A través de la iniciativa We Solve, la ingeniera guatemalteca Eleanor Menchú (actualmente en Austria) busca alternativas de solución a problemas guatemaltecos mediante networking e innovación: por ello ganó el premio de la fundación Luis von Ahn.
A sus 23 años, Eleanor Menchú está en Viena, Austria, pero su mirada ha estado y sigue puesta en Guatemala y en los grandes desafíos que afectan al país, pero que también se pueden identificar en otras naciones. Desde allí surgió la idea e impulso de WeSolve, una iniciativa que busca conectar a jóvenes, empresas, gobiernos y organizaciones para construir soluciones colaborativas.
Su trabajo acaba de recibir el Premio Visionario de la Fundación Luis von Ahn, un reconocimiento que, lejos de considerar como una meta cumplida, ella interpreta como una invitación a seguir soñando en grande. “Estamos empezando, pero es una gran señal de esperanza”, dice Eleanor al hablar del premio. Y esa frase resume buena parte de su historia.
Porque antes de estar en Austria, recorrer ecosistemas de innovación en Europa y trabajar en una red internacional de jóvenes, vivió, creció y trabajó en Villa Nueva, Guatemala, donde comenzó a descubrir que los problemas sociales podían abordarse desde ángulos innovadores, pero que nadie tiene todas las respuestas en lo individual. “Debemos hacer pedazos los problemas, para dividirlos y encontrar soluciones a través de la colaboración y la inteligencia colectiva”, dice.
Una curiosidad que no cabía en una sola carrera
Eleanor nació en Escuintla, donde sus padres residían entonces, pero creció en Villa Nueva. También estudió en Sacatepéquez y en la ciudad de Guatemala. Desde pequeña se describe como una persona curiosa, interesada por cosas diferentes entre sí: Matemáticas, literatura, ciencias, historia. Por eso, cuando llegó el momento de escoger una carrera, encontró una dificultad que fue ventaja.
“Me gustaban muchas cosas, por lo que el sistema educativo te dice: enfócate en una sola… pero no pude hacerlo”. En el diversificado llegó a estudiar dos formaciones: agricultura en la Escuela Nacional Central de Agricultura, en Bárcenas, y también un bachillerato en computación. Después comenzó la carrera universitaria de Relaciones Internacionales y, casi inmediatamente, descubrió que necesitaba otra.
“Dije: Quiero realmente tener más matemáticas en mi vida, quiero tener más cosas físicas, quiero saber cómo se construyen las cosas y cómo funcionan.” Entonces entró a Ingeniería Industrial y llevó las dos carreras simultáneamente por tres años. Finalmente solo siguió la Ingeniería Industrial. “Fueron muchas noches y madrugadas de desvelo, estudiando ambas. Y aún me sirve lo que aprendí en Relaciones Internacionales, pero debía avanzar y seguí Ingeniería. Me gradué”. No era, por tanto, una renuncia a su interés por el mundo. Era otra manera de acercarse a él.
“¿Por qué no están trabajando juntas?”
Su experiencia profesional comenzó en Cimera y posteriormente se incorporó al proyecto CoreCode, donde trabajó bajo la mentoría de Sofía Castillo. El objetivo era llevar educación tecnológica gratuita a personas de zonas vulnerables. Eleanor participó y después dirigió programas que involucraron alianzas entre empresas, fundaciones, municipalidades y otras instituciones.
“Llegamos a dar a 10.000 becas para jóvenes”, recuerda. La cifra, sin embargo, cuenta solamente una parte de la experiencia. Al entrar en contacto con los estudiantes descubrieron que la brecha tecnológica podía comenzar mucho antes de aprender programación.
“Algunos no sabían usar una computadora. Ni siquiera encenderla. Ese era uno de los primeros desafíos.” Por eso, en programas desarrollados junto con la Municipalidad de Guatemala, comenzaron desde lo básico: cómo encender una computadora, cómo buscar algo en Google y, paso a paso, llegar hasta crear una página web con código.
Participaron jóvenes, madres y personas de 65 o 70 años. La edad no era el límite. “Estas personas nunca paran de aprender y no quieren parar de aprender. Así hay muchos guatemaltecos, que necesitan la oportunidad de desarrollar sus aptitudes y de aportar”, dice.
Aquella experiencia dejó en Eleanor una pregunta decisiva: si existen personas que quieren ayudar, instituciones que tienen recursos y comunidades que necesitan oportunidades, ¿por qué no están trabajando juntas con mayor frecuencia?
