La mañana del 9 de mayo un rayo de esperanza llegó a dos albergues migratorios fronterizos en Tijuana, México: voluntarios de la Red Migrante Guatemalteca en California les festejaron el Día de las Madres.
Entre tiendas de campaña, colchonetas improvisadas y pertenencias guardadas en bolsas y maletas, muchas madres migrantes sobreviven día tras día en la frontera norte de México. La incertidumbre se ha convertido en parte de la rutina: despertar sin saber cuándo llegará una respuesta, cuándo podrán cruzar o cuánto tiempo más deberán esperar lejos de casa.
En los albergues de Tijuana, familias completas llevan más de un año y medio aguardando procesos de asilo o protección humanitaria en Estados Unidos. Allí, el tiempo parece detenerse entre filas, trámites y noches cargadas de nostalgia. Pero este Día de la Madre, por unas horas, la tristeza dio paso a la música, los abrazos y las palabras de esperanza.
Voluntarios de la Red Migrante Guatemalteca realizaron una jornada humanitaria en dos albergues fronterizos, donde compartieron alimentos, regalos y un convivio especial para madres y familias migrantes: el Centro de Madres Deportadas en Acción y al albergue Juventud 2000.
“Llevamos acción y palabras de esperanza”
Walter Batres, presidente de la Red Migrante Guatemalteca, explicó que la misión del grupo fue acompañar emocionalmente a las madres y familias que viven en incertidumbre mientras esperan procesos de protección o asilo.
“Llevamos palabras de esperanza para madres migrantes en la frontera de Tijuana, México”, expresó Batres.
Los voluntarios de fe y acción salieron desde las 4:30 de la madrugada del 9 de mayo de 2026 para recorrer casi tres horas de camino y así poder llegar al encuentro con las familias refugiadas.
Al llegar a cada albergue brindaron un convivio donde sirvieron alimentos tradicionales mexicanos, entregaron obsequios y compartieron un pastel en celebración del Día de la Madre.
Más de un año y medio esperando
Varias de las personas que participaron en la actividad permanecen varadas en la frontera norte de México, aguardando respuesta a sus solicitudes migratorias mientras intentan sostener la esperanza en medio de la incertidumbre.
La celebración buscó recordarles a las madres que no están solas y que existen organizaciones y comunidades migrantes que continúan acompañando sus procesos, aun en medio de las dificultades. “Hubo sonrisas y lágrimas, hubo gratitud por el detalle, que fue sencillo pero de todo corazón y que forma parte ya de una tradición impulsada por Red Migrante Guatemalteca, que en estas fechas simbólicas organiza actividades en refugios migratorios fronterizos”, informó Walter Batres.













