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A un mes del Mundial de Futbol 2026: altos precios y temor desinflan el entusiasmo: análisis de expertos

Podcaster guatemalteco de deportes en Rhode Island, Nacho Méndez y el comunicador deportivo salvadoreño Omar Cabrera, en Massachussets analizan el ambiente en Estados Unidos a un mes del inicio de la Copa Mundial de Futbol 2026.

A un mes del inicio de la Copa Mundial de Fútbol de 2026, el entusiasmo futbolero que históricamente despierta el torneo más importante del planeta convive en Estados Unidos con otro sentimiento: la incertidumbre. En ciudades con fuerte presencia hispana —ese público que suele llenar estadios, organizar caravanas y convertir los partidos en celebraciones comunitarias— el ambiente previo al Mundial aparece atravesado por el temor migratorio y altos precios de boletos.

La próxima edición del torneo, organizada conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá, será la más grande de la historia. Pero para muchos aficionados latinos radicados en territorio estadounidense, asistir a un partido parece cada vez más lejano.

El podcaster guatemalteco Nacho Méndez, radicado en Providence, Rhode Island, y el periodista deportivo hispano de origen salvadoreño Omar Cabrera describen un panorama marcado por contrastes: emoción genuina por el fútbol, pero también frustración por lo inaccesible que se ha vuelto el evento.

Un Mundial en el patio… pero fuera del alcance

“Este Mundial tiene sentimientos encontrados”, resume Cabrera. “Claro que se siente la emoción porque un Mundial de Ftubol siempre va a ser un Mundial, pero también se siente cierto desencanto económico”.

La conversación gira rápidamente hacia los precios. Entradas originales de cientos de dólares, reventas que duplican o triplican cifras y costos adicionales que convierten cada partido en un gasto reservado para pocos.

“Mil dólares por una entrada me parece algo impagable”, comenta Cabrera al hablar de boletos en zonas relativamente buenas del estadio de Boston. “Si llevas una familia de cuatro personas ya estás pagando cuatro mil dólares solo en entradas”.

Méndez coincide. Desde Providence y el área de Boston ha seguido el comportamiento de los precios y asegura que incluso localidades alejadas del campo superan cifras difíciles de asumir para un aficionado promedio. “Estamos hablando de entradas de 500, 600, 800 dólares… y arriba, casi tocando el cielo”, expresa Nacho. 

Pero el problema no termina en el boleto.

El costo oculto: transporte, parqueos y estadías

Para miles de aficionados migrantes, especialmente trabajadores hispanos que normalmente hacen sacrificios económicos para seguir a sus selecciones, el Mundial parece haberse convertido en una experiencia de lujo.

Cabrera menciona que en el área de Boston los servicios especiales de transporte hacia el estadio rondan los 80 o 100 dólares ida y vuelta. Los estacionamientos, añade, podrían costar al menos otros 100 dólares. “Es una desproporción total”, afirma Méndez. “De toda manera que lo veas, el que sale perjudicado es el fanático”.

A eso se suman costos de vuelos internos -encarecidos por la crisis de combustibles- precios de hoteles y las largas distancias entre sedes. En un país del tamaño de Estados Unidos, seguir a una selección implica desplazamientos mucho más costosos que en otros Mundiales recientes.

La distribución geográfica también pesa sobre la experiencia del hincha latino, que muchas veces depende de trabajos con horarios rígidos y presupuestos limitados.

Estos son los precios de lista de partidos del Mundial de Futbol celebrado en Estados Unidos, México y Canadá este 2026. Son precios aumentan en la reventa, que no es legal pero existe.
Estos son los precios de lista de partidos del Mundial de Futbol celebrado en Estados Unidos, México y Canadá este 2026. Son precios aumentan en la reventa, que no es legal pero existe.