“Las opciones están, pero no hay iniciativas”
La respuesta que encontró fue una de las razones por las que hoy impulsa WeSolve. “Ahí me di cuenta que realmente las entidades tanto públicas, del gobierno como privadas, como fondos, fundaciones, están realmente queriendo más oportunidades en donde colaborar y eso falta mucho en Guatemala y en otras regiones. Quieren realmente colaborar pero no hay iniciativas para hacerlo.”
Para Eleanor, el problema no siempre es la falta de recursos, instituciones o personas dispuestas a ayudar. Pero con frecuencia faltan los mecanismos y las iniciativas que permitan conectarlos. “Las opciones están, solo se deben concretar, coordinar y priorizar las iniciativas. Hay muy pocas.”
Para ella, además, los jóvenes enfrentan otra barrera: la idea de que por su edad todavía no tienen suficiente experiencia para proponer o liderar. “Por el mismo sistema, los jóvenes en Guatemala no tienen acceso a tener experiencia laboral, cargamos con ese miedo, ese estigma y esa exclusión. Resulta que tenemos que llegar experimentados a los trabajos, pero nadie brinda los espacios para ello. Sin embargo eso no quiere decir que nuestras propuestas de innovación no funcionen.”
Su experiencia le ha demostrado que también puede ocurrir lo contrario: “Una persona puede tener una idea sin saber exactamente cómo ejecutarla y necesita encontrar instituciones dispuestas a acompañarla en construir un nuevo método”.
WeSolve: romper los problemas en pedazos
La idea de WeSolve surgió después de un viaje a San Francisco, donde fue invitada a conocer el ecosistema de innovación. Allí encontró empresas, inversionistas y nuevas tecnologías, pero también sintió que buena parte de la innovación estaba concentrada en generar productos y dinero.
“Me di cuenta que todas estas soluciones siempre iban hacia algo más tecnológico”, explica. “Algunas estaban orientadas, por ejemplo, a generar más publicidad. Como que siempre se centraban un poco más en cómo desenfocar a la persona para generar más dinero. Y eso a mí lo que realmente me chocó y dije: pero hay más objetivos, más grandes: hallar soluciones a problemas de las comunidades”
Entonces, junto con tres amigos, decidió intentar otra ruta. WeSolve reúne a personas menores de 30 años para buscar soluciones a desafíos globales. “El método parte de los llamados First Principles: tomar un problema, dividirlo en problemas cada vez más pequeños y preguntarse qué se puede hacer concretamente para avanzar”.
“Nosotros agarramos ciertos problemas, por ejemplo el problema de nutrición, y nosotros lo quebramos en distintos problemas. Hay que hacer pedazos los problemas para ver sus componentes y ver soluciones”
“Después vienen las preguntas prácticas: ¿hay una organización con la que se pueda hacer una alianza?, ¿existe financiamiento?, ¿quién puede aportar?, ¿qué empresa puede involucrarse?, ¿qué puede hacer el gobierno?, ¿qué papel puede asumir la sociedad civil? La meta es integrar esos esfuerzos y empoderar a jóvenes para abordar problemas urgentes”.
Actualmente participan aproximadamente 300 personas alrededor del mundo.
Un ideal sin fronteras pero sí con innovación
Viena, Austria es su base temporal, pero también se mueve entre Berlín y Praga y próximamente espera llegar a Finlandia, siguiendo los ecosistemas de innovación tecnológica, robótica, software y hardware. Es su primera estadía prolongada fuera de Guatemala.
“Me gusta mucho explorar nuevas culturas, nuevas personas, nuevos ambientes. Obviamente extraño mucho Guatemala, pero me emociona mucho poder aportar”. Por supuesto extraña a su familia y también la comida.
“Las comidas guatemaltecas tienen mucho sabor”, dice. Intenta recrear el desayuno chapín, aunque admite que “no es igual”, pero a los compañeros de otros países, les encanta.
El Premio Visionario llegó como una sorpresa. Recibió un correo para conversar con el emprendedor digital guatemalteco Luis von Ahn y fue él mismo quien le comunicó que había ganado. No sabe quién la nominó, porque las nominaciones son anónimas. Lo que sí sabe es qué hará con el reconocimiento:
“Seguir soñando en grande y seguir siendo curiosa y también colaborar con más personas.” Y quizá esa última palabra sea la que mejor define su propuesta: colaborar.













