Emprendió la travesía por Colombia en julio: recorrió pueblos y regiones en su bicicleta La Negrita. El cicloviajero guatemalteco Bonifaz "Canelo" Aldana recién llegó a Ecuador (en donde le ocurrió algo que le hizo reevaluar el viaje, pero seguirá adelante)
“Estando en Quetzaltenango tuve oportunidad de apoyar a muchos cicloviajeros y así es esto, hoy por ti, mañana por mí. Es una hermandad muy bonita”. El escritor, artista y también cicloviajero guatemalteco Bonifaz Aldana, conocido como Canelo, resume así las vivencias de solidaridad recibida en su travesía en bicicleta por Sudamérica.
Este 16 de octubre cumple tres meses de haber emprendido el viaje y, después de pedalear durante casi 85 días por Colombia, se encuentra en Nueva Loja, Ecuador, a las puertas de la Amazonía ecuatoriana. Su destino es el Fin del Mundo, en el extremo austral del continente, aunque todavía no sabe si llegará hasta allí.
Por ahora, su plan es continuar hacia Iquitos, Perú, y después decidir cómo seguir. Viaja con La Negrita, su bicicleta, herramientas para elaborar llaveros que vende durante el recorrido y la ayuda económica de amigos que han contribuido a sostener su aventura. “Pero lo más valioso es la solidaridad de personas que encuentras en el camino”.
Una promesa que comenzó en Guatemala
La aventura sudamericana tiene un antecedente. Años atrás, Canelo emprendió otro viaje en bicicleta desde Guatemala hasta Panamá. Entonces se prometió que algún día continuaría hacia Colombia y seguiría explorando el continente sobre dos ruedas.
El 16 de julio, después de permanecer varios días en Bogotá, se declaró listo para iniciar la pedaleada hacia el fin del mundo. Una semana más tarde, el 23 de julio, ya estaba en Ibagué. El cansancio comenzaba a hacerse sentir, pero su determinación seguía intacta. “Nadie dijo que cumplir este sueño iba ser fácil”, escribió al contar que avanzaba hacia Cali, su siguiente objetivo.
El 27 de julio afrontó uno de los grandes desafíos de la travesía: cruzar el Alto de La Línea, en la Cordillera Central de Colombia. Subió desde Cajamarca, a unos 1,300 metros sobre el nivel del mar, hasta los 3,350 metros de altitud. Fueron ocho horas de ruta y pendientes exigentes. Al terminar, resumió su estado con una mezcla de “agotamiento y alegría”: estaba exhausto, pero feliz de haber superado el reto.
Cuatro días después, en Cali, celebró sus primeros 500 kilómetros recorridos en Colombia.

Una red de personas que ayuda a continuar
No todo ha sido contemplar montañas o celebrar kilómetros. El 10 de agosto, cuando se encontraba en Piendamó, departamento del Cauca, Canelo vivió el temor de un fuerte sismo que sacudió la región. Había salido de Cali días antes y ese día decidió no pedalear.
Conforme avanzaba, también encontraba palabras para explicar lo que significaba viajar sin saber exactamente cómo terminaría cada jornada. El 14 de agosto escribió una de las reflexiones más personales de su recorrido, al describir la incertidumbre cotidiana de no conocer de antemano dónde dormiría ni qué comería. “Soy como un equilibrista que juega a la cuerda floja únicamente por la certeza de saber que hay una red”, expresó. Esa red, explicó, está formada por la amistad desinteresada de personas que se acercan por curiosidad o por el deseo auténtico de ayudar y formar parte de algo.
“Y así, de pueblo en pueblo, día con día voy encontrando a mis semejantes”, escribió. Para Canelo, los encuentros y la solidaridad tienen un valor que no puede medirse en kilómetros. “Creo que el avance más significativo es el que va ocurriendo dentro de mí en formas que todavía no logro comprender”.
