Óscar Perén (1951-2025) retrató con ingenio y encanto la vida cotidiana de su natal San Juan Comalapa: mercados, autobuses, ferias, danzas y más momentos quedaron plasmados con memoria pictográfica.
“Mi forma de pintar son costumbres, tradiciones, leyendas, historias del pueblo”. Con esa frase, pronunciada durante una entrevista concedida a la periodista Ingrid Roldán, de Prensa Libre en 2002, el pintor maya kaqchikel Óscar Eduardo Perén Chonay resumía la esencia de una trayectoria artística que se prolongó por más de cinco décadas. Falleció en 2025, pero su legado sigue vivo, sobre todo porque muchas escenas y lugares que pintó, hoy ya no existen por obra y gracia del tiempo.
Nacido en 1959 en San Juan Comalapa, Óscar Perén comenzó a pintar desde muy pequeño. Su formación artística inició junto al maestro Andrés Curruchich, considerado el pionero de la pintura maya contemporánea en Guatemala. Bajo su influencia desarrolló un estilo propio que, sin abandonar el arte naíf, incorporó una mirada profundamente documental sobre la vida cotidiana, las tradiciones y la memoria colectiva de su pueblo. Pero no podía vivir del arte.
Fue electromecánico y agricultor antes de ser pintor
Cuando me casé en el año 1970 tenía un trabajito de electromecánico. Empecé a trabajar en el campo ganando 50 centavos. Un alcalde de Comalapa, Alejandro Chalí me dijo: mira Guayo, Oscar Eduardo es mi nombre. Buscate a alguien que nos pinte unos rótulos. En eso cuando el volteó me dijo ¿y por qué no lo hacés vos?”
“Empecé a trabajar, cuando mi esposa me vio me dijo ¿y por qué no te ponés a pintar cuadros”. Pero igual no sse vendían. “Agarro por el Mercado Central encuentro a un gringo que estaba aperchando mercadería en un carro y le digo. ¿Señor, nome quiere comprar mis pinturas? Me dio 100 por cada una, eran cuatro”, contó a la periodista Roldán.
Esa venta marcaría el inicio de una carrera que con el tiempo lo llevaría a exponer en Suiza, Alemania, Suecia, Noruega, China y Estados Unidos. Su trabajo también fue incluido en la publicación Arte Naïf Guatemala: Pintura maya guatemalteca contemporánea, auspiciada por la UNESCO, reconocimiento que consolidó su prestigio como uno de los principales representantes de la pintura maya contemporánea.
El cronista pictórico de Comalapa
Mientras muchos artistas buscaban inspiración en paisajes o escenas idealizadas, Óscar Perén decidió mirar hacia su propia comunidad. Sus lienzos retratan mercados, procesiones, ferias patronales, ceremonias religiosas, bandas escolares, labores agrícolas, celebraciones familiares y episodios transmitidos por la tradición oral.
Una de las características más reconocibles de su obra son los grandes globos de papel que aparecen flotando sobre muchas escenas. No eran un simple recurso decorativo. El propio artista explicaba a Roldán que esos globos anunciaban las fiestas patronales de Comalapa y simbolizaban la invitación que el pueblo hacía a las comunidades vecinas para participar en sus celebraciones. Con el paso del tiempo se transformaron en una auténtica firma visual de su trabajo.
Memoria plasmada con magia y encanto
Perén afirmaba que muchas de las escenas que llevaba al lienzo ya habían desaparecido. Por ello solía decir que pintaba “el Comalapa de ayer”. Su interés consistía en preservar costumbres, leyendas e historias que escuchó desde niño, muchas de ellas transmitidas por su padre y por los ancianos de la comunidad.
Entre esos relatos se encontraba el origen del antiguo nombre del municipio: Chi Q’al, expresión kaqchikel que significa “tierra de las brasas” o “pueblo quemado”. Investigó esa tradición conversando con vecinos de edad avanzada y posteriormente la convirtió en una serie de pinturas que rescatan una parte importante de la memoria histórica local.
Pero su obra no se limitó a las celebraciones y tradiciones. También abordó los momentos más difíciles vividos por su comunidad. Durante el conflicto armado interno fue testigo de la violencia que afectó a San Juan Comalapa, experiencia que trasladó a varios de sus lienzos con enorme sensibilidad y valentía.
El arte también cuenta la historia
Entre sus obras más conocidas figuran La noche del zafarrancho, inspirada en el enfrentamiento entre grupos católicos conservadores y reformistas ocurrido en 1967; La cárcel, basada en una experiencia personal tras haber sido detenido; Chiq’aal y Secuestros, incendios y asesinatos en Comalapa, donde retrató la violencia que marcó la historia de su municipio.
Estas piezas demostraron que el arte naíf también podía abordar temas complejos y dolorosos. Sin abandonar su lenguaje característico, Perén documentó acontecimientos históricos desde la mirada de quienes los vivieron, otorgando a su pintura un valor que trasciende lo artístico para convertirse en un importante registro cultural y social.
Su calidad artística fue reconocida en tres ediciones de la Bienal de Arte Paiz, especialmente en la XXII edición, donde varias de estas obras fueron presentadas al público como parte de una propuesta que combinaba memoria, identidad y patrimonio cultural.
Un legado que permanece
Óscar Perén falleció en marzo de 2025, pero su obra continúa hablando por él. Cada uno de sus cuadros conserva escenas que quizá ya no existen, personajes que marcaron la historia de Comalapa y tradiciones que siguen vivas gracias a la pintura. Más que representar paisajes o costumbres, construyó un archivo visual donde convergen la memoria, la identidad y la historia de un pueblo.
Con un estilo inconfundible y una mirada profundamente humana, logró que la pintura se convirtiera en un puente entre generaciones. Sus lienzos permiten comprender cómo vivía, celebraba, sufría y soñaba la comunidad maya kaqchikel de San Juan Comalapa. Ese es, probablemente, su mayor legado: haber demostrado que el arte también puede preservar la memoria colectiva de un país.
Un maestro generoso
Óscar Perén siempre entendió que el arte debía compartirse. Durante décadas abrió las puertas de su galería, ubicada en la entrada de San Juan Comalapa, donde trabajó junto a sus hijos Edgar y Orlando, además de orientar a numerosos jóvenes interesados en la pintura.
Uno de sus discípulos más reconocidos es Filiberto Chalí, a quien conoció cuando apenas era un niño. En una entrevista recordó que el padre del pequeño únicamente le pidió ayudar a formar a su hijo como artista. Años después hablaba con orgullo de su evolución y de la nueva generación de pintores que surgió en Comalapa.
Su filosofía de enseñanza nacía de una frase que repetía constantemente y que, según contaba, le había dicho su esposa: “A vos ya te dieron; ahora te toca dar”. Esa sencilla reflexión resumía su compromiso con la formación de nuevos artistas y con la continuidad de la pintura maya contemporánea.
Sin embargo, los primeros años no fueron fáciles. Debido al Conflicto Armado de Guatemala, casi no había visitantes en Comalapa: “Económicamente la pasé muy mal. El turista extranjero no llegó por una gran temporada a Comalapa.













