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Así fundó Frank López, barbero migrante guatemalteco, las exitosas estéticas FRG en Nueva York (y por qué las llamó así)

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Frank López aprendió el arte de la barbería desde los 14 años en su natal Cunén, Quiché, Guatemala. Hoy tiene cuatro salones FRG en Nueva York, junto con sus hermanos. Esta es su historia, la del nombre de su negocio y su conexión con la comunidad.

FRG. Para muchos guatemaltecos, esas tres letras evocan las siglas de un partido político que gobernó Guatemala entre 2000 y 2004 con muy mal recuerdo. Pero en Nueva York, es el nombre de los cuatro salones  fundados por el barbero guatemalteco Frank López y sus hermanos. Y la razón del nombre es muy simple y no tiene nada que ver con la política: “Yo soy Frank, mi hermano se llama Roberto y el otro es George,  los iniciales de los tres son FRG y ya, ahí salió”, cuenta entre risas al recordar cómo eligieron el nombre de su primer negocio, abierto en 2010.

La coincidencia ha provocado más de una sorpresa entre sus compatriotas. “Han venido guatemaltecos aquí y se sorprenden cuando vienen FRG. ¿Te trajiste el dinero de allá para acá o qué?”, relata con humor.  “No tiene nada que ver con ningún personaje ni político: es solo un nombre que se nos ocurrió, que era original y podía llamar la atención. Nadie lo olvida”, expresa Frank, originario de la aldea Media Luna, en Cunén, Quiché.

Abrir un negocio es fácil. Si conseguiste el capital lo puedes plantar, lo puedes instalar. Pero lo que cuesta mucho es mantener la clientela”, afirma. “La clave está en el servicio, la calidad y la buena experiencia”.

La atención de calidad, la actitud de servicio y también saber escuchar al cliente son las claves del éxito de Frank López, barbero guatemalteco originario de Cunén, Quiché, quien trabaja en Nueva York desde hace 22 años.
La atención de calidad, la actitud de servicio y también saber escuchar al cliente son las claves del éxito de Frank López, barbero guatemalteco originario de Cunén, Quiché, quien trabaja en Nueva York desde hace 22 años.

Una barbería de madera en una aldea de Quiché

Frank López aprendió el oficio cuando tenía 14 años, en la pequeña barbería que su hermano había instalado en su comunidad. “Pero no es que yo quisiera aprender en sí. Me recuerdo que en la barbería había un televisor así de blanco y negro y yo llegaba a ver películas o caricaturas”, recuerda. “A la vez mientras visitaba a mi hermano, observaba cómo trabajaba con sus clientes”.

Un día, su hermano no estaba y Frank se animó a abrir el negocio para ver televisión. Unos clientes llegaron y le pidieron que les cortara el pelo porque tenían una fiesta. “Les dije que yo no muy podía, pero lo intentaría”.

Su hermano lo encontró en plena faena y lo regañó. “Me dijo que las máquinas eran caras y las tijeras filosas, que no era algo que pudiera utilizarse sin cuidado”. Después mejor le dio risa y al darse cuenta de que el muchacho tenía habilidad y ganas de aprender, cambió de actitud y comenzó a enseñarle. “Ya luego me decía: el siguiente día vas a trabajar conmigo”, cuenta.

Frank empezó a ejercer el oficio en Media Luna, después en el municipio de Cunén y más adelante en Sacapulas, también municipio de Quiché. Allí trabajó con un barbero que había vivido en Chicago y que conocía los estilos utilizados en Estados Unidos.

“Yo creo que es un don que Dios me ha dado y sí me ha facilitado”, afirma sobre una destreza que, según explica, le permite aprender con rapidez los cortes que están en tendencia. “Y siempre siguen cambiando”.

Para entonces también se había graduado de maestro de primaria. Trabajó dando clases en el área rural de la Zona Reina, en una región montañosa de difícil acceso, donde recuerda que había que caminar durante horas. Pero el oficio de barbero continuaba siendo parte de sus planes.

