Una mujer llegaba a dejar flores a una tumba del cementerio La Verbena, zona 7 de Guatemala. Iba vestida de negro. Siempre lloraba. Encargó al jardinero que mantuviera limpia la tumba y él así lo hizo, hasta que un día...
Dicen quienes visitan el Cementerio La Verbena, en la zona 7 de la Ciudad de Guatemala, que cuando cae la tarde, entre mausoleos y lápidas, puede aparecer un niño vestido de marinerito, jugando como si la muerte nunca lo hubiera alcanzado.
La historia se remonta, según cuentan, a la década de 1960. El pequeño había muerto atropellado en la avenida Reforma y su madre, desconsolada, acudía todos los días a visitar su tumba. Siempre vestida de negro, procuraba que el lugar permaneciera limpio y adornado, especialmente cuando se acercaba el cumpleaños de su hijo.

Un día, la mujer le pidió a Efraín, el sepulturero, que cuidara el mausoleo. Él aceptó, pero una tarde, después de las seis, cuando llegó para cumplir el encargo, vio a un niño vestido de marinerito que jugaba con una pelota junto a la tumba.
Al principio no le dio importancia. Pensó que quizá era el hijo de alguna familia que había llegado a visitar a un difunto. Sin embargo, cuando volvió la mirada hacia el pequeño, unos instantes después, ya no estaba. Recorrió los alrededores y buscó entre los mausoleos, pero no encontró rastro de él.

El retrato junto a la lápida
Días después, Efraín regresó para terminar el trabajo pendiente. Al acercarse a la tumba, vio nuevamente al niño. Junto a la lápida había una fotografía que su madre había dejado como recuerdo.
El sepulturero se detuvo, miró la imagen y sintió que un frío le recorría la espalda: era el mismo pequeño que aparecía en la fotografía, vestido de marinerito. Siguió trabajando y de pronto, al voltear: allí estaba, jugando. Armándose de valor, Efraín le preguntó quién era y qué hacía allí.
El niño lo miró serenamente y respondió que al día siguiente sería su cumpleaños y que por favor le dijera a su mamá que ya no llorara, que lo dejara descansar en paz.

El misterio de La Verbena
Después de aquel encuentro, cuentan que Efraín desapareció sin dejar rastro. Nadie volvió a saber de él. Algunos aseguraban que el espíritu del niño se lo había llevado; otros preferían no hablar del asunto.
Desde entonces, hay quienes dicen haber visto al pequeño marinerito jugando entre las tumbas, como si esperara que alguien llegara a buscarlo.
El Cementerio La Verbena fue creado en 1935. Desde entonces, sus senderos han guardado incontables historias de despedidas y recuerdos. Pero, según la leyenda, cuando la tarde comienza a oscurecer y se escucha un rumor entre los mausoleos es mejor rezar.


















