"La mejor forma de describirme es que yo soy un inmigrante", expresa con sinceridad el abogado migratorio Vernal Farnum Mejía, nacido en Panamá y quien hoy ejerce el Derecho en Texas, apoyando a más migrantes. Su camino no fue fácil.
Cuando Vernal Farnum recibe a una persona migrante en su oficina, no necesita imaginar lo que siente la persona que se sienta frente a él. No tiene que preguntarse qué significa llegar a un país sin certezas, aceptar cualquier empleo para salir adelante o vivir con la esperanza de reunir nuevamente a la familia. Él ya recorrió ese camino.
Mucho antes de convertirse en abogado de inmigración en Texas, trabajó detrás del mostrador de un McDonald’s en Brooklyn, cargó cajas en una bodega del distrito de la moda de Manhattan, aprendió electricidad como ayudante de un contratista y tomó una decisión que cambiaría su vida: enlistarse en el Ejército de Estados Unidos en plena época de guerra.
“En algún momento yo estuve del otro lado del escritorio buscando alguna respuesta migratoria”, recuerda. Esa experiencia explica por qué, hoy, cada expediente que llega a sus manos tiene para él un rostro, una familia y una historia.
El abogado que también se sabe migrante
Nacido en Colón, Panamá, Vernal Farnum Mejía ya era licenciado en Derecho y Ciencias Políticas cuando decidió emigrar. No viajó buscando una carrera profesional ni una aventura. Lo hizo porque necesitaba sostener a su hija, nacida en Estados Unidos, y las oportunidades que encontraba en Panamá no eran suficientes.
“Yo venía aquí por un año… y ya van casi dieciocho”, dice sonriendo. Como tantos latinoamericanos, creyó que la estancia sería temporal. La vida tenía otros planes. Su primer empleo fue en un restaurante McDonald’s de Brooklyn. Después llegó el trabajo como ayudante de electricista y, más tarde, el de empacador en una empresa distribuidora de ropa en Manhattan.
Hoy recuerda aquellas jornadas con gratitud. Habla de ellas como parte de una escuela de vida. “Aprendí unas cuantas cosas de electricidad, pero especialmente a nunca menospreciar el trabajo manual.”
Esos oficios le enseñaron algo que ninguna universidad podía ofrecerle: entender la dignidad del esfuerzo cotidiano y las dificultades que enfrenta quien llega a un país sin contactos, sin recursos y con la obligación de salir adelante.
La decisión de ayudar a los demás
La posibilidad de reunir nuevamente a su familia terminó llevándolo a tomar una determinación que pocos se atreven a asumir. Ingresó al Ejército estadounidense. “Fue una decisión bastante difícil. Pero todo el mundo tiene que perseguir sus sueños.”
Permaneció cinco años en servicio activo. Fue destinado a Killeen, Texas, y ese estado terminaría convirtiéndose en su nuevo hogar. Cuando concluyó su servicio militar Vernal volvió a las aulas. Obtuvo una maestría en Derecho en la Universidad de Texas, en Austin, y posteriormente una segunda maestría en Brooklyn Law School, antes de regresar definitivamente a Texas.
Su primer empleo como abogado fue en una reconocida firma de Nueva York especializada en lesiones personales. Había logrado aquello que muchos inmigrantes consideran la meta definitiva: ejercer la profesión para la que se había preparado.
Sin embargo, sentía que faltaba algo. “Mi corazón no se encontraba en eso.” La respuesta apareció al revisar la propia historia migratoria de su familia. Comprendió que muchos de los sufrimientos que habían vivido: esperas interminables, errores legales, procesos migratorios fallidos e incluso órdenes de deportación, pudieron evitarse con una adecuada asesoría jurídica.
“Muchas de las cosas que lamentablemente le sucedieron a mi familia se debieron a una mala práctica legal o a la falta de un buen consejo legal.” Fue entonces cuando entendió que su experiencia personal podía convertirse en una herramienta para ayudar a otros. “Yo quería algo que verdaderamente me llenara un poquito más. Derecho en Inmigración siempre me proveyó de esa satisfacción extra.”
Mucho más que un expediente
Hoy, desde sus oficinas en Dallas, Fort Worth y Houston, atiende a familias provenientes de distintos países latinoamericanos. Pero insiste en que cada caso representa mucho más que un trámite administrativo. “Inmigración tiene dos capacidades: puede darte la mayor alegría del mundo… pero también puede romperte el corazón.”
Ha escuchado historias de padres separados de sus hijos, jóvenes que crecieron en Estados Unidos sin conocer otro país, mujeres que escaparon de la violencia y personas que nunca pudieron despedirse de sus seres queridos.
“El que no sabe qué se siente tener veinte años sin poder abrazar a su madre, no entiende realmente lo que significa una deportación”. Esa cercanía con el dolor humano explica la empatía con la que ejerce la profesión. “Siempre trato de ponerme en el lugar de la persona que está al otro lado del escritorio”, dijo en un podcast de Spotify.
El inmigrante detrás del abogado
Durante una conversación con la periodista Roxana Asprilla, Farnum explicó que nunca ha dejado de verse como parte de la comunidad a la que representa. “No solamente sabemos qué se siente estar aquí como inmigrantes; conocemos la añoranza, el dolor, la pérdida y la separación.”
Por eso insiste en que el inmigrante merece ser visto desde una perspectiva distinta. “El inmigrante siempre ha dado infinitamente más de lo que ha recibido.”
Después de casi dos décadas en Estados Unidos, dos maestrías, cinco años de servicio militar y cientos de familias acompañadas en sus procesos migratorios, Vernal Farnum sigue creyendo que el mayor logro de su carrera no está en los títulos que cuelgan de una pared. Está en haber transformado su propia historia en un puente para quienes todavía buscan una oportunidad.
Y cuando alguien le pregunta quién es, no habla primero de leyes, tribunales o victorias judiciales. Responde con la misma sencillez con la que llegó a este país: “La mejor forma de definirme es que yo soy un inmigrante.”
Quizá también te podría interesar