Llegó a Nueva York sin tener quién lo recibiera

En 2004, Frank decidió emigrar a Estados Unidos en busca de mejora económica junto con su hermano mayor. La familia tenía parientes en Florida, adonde se dirigió su hermano,  sin embargo Frank llegó a Nueva York, una ciudad en la que no conocía. “Yo llegué a Nueva York sin, por decirlo, sin destino, porque en realidad yo no tenía a nadie que me recibiera aquí”, recuerda.

Recuerda que su llegada fue en marzo, cuando todavía nevaba. Se alojó con otros guatemaltecos en un apartamento pequeño donde, al sumarse él, vivían nueve personas. Solo dos tenían trabajo fijo. Al día siguiente salió a buscar empleo en “la parada” como le llaman a lugar donde llegan personas a contrata trabajadores migrantes. Solo iba con una sudadera delgada y un pantalón. No estaba preparado para el frío. “¿Cuánto tiempo cree que aguanté parado afuera? Como diez minutos. Se me frisaron los pies”, relata.

Tuvo que regresar. Pero aquella primera búsqueda de trabajo también le permitió encontrar una oportunidad relacionada con lo que sabía hacer desde adolescente. Uno de los compatriotas con quienes vivía le preguntó a qué se dedicaba en Guatemala. “Yo era barbero, le dije y entonces él me llevó a conocer a un peluquero dominicano”.

Frank le pidió empleo y se presentó con seguridad: “En mi país yo era barbero profesional y todo eso. Ya tengo diez años de experiencia.  Tal vez no exactamente lo que se hace aquí,  pero yo aprendo rápido”.

El peluquero no le dio trabajo en ese momento, pero lo ayudó a conseguir las herramientas que necesitaba. “En aquella época, recuerda Frank, no era sencillo comprarlas sin una recomendación o una licencia”. Con tijeras y máquina en mano empezó a cortarles el cabello a los guatemaltecos con quienes vivía. “Ese primer día atendí a unas diez personas sin cobrarles. La intención era demostrar que realmente dominaba el oficio. Ya luego corrieron la voz”, recuerda.

Mientras buscaba otras oportunidades laborales, Frank continuó cortando cabello los fines de semana en el pasillo del edificio donde vivía, colocando la silla donde hubiera suficiente luz natural. “Así literalmente, así empecé”, dice.

Durante un año combinó el trabajo de construcción, que efectuaba entre semana, con el de una barbería los sábados y domingos. Finalmente dejó la construcción para dedicarse por completo al oficio que le apasionaba. 

Smiling man in a red suit points at the camera in a busy neon city square, holding an award plaque with a star design.
En septiembre, Frank Lopez fue galardonado como Mejor Barbero en una gala de premios de música mexicana. Si quieres ver el video clic en la foto.

FRG: cuatro barberías y una jornada de siete días

El camino para abrir su primer negocio no fue inmediato. Frank y sus hermanos comenzaron a buscar un local en 2008, pero encontraron obstáculos relacionados con su situación migratoria y los documentos que les exigían para alquilar, así como las autorizaciones sanitarias, permisos de la ciudad.  “Intentamos dos, tres veces, no pudimos hasta que logramos en el 2010”, explica.

Después abrieron un segundo establecimiento en 2014, un tercero en 2019 y el cuarto en 2023. Los cuatro siguen llevando el nombre FRG.

Al preguntarle cómo ha conseguido sostener y ampliar el negocio, Frank no atribuye el resultado a una fórmula complicada. “El secreto del éxito es la consistencia, la calidad, el enfoque, eso es lo que te hace que triunfes”, responde.

Su propia jornada refleja esa convicción. Entre semana, su barbería abre de nueve de la mañana a diez de la noche. Los fines de semana comienza a las ocho de la mañana y cierra a las siete de la tarde. Trabaja los siete días. “Si cuando eres trabajador trabajabas diez horas, como dueño tienes que trabajar doce horas. Tienes que dar todo, de todo. Y no importa la hora”, sostiene.