El miedo migratorio y la sombra sobre las tribunas

Pero el factor que ambos consideran más delicado no es económico. “Muchas personas tal vez no van a querer ir al estadio por miedo”, explica Cabrera. “No solo extranjeros; incluso gente nacida aquí siente temor por el ambiente que exist. Los migrantes hispanos somos futboleros y son un público importante… pero dadas las políticas actuales, muchos no se van a arriesgar y se van a quedar en su casa”.

A diferencia de otros Mundiales, donde el torneo suele sentirse como una fiesta abierta, esta vez la situación migratoria en Estados Unidos introduce otra capa de tensión. El temor no se limita a los estadios. También alcanza los “fan fests”, reuniones comunitarias y espacios públicos donde tradicionalmente las comunidades migrantes celebran los partidos. 

“Puede que no suceda nada, pero no puedes disfrutar el espectáculo al cien por ciento sabiendo que podría pasar algo”, dice Cabrera. 

El comentario apunta a una paradoja particular de este Mundial: gran parte del público que llena estadios en partidos de selecciones latinoamericanas o caribeñas está compuesto precisamente por comunidades migrantes.

Mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, hondureños, haitianos, colombianos o ecuatorianos suelen convertir partidos en Estados Unidos en auténticos encuentros culturales. Esa energía ha sido, durante años, uno de los motores reales del fútbol internacional en territorio estadounidense. “Ahora, muchos podrían optar por ver el torneo desde casa, especialmente quienes no tienen una residencia legal, pero necesitan estar aquí para seguir trabajando”, añade Méndez.

Un entusiasmo que no desaparece, pero cambia

Pese a todo, los entrevistados  hablan de un entusiasmo contenido. “Tal vez las cosas cambien cuando empiece a rodar el balón”, reflexiona Cabrera. “Porque al final un Mundial sigue siendo un evento de emoción y tradición”.

El propio Méndez reconoce que el fútbol conserva una capacidad difícil de reemplazar dentro de las comunidades hispanas. Las conversaciones siguen existiendo, las selecciones generan expectativa y los estadios probablemente vivirán noches memorables. Pero el ambiente previo dista de aquella euforia espontánea que suele acompañar las semanas antes de una Copa del Mundo.

Incluso prácticas culturales asociadas al deporte en Estados Unidos han generado tensiones. Cabrera menciona la polémica inicial por la prohibición del tailgating —las reuniones y parrilladas previas a los partidos en estacionamientos— una tradición profundamente arraigada en el deporte estadounidense y que finalmente fue autorizada tras críticas de aficionados.

Son detalles que, sumados, alimentan la percepción de un Mundial altamente comercializado y menos accesible para el aficionado común.

Estados Unidos tiene la mayor cantidad de estadios con partidos del Mundial de Futbol,algunos en Estados con fuerte presencia migrante hispana.
Estados Unidos tiene la mayor cantidad de estadios con partidos del Mundial de Futbol,algunos en Estados con fuerte presencia migrante hispana.

El Mundial de las comunidades… visto desde lejos

En ciudades como Boston, Providence, Nueva York, Los Ángeles o Houston, el fútbol no es un deporte marginal. Es parte de la identidad cotidiana de millones de migrantes. Por eso, la discusión sobre el Mundial 2026 en Estados Unidos no gira únicamente alrededor del balón. También habla del acceso, del costo de pertenecer a la fiesta y del clima social que rodea a las comunidades que históricamente más pasión han aportado al torneo.

Y quizá esa sea una de las imágenes más particulares de este Mundial: el torneo más grande del planeta llegando a un país donde muchos de sus aficionados más apasionados no saben todavía si podrán vivirlo de cerca es la conclusión de ambos expertos, quienes esperan que esto no opaque la fiesta ni deje demasiados espacios vacíos en los estadios.

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Gustavo Montenegro Director Editorial, SoyMigrante.com REVISTA
Periodista, escritor, contador de historias. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Fue docente universitario y ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y 2022. Actualmente dirige SoyMigrante.com/revista
Periodista, escritor, contador de historias. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Fue docente universitario y ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y…

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