Lázaro Salvador Ajpop escribió la leyenda del Abuelo Quetzal en un libro ilustrado con sus fotografías, es decir de la especie Trogón Collaris, un primo del Quetzal (Pharomachrus Mocinno), símbolo nacional. ¿Para qué? Para enseñar a valorar y proteger el bosque.
En el bosque nuboso de San Cristóbal Verapaz, Alta Verapaz, existe un habitante que durante generaciones ha permanecido casi desconocido para quienes conocen únicamente al Quetzal, ave símbolo nacional de Guatemala. Es el Trogon collaris, el Trogón de collar, una especie que en la tradición oral poqomchi‘ es reconocida como “Abuelo Quetzal”, una de las primeras aves creadas por Ajaw-Dios.
De esa tradición nació El Abuelo Quetzal, un libro infantil que busca acercar a los niños a la biodiversidad de su territorio y, sobre todo, despertar la responsabilidad por protegrlo.
El autor es Lázaro Salvador Ajpop Reyes Morán, conservacionista de flora y fauna, quien además realizó las fotografías que forman parte del proyecto. La iniciativa también cuenta con la participación de la migrante Viviana Izabel Mus Morán, ingeniera geóloga y guatemalteca que actualmente vive en Colombia, y con la edición y revisión de Humberto Higinio Morán Ical, ingeniero agrónomo y coautor del libro Tras las huellas del puma, La historia antigua del pueblo Poqomchi‘.
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La historia sigue a Tonito, un niño de siete años que vive con su abuela Mamá Vivi en una casa rodeada de pinos, robles y árboles de aguacatillo silvestre, este último señalado como el árbol favorito del Abuelo Quetzal.
El Abuelo Quetzal no es presentado como un personaje distante de un pasado mítico, sino como un ser que todavía habita el bosque. La especie que inspira al personaje es el Trogon collaris, que, a diferencia del Quetzal, no posee la característica cola larga de este último. Pero el propósito del cuento va más allá de presentar un ave.
“El cuento tiene como objetivo crear consciencia en los niños pequeños de la importancia de conservar el bosque y el hábitat de flora y fauna de nuestra región”, explica Lázaro Salvador Ajpop Reyes. Por eso el libro incorpora también un apartado dirigido a los adultos que acompañan la lectura.
Una leyenda que también vuela
Para Lázaro, una de las características fundamentales del proyecto está precisamente en su origen. “Lo que hace especial a esta historia es su origen: fue escrita en el propio bosque nuboso de San Cristóbal Verapaz, Alta Verapaz, donde el Abuelo Quetzal –Trogon collaris, vive y vuela”. De hecho lo ha fotografiado.
“No es una leyenda lejana, es la crónica de nuestro propio territorio, escrita por quienes lo conocemos y lo protegemos todos los días”: dice Lázaro.
La historia se ha transmitido dentro de una familia poqomchi‘ que durante cuatro generaciones ha estado vinculada al cuidado de la montaña. La observación cotidiana también permitió identificar algunas de las amenazas que enfrenta el Abuelo Quetzal: la disponibilidad de alimento y agua, la existencia de árboles adecuados para anidar y los incendios forestales, entre otras.
Así fue documentando la vida de una leyenda
Las fotografías son una parte esencial de El Abuelo Quetzal. Lázaro comenzó documentando las especies del bosque y posteriormente recibió como donación una cámara fotográfica. A partir de entonces, las imágenes permitieron mostrar a los visitantes las especies que habitan el bosque. “Usamos la fotografía como un medio para generar consciencia ambiental’”, explica Lázaro.
La experiencia le permitió comprobar que muchas personas que llegaban al lugar Mirador Senderos Margarita en San Cristóbal Verapaz, Alta Verapaz desconocían buena parte de la biodiversidad que tenían frente a sus ojos. Y para él, ese desconocimiento constituye también un obstáculo para la conservación. “Cuando no somos conscientes y no valoramos de esta biodiversidad es más difícil protegerla”, señala.
El momento en que nació la idea del libro
El proyecto comenzó a tomar forma a partir de los encuentros con los niños que visitaban Mirador Senderos Margarita. Lázaro y su familia les mostraban las fotografías del Abuelo Quetzal y de otras especies. Después les contaban la historia y les explicaban que aquellas imágenes habían sido tomadas en esa misma montaña que estaban a punto de recorrer.
Las reacciones de los niños fueron convirtiéndose en una fuente de inspiración. Algunos preguntaban si realmente aquella ave vivía allí. Otros buscaban al Abuelo Quetzal durante el recorrido y, al regresar, señalaban emocionados porque lo habían visto entre los árboles.
En una ocasión, una niña llevó a su madre para pedirle que escuchara nuevamente la historia, porque ella había intentado contársela pero la mamá no la había comprendido. Para Lázaro, aquel episodio fue decisivo. “Si pudiéramos tener un libro infantil, que fuera leído por un adulto madre, padre, hermano, hermana, tío, tía, a los más pequeños del hogar, podría ser transformador, tanto para el niño como para el adulto”, recuerda.
Fue entonces cuando comenzaron a unir la oralidad poqomchi’, las fotografías y los datos documentados para hacerlo libro infantil.
La memoria viva de una montaña
Las fotografías del Trogón de collar, tomadas en su hábitat natural, son resultado de horas de espera y observación. “No inventamos nada: contamos lo que vimos, lo que documentamos, lo que el bosque nos enseñó”, dice.
Y resume su participación en el proyecto de una manera particularmente significativa: “Mi aporte es, en pocas palabras, la memoria viva del lugar. Sin ese registro, el cuento habría sido hermoso, pero no habría tenido raíces. Y un árbol sin raíces, como bien sabemos aquí en la montaña, no sobrevive”.
Dar nombre a un ave que pocos conocen
Existe además otra razón que hace particular al libro. El Quetzal, símbolo nacional es ampliamente conocido por los guatemaltecos. Su imagen está asociada con la identidad nacional y aparece incluso en la bandera. El Trogón de collar o Abuelo Quetzal en cambio, es aún muy poco conocido. Lázaro lo describe como un ave más pequeña y discreta, pero igualmente hermosa, que ha vivido durante siglos en estos bosques.
“Este libro le da nombre, le da historia, le da voz”, expresa. Para él, ese reconocimiento constituye una forma de valorar a una especie que ha permanecido prácticamente en silencio ante el gran público.
“Me quedé sin palabras. Sentí un profundo respeto y admiración”, recuerda sobre la primera vez que lo vio y fotografió. Lázaro describe al Trogón de collar como un ave de presencia silenciosa, cuyo canto parece mezclarse con el bosque.
Pero observarlo también le hizo comprender la fragilidad del ecosistema del que depende. “Yo creo que lo que siento cuando lo veo es responsabilidad”, afirma.
Al final el gran sueño que mueve el libro es “Que haya niños que después de escucharlo pregunten por el Abuelo Quetzal, que quieran saber dónde vive, que digan que quieren cuidarlo… eso para mí vale más que cualquier reconocimiento”.
Para adquirir el libro puede contactar a Lázaro a través de sus redes sociales, haciendo clic aquí.













