Con 47 años de historia en el rock Alux Nahual sigue vigente y sonando fuerte, sin fronteras, en escenarios de Guatemala, Centro América y también Estados Unidos, con temas inmortales como Alto al Fuego, El Duende, Mujer y Hombres de Maíz, entre muchos otros.
En 1979, cuando el rock en español todavía buscaba hacerse un espacio en Centroamérica, un grupo de músicos comenzó a tocar en cafés y pequeños espacios de la ciudad de Guatemala. No lo parecía, pero era el comienzo de un camino de más de cuatro décadas de historia: aquella banda se llamaba Alux Nahual, que con 47 años de historia es uno de los nombres más importantes de la música guatemalteca y centroamericana.
El público de varias generaciones sigue vibrando y coreando temas como El Duende, Alto al Fuego, Mujer, Hombres de Maíz o la Fábula del Grillo y el Mar. Guatemaltecos migrantes radicados en Estados Unidos disfrutan de sus conciertos, porque aquella música tiene alma, fuerza y también recuerdos.
Los primeros pasos de Alux Nahual
El grupo fue fundado por Álvaro Aguilar, quien se reunió inicialmente con su hermano Plubio Aguilar y su primo Ranferí Aguilar. Los tres comenzaron a presentarse en un pequeño café-bar y pronto la formación se amplió con músicos que le dieron a la banda una personalidad muy particular: Javier Flores, en la batería; Paulo Alvarado, en el violonchelo; y Jack Schuster, en el violín. Esa fue la formación original de seis músicos.
El nombre tampoco era casual. Alux Nahual alude al espíritu o duende de la tradición maya. Desde el comienzo, aquella identidad iba a convivir con una música que no pretendía encerrarse en un solo género. Había rock progresivo, rock sinfónico, elementos de música popular y, poco a poco, sonidos e instrumentos vinculados con Guatemala.
En sus primeras presentaciones presentaban sus propias composiciones, que aún no eran muy conocidas, pero fueron ganando oídos y corazones. La banda estaba buscando un sonido propio y, sobre todo, una manera de hacer rock desde Guatemala sin tener que copiar exactamente lo que ocurría en Estados Unidos o Europa.
El primer disco y el comienzo de una historia
La primera gran prueba llegó cuando decidieron grabar un disco. En 1981, Alux Nahual lanzó su primera producción bajo el sello guatemalteco DIDECA. Al principio las radios no sabían muy bien dónde colocar aquella música: no era el pop convencional y algunas canciones eran considerablemente más largas que los formatos acostumbrados.
Pero ocurrió algo que las estrategias de promoción no siempre consiguen: la gente comenzó a recomendar la música de boca en boca. “Hombres de maíz” y “La fábula del grillo y el mar” comenzaron a llegar a las emisoras de Guatemala y El Salvador.
El éxito de aquellas primeras canciones demostró que había público para una propuesta diferente. Alux Nahual podía hacer canciones extensas, incorporar instrumentos poco habituales dentro del rock y hablar de temas relacionados con la identidad centroamericana sin dejar de conectar con los jóvenes.
Un sonido que se consolida con inspiración
En 1982, durante la producción de Conquista, se incorporó Óscar Conde, quien aportó flauta, saxofón, teclados y otros recursos sonoros que ayudaron a definir el carácter de Alux Nahual.
La batería también tuvo una historia particular. Javier Flores dejó la agrupación y llegaron Pablo Mayorga y Orlando Aguilar, hermano de Ranferí. Durante un período llegaron a coincidir dos bateristas, una formación poco habitual para una banda de rock. Mayorga se retiró posteriormente y Orlando continuó hasta 1986.
Después ingresaría Rodolfo Lenín Fernández (ya fallecido), quien se convertiría en uno de los músicos más importantes de la historia de la banda y permaneció hasta 2012. Estos cambios no significaron que Alux Nahual perdiera su identidad. Al contrario, cada músico fue dejando una huella en una agrupación que siempre estuvo dispuesta a evolucionar.
Un himno enérgico a favor de la paz
El gran salto llegó en la segunda mitad de los años ochenta. El álbum Alto al fuego, publicado en 1987, encontró a Alux Nahual en un momento particularmente importante de la historia de Centroamérica.
