La mecánica que aprendió de niño junto a su papá en Palestina de los Altos, Quetzaltenango, Guatemala, fue el encendido del emprendimiento Morales Auto Services, cuyo local propio inauguró Rogelio Morales junto a su familia en marzo de 2026 en Oklahoma.
En marzo de 2026, el migrante guatemalteco Rogelio Morales vivió junto a su esposa Karla y sus hijos, la realización de una anhelada meta en Oklahoma, donde viven: la inauguración del local propio de su taller Morales Auto Services un logro obtenido con trabajo, sacrificios y esfuerzo familiar. “Bendito mi Padre Dios, ya es propio, ya lo compramos”, exclamó con orgullo, días antes de que ocurriera otro logro: la graduación de High School de su hijo, quien irá a estudiar mecánica a Michigan.
Pero esta historia, como la de tantos guatemaltecos en Estados Unidos, comienza su tierra. Entre camiones, herramientas, motores y marimbas en Palestina de los Altos, Quetzaltenango. “Todo lo traigo de las enseñanzas de mis padres, especialmente mi papá, Aníbal Morales, conocido en la región por su marimba “Gloria Altense” y por su empresa de transporte. “La mecánica la traemos de mi papá”, cuenta. “Mi papá tenía carros, tenía camiones y él mismo les hacía mecánica. Nosotros desde niños trabajábamos al lado de él”.
“Mi papá decía: ‘ahí se van a acordar de mí si no aprenden a hacer esto, porque un día los van a engañar'”. Son palabras sabias que en el momento uno no entiende”. Y esta es la historia de como Rogelio llegó, trabajó y creció en Oklahoma.
La mano de un hermano
Aunque varios hermanos aprendieron mecánica, quien decidió estudiarla formalmente fue Waldemar Morales, graduado en mecánica automotriz en Guatemala. “Trabajamos juntos en Quetzaltenango uno o dos años”, recuerda Rogelio. “Después yo me vine primero para Estados Unidos y al año Waltemar también”.
Rogelio llegó siendo apenas un adolescente. Imaginaba que trabajaría unos años y regresaría rápido a Guatemala. “Según yo solo venía por dos años”, recuerda entre risas. “Mi sueño más grande era tener una troca y un camión”. Primero vivió en Oklahoma con una hermana. Más adelante se trasladó a Arlington, Virginia. “Empecé trabajando en restaurantes, en clubes, donde saliera trabajo”, relata. “Agarré hasta tres trabajos porque mi idea era juntar ganar y regresar rápido”.
Rogelio reconoce que en Guatemala le aconsejaron que siguiera preparándose. “Yo siento que tenía potencial, pero no tenía mente”, admite. “Desaproveché muchas oportunidades”. Después de estar en Virginia, regresó a Oklahoma, donde Waldemar ya trabajaba en un taller mecánico. Fue él quien lo trajo de vuelta al camino mecánico.
“Mi hermano me decía: ‘vente a trabajar con nosotros. Tú tienes la capacidad, ¿por qué no lo haces?’”. Rogelio llevaba años lejos de la mecánica y estaba acostumbrado al trabajo de construcción. “Me dijo: ‘hay una oportunidad y si no la aprovechas, quizá sea la única’. Ahí fue donde volví a empezar la mecánica, lo que yo sabía hacer”.
Morales Auto Services abrió un mes antes
Hace 16 años, los hermanos Morales encontraron un pequeño local para su taller. El contrato de renta iniciaba oficialmente el 1 de enero de 2016, pero el dueño les permitió entrar desde diciembre para limpiar. “Era 1 de diciembre. Abrimos el portón para limpiar el lugar y ese día, un mes antes de la apertura oficial, llegó nuestro primer cliente. ¿Son mecánicos? ¿Me pueden cambiar los frenos? “Ese fue el primer trabajo que hicimos ahí. Y desde ese día no volvimos a cerrar las puertas”.
Con el tiempo, el negocio creció. Primero fue un taller rentado. Luego abrieron una segunda ubicación. “Waldemar consiguió un local propio y me dejó a mi a cargo en el local rentado. En este 2026 yo también tengo mi local propio, y en el rentado se quedó un sobrino a cargo del primer taller”.
El día que su padre visitó el taller
Entre los recuerdos más importantes de Rogelio está la figura de su padre. Don Aníbal falleció hace varios años, pero en vida llegó a visitar Morales Auto Services. “Él no conocía a nadie en Oklahoma, pero cuando estaba en el taller, llegaba gente que lo conocía de Guatemala, ya por la marimba, ya por los camiones. Y se ponían en grandes pláticas”, exclama Rogelio con lágrimas de emoción.
“Mi papá se sentía orgulloso de nosotros”, dice Rogelio con emoción. “Decía que habíamos logrado cosas que él no se imaginaba”.
“Uno se quedaba admirado de cómo la gente lo conocía”, cuenta. “A veces llegaban clientes y terminaban siendo amigos de mi papá desde Guatemala”.
Para Rogelio, la forma de tratar a las personas también viene de sus padres. “Hemos traído eso de ellos”, afirma. “Mi mamá tiene un carácter muy bonito y mi papá igual. La gente los quería mucho y nosotros aprendimos eso”.
¡A eso fue a Arlington!, le digo.
La historia de Rogelio también cambió gracias al amor de su esposa Karla Salazar, también migrante guatemalteca. Rogelio estuvo primero en Oklahoma, después en Arlington, Virginia. Allí, por cuestiones de trabajo conoció primero a quien un día sería su suegra. “Yo digo que Dios me puso las personas exactas en mi vida”, expresa.
“Después ellos vinieron a vivir a Oklahoma. En una fiesta, conocí a Karla. Un hermano de ella estaba alllí y nos presentó. “Es el amor de mi vida”, exclama otra vez con viva emoción. Tienen cuatro hijos: Catherine, Amy, Elma Sofía y Christopher Alejandro. “Ella ha sido mi apoyo, mi compañía en todo este proceso”, resume Rogelio. En 2025 Karla fue Mrs. Guatemala Oklahoma y Morales Auto Services aportó la carroza para el desfile de la Hispanidad, que ganó el primer lugar.
“Primero es el estudio”
Aunque hoy dirige talleres mecánicos y ha logrado estabilidad económica, Rogelio habla con honestidad de las decisiones que tomó siendo joven. “Me arrepiento de no haber seguido estudiando”, admite. “Por eso siempre les digo a mis hijos que primero es la escuela”.
Por esa razón, ver a su hijo Christopher preparándose para ir a estudiar mecánica en un college de Michigan tiene un significado especial. Representa una continuidad distinta del legado familiar: la experiencia que él aprendió trabajando desde niño ahora se combina con educación profesional en la siguiente generación.
“Hoy el arma más grande para salir adelante es el aprendizaje constante y el motor principal de nuestra vida es la unión familiar”, afirma.
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