Frank relaciona esa disciplina con las enseñanzas de su padre, quien lo acostumbró a levantarse temprano para trabajar en el campo, incluso cuando llovía o hacía frío. “Gracias a Dios yo tengo un padre de que me levantaba a las cinco de la mañana, no le importaba si había frío, si estaba lloviendo y me ponía a labrar la tierra”, recuerda con cariño.

Esa experiencia, afirma, le enseñó que el trabajo no depende de que las condiciones sean cómodas. “Esa actitud me ha mantenido en Nueva York, donde la vida es costosa y los negocios requieren atención constante porque hay mucha competencia”.

 

El barbero también escucha y conecta a la comunidad

Con los años, las barberías FRG se han convertido en espacios donde Frank no solo atiende a sus clientes, sino que también conoce sus preocupaciones y, si puede, los ayuda a encontrar soluciones.

“El trabajo del barbero como que es también psicólogo, porque también te cuentan los problemas”, explica. Habla de clientes que le confían dificultades económicas, de pareja o de salud. Esa confianza también le ha permitido incluso ayudar a otros guatemaltecos a encontrar empleo. Si alguien llega y le dice que se quedó sin trabajo, Frank procura conectarlo con personas que conoce y que podrían necesitar trabajadores. De igual manera, cuando una empresa busca personal, difunde la información entre sus contactos.

“Hay veces que vienen aquí personas que son managers de compañías, me dicen, vea Frank, estoy buscando un par de trabajadores o diez o cinco y yo me encargo de avisar. Siempre hay gente con necesidad y deseo de laborar”.

Su participación en la comunidad guatemalteca de Nueva York también le ha abierto puertas a reconocimientos. Ha colaborado con grupos comunitarios, ha apoyado la difusión de actividades y ha participado en eventos culturales. Además, ha representado a Guatemala en el Desfile de la Hispanidad.

Recientemente recibió un reconocimiento por su trayectoria de parte de la comunidad mexicana, un gesto que dice valorar especialmente después de 22 años en Nueva York. “Me siento orgulloso de tener esa dicha de que la comunidad de otros países también me está tomando en cuenta”, expresa.

Para él, representar a Guatemala no se limita a participar en actos públicos. También consiste en apoyar a quienes buscan una oportunidad, compartir información y responder cuando una organización comunitaria necesita ayuda.

Frank Lopez aprendió a ser barbero desde los 14 años en Cunén, Quiché, pero nunca imaginó que aquel oficio fuera a ser la clave de su éxito como migrante en Nueva York, junto a sus hermanos. En honor de esa unión de los tres nombró FRG a sus barberías, que ya tienen cuatro locales.
Frank Lopez aprendió a ser barbero desde los 14 años en Cunén, Quiché, pero nunca imaginó que aquel oficio fuera a ser la clave de su éxito como migrante en Nueva York, junto a sus hermanos. En honor de esa unión de los tres nombró FRG a sus barberías, que ya tienen cuatro locales.

La familia que extraña y la marca que sueña crear

Aunque su vida y sus negocios están en Nueva York, Frank reconoce que hay cosas de Guatemala que no se sustituyen. Extraña a sus padres, a sus hermanos, a sus hijas que permanecen en el país, la comida de su mamá, las ferias y las tradiciones del pueblo. 

Mientras continúa atendiendo sus barberías, tiene otra meta en mente: crear una marca personal de productos relacionados con el oficio, como máquinas para cortar cabello o secadoras. “Mi gran sueño es poner una marca, mi marca personal de productos”, afirma. “Ese es mi sueño, pero si no se logra, pero por lo menos lo soñé, lo pensé”, dice.

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Gustavo Montenegro Director Editorial, SoyMigrante.com REVISTA
Periodista, escritor, contador de historias. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Fue docente universitario y ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y 2022. Actualmente dirige SoyMigrante.com/revista
Periodista, escritor, contador de historias. Nació en Guatemala, 1971. Egresado de la Carrera de Comunicación Universidad Rafael Landívar. Fue docente universitario y ha trabajado en varios medios de comunicación, entre ellos Prensa Libre, entre 1996 y…

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