A Rigoberta Menchú Tum, líder indígena k'iche y Premio Nobel de la Paz 1992, está dedicada la Feria Internacional del Libro en Guatemala, Filgua 2026. Presentamos sus palabras de agradecimiento y también su trayectoria en defensa de derechos humanos, educación y multiculturalidad.
La Feria Internacional del Libro en Guatemala 2026 está dedicada a Rigoberta Menchú Tum, una guatemalteca maya k’iche cuya historia de vida se convirtió en un mensaje internacional de identidad, paz y defensa de los pueblos indígenas y quien estuvo presente en la apertura.
“Tenemos una manera de decir: infinitas gracias. Gracias 400 veces por esta oportunidad que me están dando a mis 66 años de edad de ser parte de esta hermosa comunidad guatemalteca, pluricultural, multiétnica, multilingüe, diversa, amorosamente grande en sus diversas dimensiones”.
Con esas palabras, llenas de emoción y gratitud, Rigoberta Menchú Tum recibió la dedicatoria de la Feria Internacional del Libro en Guatemala (FILGUA), una celebración que reconoció su trayectoria, que está ligada a la historia de Guatemala. Comenzó su discurso dando gracias en su idioma materno: el k’iche‘.
En 1992, la líder maya k’iche’ Rigoberta Menchú Tum se convirtió en la primera mujer indígena en recibir el Premio Nobel de la Paz, pero mucho antes de eso, antes de hablar ante universidades, organismos internacionales y escenarios donde se discuten los grandes temas de la humanidad, antes de convertirse en una de las guatemaltecas más reconocidas en el mundo, Rigoberta era una niña maya k’iche’ que caminaba entre los cultivos de maíz de Chimel, en las montañas de Quiché.
Aquel pacífico lugar que se vio golpeado por la violencia del conflicto armado, la pobreza y la exclusión, al punto que la obligaron a convertirse en migrante y buscar refugio para salvar la vida.
Aquella infancia campesina, marcada por la relación con la tierra, la familia y la cultura maya, así como por la búsqueda de justicia y paz, es la inspiración de una voz que sigue representando a los pueblos indígenas de Guatemala ante el mundo.
La niña de Chimel y la fuerza de la identidad maya
Rigoberta Menchú Tum nació el 9 de enero de 1959 en Chimel, Uspantán, Quiché, Guatemala, dentro de una familia campesina maya k’iche’ dedicada a la agricultura. Desde pequeña conoció el trabajo del campo, las tradiciones de su pueblo y una forma de entender la vida en la que la tierra no era solamente un lugar para cultivar, sino un vínculo con los ancestros, la comunidad y las futuras generaciones. Su idioma materno es el k’iche’.
“La identidad no solo es lengua. La lengua que acabo de hablar es la mezcla de dos dimensiones: en un momento me sale la poesía en k’iche’, pero no es la poesía, es la reverencia con que mis palabras deben dirigirse a mis abuelos, abuelas, ancestros”.
— FILGUA 2026
Para ella, hablar en k’iche’ significa mantener vivo un vínculo con quienes caminaron antes y con una civilización que continúa presente en Guatemala.
Discurso en Feria Internacional del Libro 2026
El conflicto armado y el camino de la migración
La historia de Rigoberta Menchú también está marcada por uno de los períodos más dolorosos de Guatemala: el conflicto armado interno que vivió el país entre 1960 y 1996.
Su padre, Vicente Menchú, dirigente comunitario y defensor de los derechos campesinos, murió en 1980 durante el incendio de la Embajada de España en Guatemala. Otros integrantes de su familia también fueron víctimas de la violencia que golpeó a numerosas comunidades indígenas durante aquellos años.
Ante ese escenario, Rigoberta Menchú tuvo que abandonar Guatemala y convertirse en migrante. Como miles de guatemaltecos que huyeron de la violencia, dejó su tierra y encontró refugio en México. Ese país, que recientemente le otorgó la ciudadanía como una distinción honorífica, se convirtió en un lugar de protección y también en el espacio desde donde comenzó a proyectar su voz internacionalmente. Migrante, lejos de su comunidad, continuó su trabajo social y la defensa de los derechos de los pueblos indígenas.
“Porque lo que a mí me traumó en este mundo es justamente el qué dirán, qué dirán los pensadores de Guatemala, qué dirían mis compatriotas, el qué dirán”.
— FILGUA 2026
Una voz que nació en Guatemala y cruzó fronteras
En 1983 se publicó Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, una obra basada en entrevistas realizadas por la antropóloga Elisabeth Burgos-Debray.
