Cultura de Guatemala

Un joven de buen corazón y el espejo mágico: una leyenda de Jutiapa

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Este relato es una fábula didáctica sobre un joven que vivía con su abuela pero eran muy pobres. Un día él decidió migrar en busca de futuro. En el camino encontró situaciones en las cuales decidió si debía ayudar o no....

Había una vez una anciana muy pobre que vivía con su nieto en una cabaña muy humilde de adobe y techo de madera. Él trabajaba en el campo lo que podía pero apenas les alcanzaba para comer. Un día, preocupado por la situación en que se encontraban, el muchacho le dijo:

—Abuelita, voy a rodar el mundo. Voy a ir a buscar futuro en otra parte. Tal vez lejos encuentre algo que nos ayude a mejorar nuestra vida.

La abuela lo bendijo y preparó su mochila. El joven emprendió el camino. Después de andar mucho vio que un aguilucho estaba atrapado entre los bejucos de un árbol. 

Intentaba soltarse y no lo lograba.

El joven trepó al árbol y empezó a desenredar al aguilucho hasta que por fin quedó libre. Estre regresó para agradecerle..
El joven trepó al árbol y empezó a desenredar al aguilucho hasta que por fin quedó libre. Estre regresó para agradecerle..

Armándose de valor y compadecido del animal, el joven subió, lo liberó. El aguilucho, agradecido, le dio una pluma y le dijo:

—Cuando necesites mi ayuda, llama: «Plumita, por la virtud que Dios te ha dado, que venga el aguilucho», y acudiré. Continuó su viaje el muchacho.

Más adelante llegó al mar y encontró una ballena encallada en la arena. Con mucho esfuerzo logró empujarla para devolverla al agua. La ballena le entregó una espinita y le dijo:

Aunque sabía que podría significar un gran esfuerzo, el joven ayudó a la ballena que había encallado a moverse hacia el agua. De otra manera ella habría muerto.. pero cuando logró volver al mar, ella le agradeció y le dijo que cuando necesitara su ayuda que la llamara:
Aunque sabía que podría significar un gran esfuerzo, el joven ayudó a la ballena que había encallado a moverse hacia el agua. De otra manera ella habría muerto.. pero cuando logró volver al mar, ella le agradeció y le dijo que cuando necesitara su ayuda que la llamara:

—Cuando me necesites, llámame con estas palabras: «Espinita, por la virtud que Dios te ha dado, que venga la ballena».

Después encontró una zorra que iba huyendo. La perseguían varios perros. La arrinconaron, pero el muchacho en su buen corazón decidió arriesgarse: espantó a los perros y le salvó la vida. La zorrita, agradecida, le regaló un mechoncito de pelo:

—Cuando necesites mi ayuda, llámame y vendré.

El muchacho guardó los tres regalos y siguió su camino.

El joven se compadeció de la zorrita que estaba acorralada por feroces perros; se armó de valor y los espantó gritando y amenazándolos con una rama. Al verse fuera de peligro, la zorra le dijo que cuando necesitara un favor ella le ayudaría.
El joven se compadeció de la zorrita que estaba acorralada por feroces perros; se armó de valor y los espantó gritando y amenazándolos con una rama. Al verse fuera de peligro, la zorra le dijo que cuando necesitara un favor ella le ayudaría.

El desafío de la princesa

Llegó finalmente a un pueblo, donde consiguió un trabajo humilde en los establos del palacio. Allí supo que la hija del rey poseía un espejo mágico capaz de encontrar a cualquier persona, sin importar dónde se escondiera.

La princesa hacía apuestas con todo aquel que quisiera desafiar a su poderoso espejo mágico. El rey había prometido que quien lograra esconderse de ella se casaría con la princesa y recibiría la mitad del reino. Tendría tres oportunidades para ocultarse, pero si fallaba en las tres, sería ejecutado. El muchacho decidió arriesgarse.

Para la primera prueba el muchacho llamó al aguilucho. El ave lo llevó hasta muy cerca del sol, en lo alto de un gran risco y lo escondió entre sus alas. La princesa intentó buscarlo durante horas a través del espejo, hasta que logró distinguir al joven escondido.

En el segundo intento, el joven llamó a la ballena. Esta lo llevó hasta el centro del mar y lo escondió dentro de su boca. La princesa buscó con su espejo por la tierra, el aire y el mar, hasta que finalmente descubrió su escondite.

El espejo de la princesa podría descubrir a cualquier persona aunque estuviera escondida... y en los dos primeros intentos, logró ver donde estaba el joven.
El espejo de la princesa podría descubrir a cualquier persona aunque estuviera escondida... y en los dos primeros intentos, logró ver donde estaba el joven.

Solo quedaba una oportunidad. El muchacho llamó entonces a la zorrita y le contó lo ocurrido. Los zorros son animales muy astustos, así que ella pensó durante un momento y le dijo:

—La princesa puede registrar la tierra, el mar y el aire, pero estoy segura que hay un lugar que su espejo no alcanza: debajo de la mesa donde está colocado.

La zorrita convocó a los animales del bosque. Topos, armadillos, tepezcuintles y otros animales cavaron durante toda la noche un túnel secreto hasta el palacio. Antes del amanecer, el muchacho logró salir por un agujero debajo de la mesa del espejo y los animales cubrieron nuevamente el túnel.

Pero en el tercer intento, el espejo ya no pudo localizar al joven, porque se encontraba exactamente allí mismo con él.
Pero en el tercer intento, el espejo ya no pudo localizar al joven, porque se encontraba exactamente allí mismo con él.

El último escondite

La princesa comenzó su búsqueda. Registró la tierra, el mar y el aire. Vio al aguilucho cerca del sol, pero no encontró al muchacho. Buscó a la ballena y tampoco. Pasaron las horas y la princesa, desesperada, rompió el espejo contra el suelo. 

Con el golpe, la mesa cayó y el muchacho salió de su escondite. Rápidamente tomó el contrato que garantizaba su premio.

—¡Tan cerca lo tenía y no pude encontrarlo! —exclamó la princesa. El joven le contó su historia y cómo había logrado convencer a los animales para que le ayudaron. Ella se dio cuenta de su gran corazón.

Mientras tanto, el pueblo celebró al joven como un gran vencedor. El rey tuvo que cumplir su palabra: el muchacho se casó con la princesa y recibió la mitad del reino. 

Entonces el joven mandó a buscar a su abuelita. La llevó a vivir con él y, desde aquel día, ya no les hizo falta nada: pero el joven, como nuevo príncipe y heredero, siempre ayudó a la gente del pueblo.

Y así se cuenta que aquel muchacho, que salió a «rodar tierras» buscando fortuna, encontró mucho más de lo que esperaba: un reino, una esposa y una vida nueva, gracias a las buenas acciones que había hecho en el camino.

El joven se casó con la princesa y llevó a su abuelita a vivir con ellos: en adelante se dedicó a trabajar y a seguir ayudando a quien podía.
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Somos una plataforma que busca reconocer y dignificar a los migrantes guatemaltecos en los Estados Unidos. Producimos contenidos con el fin de contribuir a su desarrollo personal, familiar y comunitario.
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