Jaime Lechuga quería estudia ingeniería pero la migración truncó aquella meta. Llegó a Chicago en 1986 donde trabajó duro y a la vez recuperó otra gran ilusión: transmitir cultura, valores y fe en radio.
Desde las calles de las zonas 5 y zona 18 capitalinas, donde de niño escuchaba las transmisiones de radio de la Vuelta Ciclista a Guatemala, la vida de Jaime Lechuga ha dado varias vueltas y giros que hoy le tienen en Chicago, Illinois. Desde allí, su voz impulsa la fe, valores, tradición y también conversaciones a través de su programa Tertuliando, transmitido por su emisora digital Cultura Activa.
Pero la radio es su pasión, no su empleo. Trabaja como administrador en un hospital, pero en en su tiempo libre produce programas en la radio digital que él mismo configuró desde cero. Esta es su historia.
Por solidaridad emprende vuelo al norte
Jaime Lechuga nació “en la zona 5, en la colonia La Palmita, cerquita del mercado, por donde están los bomberos”, pero creció en la populosa zona 18. “Desde la primaria y los básicos me gustaba escuchar las transmisiones de la Vuelta a Guatemala y luego yo también las narraba, al igual que los partidos de fútbol”, recuerda.
Jaime, el mayor de seis hermanos, deseaba estudiar ingeniería química en la Universidad de San Carlos, pero… “Se nos disparó una crisis económica bien difícil… alguien se tenía que sacrificar, y me tocó a mí”, dice. A los 18 años, en 1986, emprendió su camino hacia Estados Unidos. “Yo no quería entrar de mojado… pero ese día estaba cayendo un aguacero en la frontera de San Diego y de todos modos entré bien mojado”, bromea.
Llegó a Chicago, donde el clima le dio la primera bienvenida: “Salí a caminar… y me frizé en menos de una cuadra”. Su primer trabajo fue en una bordadora donde se encargaba de enhebrar las agujas de las máquinas. No tenía un permiso y usaba una tarjeta de su abuelo, Rubén.
Jaime cuenta una anécdota: “Llamaban a Rubén por los altoparlantes de la fábrica y yo ni en cuenta, hasta que el jefe me dijo: Rubén, te están hablando”.
Con el tiempo aprendió inglés “No en una escuela, sino en el camino”. Trabajó diez años en una fábrica de papel para computadoras. Después en un hospital, primero atendiendo a personas sin seguro médico y que no hablaban inglés: “Llevo 25 años allí. Ahora soy gerente en una oficina médica”. Se casó, su esposa, a quien adora, es boliviana.
¿Cómo llega la radio a su vida?
En Chicago encontró una comunidad religiosa que lo conectó con su memoria sonora. Ahí conoció a un locutor guatemalteco, Valdemar González, quien había trabajado en la Doble S, 98.1 FM en Guatemala, quien lo llevó por primera vez a una cabina en Estados Unidos: “Fui a conocer los estudios de La Tremenda… ahí dije: esto me gusta y esto me gustaría hacer”.
Años después colaboró con Radio Esperanza, donde “todos los sábados ayudaba a poner discos, pero yo no hablaba al aire ni nada”. Pero ese contacto lo fue preparando. Hubo varios intentos, proyectos y pausas y seguía sin salir al aire. Pero la chispa estaba encendida.
En una ocasión propuse un proyecto a una emisora religiosa, quería hablar de la palabra de Dios, pero quien la dirigía no me dio espacio. Nunca me lo dijo personalmente, pero a través de otros: “No me gusta tu estilo y no tienes buena voz para locutor”… “Eso que propones no funciona en radio”.
“La verdad es que me enfadé. Tengo que hacer mi propia radio”.
Cuando el no impulsa la innovación
Aquella negativa encendió una llama que sigue iluminando hasta hoy. “Si ninguna radio me recibe, voy a crear mi propia emisora. Me metí a YouTube a ver cómo se hacía una radio online”, cuenta. “Es más sencillo de lo que se piensa, lo que toma tiempo es aprender”, relata.
Jaime pasó horas trabajando en su computadora, haciendo intentos, hasta que, una madrugada logró escuchar su primera señal. “Me sentí emocionado y fui corriendo a despertar a mi esposa: “Oí la radio oíla”, le dije. Y ella medio dormida me dice: “Está bueno, feliz noche”, cuenta Jaime con una sonrisa. Y así comenzó su voz a iluminar vidas. La llamó Cultura Activa.
Nace Ter2liando (Tertuliando)
Jaime tiene programas de oración y mensajes de la palabra de Dios. Así inició la radio, en combinación con música. Siempre conversaba con amigos acerca de libros, arte, cultura popular y anécdotas, Kes propuso: “Y qué tal si armamos un programita así? En el que estemos tertuliando”. Y así surgió el nombre de su espacio de entrevistas, aunque jugando con el sonido del número 2 en inglés (Two): Ter2Liando.
Este es su programa insignia, desde el cual hoy conversa con guatemaltecos e hispanos en Estados Unidos, rescatando historias, talentos y memorias de una comunidad que crece y se reinventa. Aunque sigue siendo un proyecto independiente, cuenta con la guía técnica de su hijo mayor, quien trabajó en Telemundo y NBC.
Una voz guatemalteca impulsa la cultura
Estudió locución con maestros guatemaltecos
Para un mejor desempeño, Jaime Lechuga decidió profesionalizarse. “Nunca había tenido clases de locución… así que me capacité”, relata. Estudió en línea de la Escuela de Locución Hilda Castro, de donde se graduó. También tomó cursos con el locutor guatemalteco Julio Mauricio Arias Franco.
Su sueño es grande: “Me gustaría que los comunicadores guatemaltecos en la Unión Americana pudiéramos unirnos… hacer un gremio, una plataforma donde hablemos de temas importantes para nuestra gente”. También quiere destacar no solo el talento guatemalteco, sino la riqueza cultural latinoamericana: “Aquí estamos siendo muy atacados como comunidad… y hay tanto que contar”.
Aunque emigró a los 18, Guatemala nunca salió de su casa: “Aquí todos los domingos se oye marimba, y mi café siempre es guatemalteco”. Después de 24 años fuera, regresó por primera vez en el año 2010 y descubrió algo que le ha ocurrido a otros migrantes: “Uno llega a Guatemala buscando recuerdos, lugares, rostros…pero ya no están”.
Con Guatemala siempre en el corazón
Sin embargo, un reciente viaje con su hija concilió este afán, al descubrir lo que no había conocido antes de los 18: “Visitamos Tikal, fuimos al Puerto San José, exploramos barrancos. Estos sí los conocía, pero mi hija queria saber cómo son, pues en Chicago no hay barrancos. También emprendí la locura de subir el Acatenango para ver el Volcán de Fuego: “Ese día estaba haciendo explosiones… una experiencia excepcional”.
Ese día su corazón tuvo un fuego de alegría, encendido por aquella chispa de amor que lo llevó a migrar y aquella llama de entusiasmo que lleva lejos y sin fronteras su voz, su mensaje, su optimismo y su ser guatemalteco.
Talento guatemalteco sin fronteras!!













