Devoción de familias migrantes guatemaltecas llena de color, amor y ¡quetzales! la salida de la procesión del Corpus Christi de la parroquia Nuestra Señora de la Merced, en Chicago, Illinois, con una alfombra llena de amor, fe y memorias.
El aserrín de colores cae lentamente sobre el suelo. Varias manos colocan moldes, forman figuras y acomodan flores frescas. Se ven grecas, diseños ornamentales y varios quetzales, ave nacional de Guatemala, formando una alfombra que parece salida de las calles de Antigua Guatemala o de alguna celebración religiosa en el altiplano occidental. Pero esta alfombra guatemalteca se está elaborando a mas de 3 mil kilómetros de distancia, en Chicago, Illinois.
Con motivo de la festividad de Corpus Christi (El Cuerpo y la Sangre de Cristo), devotos de familias guatemaltecas tomaron la iniciativa de colorear aserrín, recortar moldes y elaborar esta alfombra en la puerta de la parroquia Nuestra Señora de la Merced, en Chicago, Illinois.
Este obsequio de devoción salió de las manos de la familia Amézquita, la familia Pisabaj, con raíces en Salcajá, Quetzaltenango, y la familia Regalizo, cuyos integrantes dedicaron largas horas a cuidar cada detalle.
Un regalo de amor y fe
Con paciencia y esmero, los voluntarios utilizaron aserrín teñido, flores y moldes artesanales para recrear una costumbre profundamente arraigada en Guatemala. Los diseños incorporan símbolos que evocan la riqueza cultural del país, destacando la figura del quetzal, ave nacional de Guatemala así como elementos florales y grecas inspiradas en figuras artesanales guatemaltecas.
Para muchos de los participantes, la alfombra representa mucho más que una expresión artística o religiosa. Es una forma de mantener vivo el vínculo místico con su tierra natal y de compartir con las nuevas generaciones una tradición heredada de padres y abuelos.
El simbolismo de las alfombras de aserrín
La tradición de las alfombras guatemaltecas de aserrín u otros materiales constituye una de las manifestaciones más reconocidas de la religiosidad popular guatemalteca. Su corta vida encierra un profundo simbolismo: las obras son creadas durante horas para luego ser recorridas por las procesiones, como una muestra de devoción, sacrificio y entrega comunitaria.
Surgieron como una síntesis entre la cultura maya, que elaboraba alfombras de hojas y colas de quetzal para grandes señores, y del catolicismo español que trajo la tradición de las procesiones: fusionadas ambos tradiciones brindan un ícono mundialmente reconocido por su colorido, creatividad, alto detalle y profunda devoción.
“Nuestra fe compartida”
Se publicaronalgunos videos de la elaboración de la alfombra y la salida de la procesión. El guatemalteco Alfonso Amézquita es uno de los impulsores de esta iniciativa, en un día festivo para el catolicismo, que se celebró en la parroquia Nuestra Señora de la Merced, la cual reúne a una comunidad diversa integrada por familias originarias de Guatemala, México, Ecuador, Perú, El Salvador, Colombia y Filipinas, además de fieles estadounidenses.
Cuando la procesión salió, la tarde del domingo 7 de junio, el sacerdote que portaba la custodia pasó lentamente sobre la alfombra, que quedó instalada aún para el retorno después de un breve recorrido, muy solemne, por calles aledañas al templo.
De rodillas, los feligreses oraron, quizá recordando cuando celebraban esta tradición en sus pueblos, junto con la de las coloridas alfombras de aserrín y flores, que desaparecen en pocos minutos del sueño, pero que nunca se borran de la memoria ni del corazón.
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