Manuel Jesús de la Cruz Tot murió el 11 de julio de 1815, encarcelado por haber participado en la Conjura de Belén: reuniones de impulsores de la independencia que fueron delatados y arrestados. Tot pidió que lo enterraran con las mismas cadenas.
Ocho años antes de que Guatemala proclamara su independencia de España en 1821, el indígena q’eqchi’ Manuel Jesús de la Cruz Tot ya había desafiado el orden colonial. Comerciante, intérprete y estudiante de gramática, Tot llegó a convertirse en uno de los protagonistas de la Conspiración de Belén, movimiento que en 1813 intentó organizar un levantamiento contra las autoridades españolas y planteó la independencia. Civiles y religiosos se reunían secretamente en el Convento de Belén, en la ciudad de Guatemala, pero fueron descubiertos por un delator.
Nacido en 1779 en Cobán, Alta Verapaz y con raíces en la aldea Chinimlajum, Manuel Jesús de la Cruz Tot (también citado por varios historiadores como Manuel Salvador de la Cruz Tot) creció en un entorno rural. Desde los cinco años acompañó a su padre en las labores agrícolas, pero a los seis su inteligencia llamó la atención de los frailes dominicos, quienes se hicieron cargo de su educación.
En el convento de Cobán aprendió a leer, escribir y hablar castellano, también latín, y sirvió como acólito. Sus viajes junto a los religiosos le permitieron conocer de cerca las condiciones en que vivían las comunidades indígenas q’eqchi’, poqomchi’ y achi.
De intérprete a dirigente comunitario
Aquellas experiencias marcarían su trayectoria. Manuel Jesús de la Cruz Tot conoció las haciendas dominicas de San Nicolás y San Jerónimo; pudo atestiguar el trabajo forzoso que pesaba sobre indígenas y esclavos africanos. Más tarde vivió en el convento dominico de Guatemala, donde continuó sus estudios.
Antes de cumplir 20 años ya trabajaba como intérprete en el cobro de los repartimientos de algodón para el alcalde mayor de Cobán. Poco después Manuel Salvador de la Cruz Tot se dedicó al comercio por los ríos Polochic y Salinas-Chixoy, con productos como maíz, algodón y sal. Su conocimiento de las comunidades y de las autoridades coloniales lo convirtió en un intermediario con influencia política e interlocutor con los Principales, es decir los ancianos de mayor respeto en las comunidades.
Su relación con el poder colonial no fue de simple colaboración. Ciertos historiadores han intentado poner en duda su liderazgo indígena, al señala que contribuía a oprimir a su pueblo; sin embargo, a través de esta labor buscaba ayudarlos. Tot participó en un movimiento de resistencia pacífica contra los cobros excesivos de los repartimientos de algodón. Fue encarcelado en 1800 y liberado poco después, ante el temor de que su detención provocara un nuevo levantamiento.
En 1802, cuando tenía unos 23 años, el Consejo de los Principales de Cobán le confió la representación de las comunidades ante las autoridades de la Audiencia para intentar frenar los abusos de funcionarios, encomenderos e incluso ciertos sacerdotes dominicos.
Luchó contra la opresión
También fue uno de los líderes de los motines de 1801 y 1803, vinculados con el excesivo cobro de impuestos y repartimientos, el despojo de tierras comunales y la explotación del trabajo de las mujeres q’eqchi’. Después de ambos episodios fue apresado e interrogado, pero volvió a ser liberado. En cartas dirigidas a líderes comunitarios de Cahabón y Cobán, propuso acciones de resistencia pacífica contra los tributos.
Su posición fue incluso cuestionada por algunos de los principales q’eqchi’. En una carta de 1810, Tot dejó constancia de los reclamos que recibía por haber participado anteriormente en el cobro de tributos. Había asumido una posición cada vez más crítica frente a las prácticas de extracción y despojo.
Los religiosos españoles llegaron a describirlo como un hombre de “genio bullicioso, inquieto, perturbador de la paz” y atribuyeron a su influencia la “desobediencia” de los indígenas.
Manuel Tot y la Conspiración de Belén
Para 1813, Tot ya no era solamente un intermediario entre las comunidades y las autoridades: era un dirigente político con años de experiencia en conflictos coloniales. Ese año se incorporó a la Conspiración de Belén, en la capital de Guatemala: un movimiento integrado por civiles, militares, sacerdotes, mulatos e indígenas que buscaba desafiar a las autoridades españolas y avanzar hacia la independencia de Guatemala.
Los conspiradores se reunían clandestinamente en una sala del convento Belemita y elaboraban un plan que contemplaba capturar al capitán general de Guatemala, exigir la liberación de presos políticos encarcelados en Granada, Nicaragua, y proclamar la independencia de España.
En ese proyecto, Tot propuso una alternativa que mostraba la dimensión de su liderazgo: ofreció el respaldo de 15 mil campesinos q’eqchi’ que podían marchar hacia la capital. Sus compañeros rechazaron la propuesta.
Al tratar de lograr apoyo militar para su movimiento, la conspiración fue descubierta y sus integrantes fueron capturados en diciembre de 1813 en el Convento de Belén. Los indígenas condenados a muerte por horca, entre ellos Manuel Tot, mientras que a los ladinos se les sentenció a cárcel o exilio.
Prisión, tortura y muerte
Manuel Tot logró escapar de prisión junto con otros compañeros. Se ocultó y estaba en camino hacia México mientras llevaba noticias de un próximo levantamiento en El Salvador. En febrero de 1814, cuando ya estaba en San Marcos, cayó enfermo. Se refugió en la casa de un compañero y por la gravedad de sus síntomas, pidió un sacerdote para confesarse. Sin embargo, se señala al fraile Mariano López Rayón de haberlo delatado: llegó al lugar acompañado de militares españoles y lo entregó a las autoridades.
Encadenado, Tot fue trasladado desde San Marcos hasta la capital en duras condiciones. Fue salvajemente torturado y sometido a insalubres condiciones. Sin embargo, durante su juicio declaró la causa de la libertad de su pueblo como su única motivación.
Manuel Tot murió en prisión el 11 de julio de 1815, seis años antes de la declaración de independencia de Centroamérica.
Una vida por la libertad y dignidad
La figura de Tot ha trascendido la Conspiración de Belén. Algunos libros de texto lo reconocen como uno de los próceres de la independencia de Guatemala, mientras que en el Parque Central de Cobán una estatua realizada por el escultor Rodolfo Galeotti Torres lo representa encadenado, con una actitud desafiante: debido a que Manuel Jesús de la Cruz Tot pidió como última voluntad que lo enterraran con las cadenas puestas, para testimoniar la injusticia de la cual era víctima.
Su viuda Josefa Morales reivindicó su figura
Después de la muerte de Tot y sobre todo después de la Independencia de 1821, su viuda, Josefa Morales, sostuvo durante años que él había luchado por “la libertad de los pueblos indígenas” y no por una independencia entendida únicamente desde los intereses criollos.
La viuda de Tot tuvo que enfrentar la pobreza y efectuar duras labores para mantener a sus cinco hijos. Después de la independencia solicitó ante el nuevo gobierno un puesto como maestra, pues ella también había aprendido a leer y escribir en un país donde la mayoría de indígenas eran considerados analfabetos, por resistirse a aprender el idioma de los conquistadores.
Por eso, Manuel Tot puede ser visto como un precursor de la independencia desde una perspectiva distinta: la de un dirigente q’eqchi’ que conoció desde dentro las estructuras coloniales, utilizó la educación que había recibido para defender a las comunidades y pasó de mediador a opositor.