La región estaba marcada por guerras, conflictos políticos y violencia, y la banda convirtió parte de esa realidad en canciones. El tema que daba nombre al disco terminó convirtiéndose en mucho más que una canción. “Alto al fuego” era una petición de paz y llegó a convertirse en una especie de himno centroamericano contra la guerra.
El éxito permitió que Alux Nahual trascendiera las fronteras de Guatemala. La agrupación comenzó a presentarse por Centroamérica y posteriormente llegó a México y Estados Unidos. La banda había encontrado una fórmula que no dependía de una moda pasajera: rock con identidad, canciones con contenido y una relación cada vez más fuerte con su público.
El salto internacional
En 1991 apareció Leyenda, una recopilación que reunía algunos de los principales éxitos de la agrupación. El álbum alcanzó disco de platino por sus ventas en México y Centroamérica.
Dos años después, en 1993, llegó Americamorfosis, una producción que amplió todavía más el alcance de la banda y que obtuvo disco de oro en Centroamérica.
Para entonces Alux Nahual había conseguido algo particularmente difícil: convertir la identidad centroamericana en parte de su lenguaje de rock sin convertirla en un simple adorno folclórico. Esta es una característica poderosa que sigue vigente.
El final que traería un nuevo principio
Después de dos décadas de actividad, Alux Nahual anunció su separación y su primera etapa terminó en 1999. Para una banda que había construido una carrera tan larga en una época particularmente difícil para el rock centroamericano, parecía el final natural de una historia.
Pero la historia tenía otra vuelta. La agrupación volvió a reunirse posteriormente y retomó su actividad. Esa segunda vida no fue simplemente una gira de nostalgia. Llegaron nuevas grabaciones, conciertos y públicos jóvenes que conocían las canciones de sus padres y, en algunos casos, de sus abuelos.
Entre sus trabajos posteriores aparecen Murciélago Danzante, publicado en 2012; Sueños de Jade, de 2016; y Once, de 2023.
¿Quiénes forman actualmente Alux Nahual?
La alineación actual está integrada por Álvaro Aguilar, en voz y guitarra acústica; Ranferí Aguilar, en guitarra eléctrica y voz; Plubio Aguilar, en bajo y voz; Óscar Conde, en flauta, teclados y saxofón; Mirza Clara Lam, en batería; y Rosario Vásquez, en violín.
Esta formación representa también la continuidad de distintas etapas de la historia de la banda. Álvaro, Ranferí, Plubio y Óscar han formado parte de diferentes momentos de la trayectoria de Alux Nahual, mientras que la incorporación de nuevos músicos permite que el proyecto continúe como una agrupación viva y no solamente como una reproducción de sus discos antiguos.
Uno de los cambios recientes más importantes ocurrió en 2025, cuando Vinicio Molina dejó la batería y fue sustituido por Mirza Lam. Molina había ocupado ese puesto desde 2012. Antes de él, el lugar había sido ocupado durante décadas por Lenín Fernández.
¿La clave para durar casi medio siglo?
Quizá la respuesta esté precisamente en que Alux Nahual nunca dependió de una sola fórmula. La banda supo cambiar de músicos sin perder su identidad. Cambió de sonido sin abandonar sus raíces. Pasó del rock progresivo de sus primeros años a canciones de contenido social, después incorporó nuevas influencias y finalmente logró regresar cuando muchas de las bandas de su generación ya habían desaparecido.
Pero hay algo todavía más importante: sus canciones envejecieron mejor que las modas que las rodeaban.
“Alto al fuego” sigue hablando de paz. “Hombres de maíz” conserva su identidad. “Como un duende” continúa abordando una realidad social. “Mujer” mantiene su dimensión sentimental. Y “La fábula del grillo y el mar” recuerda aquella época en que una banda guatemalteca podía poner en la radio una canción extensa y demostrar que el público estaba dispuesto a escucharla.
Por eso, hablar de Alux Nahual no es solamente hablar de una banda que lleva 47 años desde aquel 1979. Es hablar de una agrupación que sobrevivió a cambios políticos, tecnológicos, discográficos y generacionales; que tuvo una pausa, regresó y consiguió que sus canciones pasaran de padres a hijos e incluso nietos.
La verdadera clave de su longevidad quizá sea esa: Alux Nahual dejó de ser solamente una banda y se convirtió en parte de la memoria musical de Guatemala y de Centroamérica, incluyendo a los migrantes.