El libro permitió que millones de personas conocieran la realidad de Guatemala desde la mirada de una mujer indígena y acercó al mundo la historia de comunidades que durante generaciones habían tenido pocas oportunidades de ser escuchadas. Aquel libro se convirtió en una puerta para que la cultura maya, las experiencias de las comunidades indígenas y la memoria de Guatemala ocuparan espacios internacionales.
“Así me nació la conciencia no solo modificó enormemente la noción de las universidades, de la academia, de la intelectualidad, de todas las personas que realmente están encontrando un poco del sabor de nuestra gigante, hermosa y floreciente civilización maya, sino también para tratar de aplacar las consecuencias de aquella época que vivimos en este país”.
— FILGUA 2026
El Premio Nobel y el reconocimiento mundial
El 10 de diciembre de 1992, Rigoberta Menchú recibió el Premio Nobel de la Paz por su trabajo en favor de la justicia social, la reconciliación y los derechos de los pueblos indígenas. El reconocimiento la convirtió en una de las figuras guatemaltecas con mayor proyección internacional y en una referencia mundial para comunidades indígenas de distintos continentes.
“Yo siempre entendí que la dignidad es profundamente incrustada en la identidad, entonces si yo quiero sentir, vivir, caminar por mi dignidad, tendría que caminar, sentir, florecer, vivir y aspirar una vida tranquila en mi identidad. Y la identidad no solo es lengua, porque la lengua es la mezcla de dos dimensiones: la poesía en k’iche’ es la reverencia con que mis palabras se dirigen a mis abuelos, abuelas y ancestros; y el lenguaje cotidiano, para expresar el profundo cariño a sus hijos y nietos que están en la sala, en los Cuchumatanes, en Alta Verapaz, en el Iximulew, en Quiché, estén donde estén, pero que les llegue una palabra dulce, florida, extraordinaria”.
— FILGUA 2026
Una vida dedicada a la dignidad de los pueblos indígenas
Después del Premio Nobel, Rigoberta Menchú continuó trabajando en iniciativas relacionadas con la educación, la cultura, la paz y los derechos humanos. A través de la Fundación Rigoberta Menchú Tum y de su participación en espacios nacionales e internacionales, impulsó proyectos orientados al reconocimiento de los pueblos indígenas, la igualdad y el diálogo intercultural. Durante FILGUA pudo reunirse con alumnos de la Escuela Pavarotti, sostenida por su fundación en San Lucas Tolimán, Sololá.
Rigoberta Menchú también participó en la vida política de Guatemala como candidata presidencial en 2007 y 2011, buscando abrir espacios para una mayor representación de los pueblos originarios dentro de las instituciones del país. No ganó, pero visibilizó la posibilidad de que Guatemala tuviera algún día un presidente indígena.
“Somos un hito de ese hilo de los ancestros mayas que aquí estamos, hablamos, luchamos, diferenciamos, cuando hay odio, cuando hay rencores, cuando hay racismo, cuando hay discriminación, cuando hay desprecio, cuando hay desigualdades, cuando hay mentiras y todas esas solemnes cosas que ocurren, pero sabemos dónde está el rumbo, porque nunca cerramos la puerta”.
— FILGUA 2026
FILGUA reconoce una historia que sigue caminando
Al hablar sobre la Feria Internacional del Libro en Guatemala, Menchú recordó que los grandes proyectos nacen con esfuerzo, perseverancia y la voluntad de muchas personas. La dedicatoria de FILGUA 2026 reconoce no solamente a una Premio Nobel de la Paz, sino a una mujer maya que transformó una historia nacida en una comunidad rural en un mensaje universal sobre identidad, dignidad y derechos humanos.
“Filgua es un gran proyecto que en el tiempo se convirtió en una huella en los laberintos de este país. Y en los laberintos están insertadas las veredas. Y quien conoce sabe que una vereda puede llevar hasta el volcán”.
— FILGUA 2026
Una voz que sigue abierta al futuro
Rigoberta Menchú continúa hablando al mundo desde la identidad que la acompañó desde la infancia. Su historia es la de una niña nacida en las montañas de Quiché que tuvo que convertirse en migrante, encontró refugio en México y transformó esa experiencia en una misión de vida: ser la voz de quienes no la tuvieron y seguir tendiendo lazos de comunicación y esperanza allí donde otros siembran la cizaña de la polarización. Por eso finalizamos con las palabras de Rigoberta Menchú al inicio de este texto.
“Gracias 400 veces por esta oportunidad que me están dando a mí, a mis 66 años de edad, de ser parte de esta hermosa comunidad guatemalteca, pluricultural, multiétnica, multilingüe, diversa, amorosamente grande en sus diversas dimensiones y, sobre todo, porque aquí viven los verdaderos nietos de una civilización universal que se llama Maya”.
— FILGUA 2026
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