Esa experiencia ayuda a entender por qué habla de una hermandad entre cicloviajeros. Cuando vivía en Quetzaltenango tuvo la oportunidad de apoyar a personas que recorrían caminos en bicicleta. Ahora es él quien recibe ayuda de otros viajeros. También existe la app WarmShower, que ofrece rutas, refugios y conexiones
Los grupos de WhatsApp de cicloviajeros también le han servido para encontrar contactos y orientarse durante la travesía. La solidaridad no siempre llega en forma de dinero: puede ser alojamiento, información sobre una ruta, compañía o una mano tendida cuando surgen dificultades.
Montañas, lluvia y ganas de seguir
El 21 de agosto, desde Isnos, Canelo contó que seguía avanzando hacia el sur, con la esperanza de llegar pronto a la Amazonía. Cruzar la Cordillera Central había significado enfrentarse a lluvia, viento, frío y caminos de terracería a más de 3,200 metros de altitud.
La experiencia también tuvo momentos de desaliento. “Por ratos he querido dejar tirado todo y no saber más”, reconoció. Sin embargo, enseguida encontraba razones para continuar: todavía estaba empezando y quedaba mucho por conocer. Incluso algo tan sencillo como pensar en el café que tomaría al terminar la jornada le daba ánimo para seguir pedaleando.
El 2 de septiembre llegó a Mocoa, capital del departamento colombiano del Putumayo, donde la lluvia era una constante. Desde allí esperaba acercarse a la frontera ecuatoriana, pero su plan inicial de cruzar por el río San Miguel tuvo que cambiar cuando descubrió que ese paso permanecía cerrado desde 2025.
Finalmente, el 5 de octubre llegó a Ecuador por el sector de Tulcán. Después de casi 85 días en Colombia, resumió la experiencia como una “peregrinación en bicicleta hacia el fin del mundo” y destacó que había sido una aventura fenomenal, siempre en buena compañía.
Ahora se encuentra en Nueva Loja, también conocida como Lago Agrio, en la provincia ecuatoriana de Sucumbíos. Desde esta zona amazónica, su siguiente objetivo es continuar hacia Iquitos, en Perú. El destino austral sigue en el horizonte.
Un robo pone a prueba la travesía
El 15 de octubre, Canelo sufrió el robo de su teléfono mientras se disponía a fotografiar un puente en Ecuador. Alguien se acercó entre la multitud y le arrebató el aparato, que llevaba todos sus datos y su app bancaria. Logró conseguir otros y cambiar sus claves a tiempo. “Pero aquel teléfono tenía fotografías, contactos. Pedí a mis amigos por Facebook que me volvieran a pasar sus datos”.
La pérdida le complicó el acceso a su número telefónico guatemalteco, a la banca virtual y a sus contactos habituales. “Estoy un poco en shock, no sé qué más hacer”, comunicó al explicar lo ocurrido. También pidió a sus amigos que no atendieran posibles mensajes enviados desde su antiguo número.
“Otra vez me puse a pensar si vale la pena todo esto, si vale la pena seguir”, reflexiona. “Decidió que sí”. Esa es la prueba de voluntad.

Llaveros para seguir pedaleando
Para financiar parte de la travesía, Canelo elabora llaveros con sus propias herramientas y los vende durante el recorrido. También ha recibido donativos de amigos que quieren ayudarlo a continuar. Es una manera de combinar su creatividad con el apoyo de quienes creen en su proyecto.
El dinero debe alcanzar para cubrir necesidades cotidianas como alimentación, alojamiento, mantenimiento de la bicicleta y otros imprevistos. No tiene ningún patrocinador, aunque le gustaría poder contar con alguno.
Por ahora, Canelo no asegura que llegará al extremo austral de Sudamérica. Primero quiere continuar hacia Iquitos y luego decidir qué hacer. La Negrita lo ha llevado por montañas, ciudades y pueblos, desde Bogotá hasta el sur de Colombia y luego a Ecuador: pero también el amor por Guatemala. “Mucha gente que me ha dado alojamiento o comida me dice que soy el primer cicloviajero guatemalteco que pasa por aquí. Pasan de muchos otros paíse, pero no de Guatemala. A veces no soy el primero… pero sí el segundo”.
La travesía continúa. Y SI ALGUIEN DESEA APOYARLO EN SU VIAJE, PUEDE ESCRIBIRLE POR MESSENGER.


















