"El peso de las ausencias": fragmento del libro Cuando el Corazón no emigra, de la escritora y madre migrante guatemalteca Eugenia Zacarías, radicada en Nueva York, disponible en Amazon en español o inglés.
No siempre es fácil explicar lo que sentimos. A veces el corazón de una madre está tan lleno de sentimientos que las palabras se quedan pequeñas.
A veces lo que sentimos pesa tanto que es imposible encontrar cómo explicarlo. No porque no queramos hablar, sino porque el alma misma no sabe por dónde empezar.
- Quisiera poder transmitir a mis hijos, a mi familia, todo lo que he sentido a lo largo de este camino.
- Quisiera poder explicarles el amor que estuvo en cada decisión, cada sacrificio, en cada silencio. Pero hay sentimientos que no caben en una conversación. Hay dolores que no se pueden resumir en unas pocas palabras…
¿Cómo explicar la soledad de estar lejos?
- ¿Cómo describir la sensación de ver crecer a tus hijos en la distancia? ¿De perderte momentos que solo suceden una vez?
- ¿Cómo hacerles entender que aunque la distancia física existe, el amor nunca se ha alejado ni un solo segundo.
- ¿Cómo explicar también que, aunque uno de mis hijos estaba conmigo, no era porque la amara más?
No era porque ella fuera la preferida o porque llenara un espacio que nadie más pudiera ocupar. La amo con todo mi ser como a mis otros dos hijos. Y aunque su compañía me llenaba de amor, aun así me dolía no tener a todos juntos.
Quería decirle que sus abrazos, su risa, su amor, fueron la luz de mis días más oscuros. Que su presencia era y es un regalo que Dios me concedió para no perder la esperanza.
Pero también quisiera que supiera que mis lágrimas no eran porque su amor no fuera suficiente. Eran lágrimas por la ausencia de sus hermanos. Porque ese vacío que solo quienes hemos vivido separados de los que amamos pueden entender.
El amor no se divide, el amor se multiplica.
En mi corazón cada uno de mis hijos tiene un lugar único, irreemplazable, eterno. Y aunque la distancia doliera, siempre encontraba pequeños milagros en el día a día. Al sonar del teléfono, un mensaje inesperado, una llamada breve, una fotografía enviada sin aviso. Cada detalle que ellos me mandaban era como una chispa de vida, como una caricia al corazón cansado.
En esos instantes me sentía cerca de ellos, como si por un momento la distancia dejara de existir. He tratado de hacer unión a través de la tecnología, aunque quizá no lo vean así, cada vez que los veo o los escucho a través de una pantalla, recibo el impulso necesario para seguir adelante.
Cada palabra, cada imagen, cada saludo es para mí una promesa viva de que Dios tiene preparado ese tiempo tan anhelado en el que algún día podamos volver a estar todos juntos.
No es fácil explicar el peso de las ausencias.
- No es fácil explicar las noches en vela, los días de trabajo duro, las lágrimas escondidas detrás de una sonrisa de ánimo.
- No es fácil explicar el miedo, la culpa, la nostalgia, el deseo constante de abrazarlos a todos y la impotencia de no poder hacerlo cuando más lo necesitaba.
A veces pareciera que solo vieran lo que faltó, la presencia en una graduación, en un cumpleaños, en una enfermedad, y entiendo que duele…..
Pero también deseo que algún día puedan ver lo que nunca faltó: el amor incondicional, el pensamiento constante, las oraciones silenciosas, el esfuerzo diario para que ellos pudieran tener más y mejores oportunidades.
Cualquier sacrificio, aunque invisible, fue hecho por amor. Cada renuncia fue por ellos. Cada lucha fue impulsada por su nombre, por su futuro, por su felicidad.
A veces quisiera gritar todo lo que callé.
- A veces quisiera escribir cada lágrima que escondí.
- A veces quisiera que pudieran ver el mundo a través de mis ojos, aunque fuese solo por un instante.
Pero también he aprendido que el amor verdadero no siempre necesita ser explicado. El amor verdadero está en las acciones, en la constancia, en la entrega silenciosa que no busca aplausos ni reconocimientos.
Reflexión final: el amor no siempre se entiende, pero siempre se siente. Las palabras no alcanzan a veces, pero el amor cuando es real deja huella. No en los discursos, sino en las entregas cotidianas, en los actos callados, en la fidelidad sin condiciones.
- Un día, quienes no comprendieron tus silencios entenderán tus sacrificios.
- Y cuando lo hagan, descubrirán el verdadero lenguaje del amor.
El libro Cuando el corazón no emigra está disponible, en inglés y español, por Amazon
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