabaja para conectar comunidades, promover la diversidad y crear oportunidades.
“Una de mis iniciativas consiste en crear un pasaporte para restaurantes hispanos y latinos de Ada durante el Mes de la Herencia Hispana. La comunidad podrá recorrer los establecimientos participantes y conocer parte de la diversidad gastronómica de la ciudad. Porque la comunidad necesita fortalecer su economía y proyectar sus culturas”, dice. Durante sus años de estudios, Diego trabajó en restaurantes para poder sufragar sus gastos.
Durante su carrera universitaria tuvo oportunidades que ampliaron su experiencia de liderazgo. Participó en espacios vinculados al Congreso de Estados Unidos bajo la congresista Ileana Ros-Lehtinen, fue voluntario en la Casa Blanca y recientemente completó un programa de liderazgo del Congressional Hispanic Leadership Institute. “Todo eso ha fortalecido mi deseo de seguir sirviendo”.
También aprendió que las oportunidades muchas veces requieren pedir ayuda. Cuando tuvo la posibilidad de pasar un semestre en Washington D.C., los costos parecían una barrera. Solicitó apoyo a su universidad y recibió una beca que hizo posible la experiencia. “Si necesitas ayuda, búscala, habla, averigua: siempre hay alguien dispuesto a apoyar”.
Servir en tiempos difíciles
Diego reconoce que muchas familias migrantes atraviesan momentos complicados actualmente y considera que una de las claves está en identificar las necesidades concretas y buscar apoyo. “Hay que seguir adelante, trabajando para fortalecar los valores bipartidarios que valoran la multiculturalidad”, expresa.
Ha trabajado con personas que tienen formas de pensar muy distintas, pero con puntos comunes. “La capacidad de encontrar puntos de encuentro es esencial. Y es importante que las familias hispanas puedan trabajar, estudiar, emprender y construir condiciones estables para sus hijos”.
Un Under 30 que quiere seguir sirviendo
A los 28 años, Diego acaba de recibir el reconocimiento Under 30 en la categoría de servicio público y política. El reconocimiento llega mientras continúa pensando en el siguiente paso. Quiere seguir estudiando su Masxter y, sobre todo, mantener abierta la posibilidad de dedicar su vida profesional al servicio comunitario.
Pero su gran sueño, dice, ya lo está recorriendo: “Mi gran sueño, lo sigo soñando todos los días. Porque me siento honrado de servir y aportar a mi comunidad, desde mis propias raíces”. Ese es el corazón desde el que Diego Armando Cifuentes entiende el servicio.
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