Las ovejas de cuatro cuernos parecen un mito hecho realidad pero se les puede encontrar en la cumbre de Chiantla, Huehuetenango cerca del mirador Juan Diéguez Olaverri en la finca Ovejas y Llamas de la Sierra a 3,200 metros sobre el nivel del mar.
En la Sierra de los Cuchumatanes, donde el viento frío recorre los extensos pastizales de Huehuetenango, sobrevive una de las especies más peculiares y raras de Guatemala: la oveja de cuatro cuernos, propia de esta región desde hace siglos.
Parecen extraídas de un relato mitológico, pero su enigmática apariencia de cuatro cuernos, se debe a un factor genético, que alguna vez fue más abundante, en los tiempos de alta demanda de lana. Se encuentran en el proyecto comunitario llamado finca Ovejas de la Sierra, a 320 kilómetros de la ciudad capital de Guatemala, en Chiantla, Huehuetenango.
“Estamos en Ovejas y Llamas de la Sierra, donde tenemos la crianza de las mejores ovejas de Huehuetenango”, comenta Hugo Tello, quien junto a su familia ha asumido la tarea de preservar estos peculiares animales, que muchos guatemaltecos nunca han visto en vivo. Pero el viaje vale la pena no solo para admirar a estos especímenes sino disfrutar el paisaje de la cumbre.
Una oveja que parece salida de una leyenda
La presencia de cuatro cuernos, una condición conocida por la ciencia como policeratismo, es un rasgo genético poco común que permite el desarrollo de múltiples cuernos en una misma cabeza en ovejas, cabras y antílopes. En este caso, ovejas que descienden de especímenes de la época colonial.
Estas ovejas son una especie propia de Guatemala. El fenómeno tiene paralelos en varias partes del mundo, cada una con su propio aspecto. Pero los ejemplares con cuatro cuernos se han vuelto cada vez más escasos debido a crianzas orientadas a producir más lana o más carne.
La oveja de cuatro cuernos de Huehuetenango puede considerarse la representante guatemalteca de este exclusivo grupo de ovejas policeratas que han logrado sobrevivir al paso de los siglos. “Aquí las cuidamos y tratamos de reproducirlas para que no se pierda la especie”, dice Tello.

Cuando la lana era el motor de la economía local
La historia de estas ovejas está estrechamente ligada a una actividad económica que durante siglos fue fundamental para las comunidades de los Cuchumatanes. La lana producida en la región abastecía a artesanos y comerciantes que elaboraban ponchos, chamarras y otras prendas tradicionales. “Todavía tenemos dos ovejas de cuatro cachos que en aquel entonces eran la base de la economía cuando era rentable la lana. De Xela y Momos venían a comprar para hacer ponchos de lana”, recuerda Tello.
Durante buena parte del siglo XX, no era extraño que las familias de la región poseyeran rebaños de cientos de animales. Algunos pobladores recuerdan que había propietarios que llegaban a tener entre 500 y 800 ovejas dispersas en los extensos pastizales de los Cuchumatanes.
“Después entró todo lo sintético y se cayó el precio de la lana y las chamarras”, explica el criador. A medida que la lana perdió valor comercial, numerosos productores abandonaron la actividad o sustituyeron las ovejas criollas por razas más rentables. En ese proceso, la oveja de cuatro cuernos comenzó ser menos frecuente.
Una carrera contra el tiempo para salvar la raza
Actualmente, la familia Tello conserva dos ejemplares de esta singular línea genética y trabaja para asegurar su reproducción. “Reservar a las ovejas de cuatro cachos es bastante interesante y queremos seguir preservándolas y criando esta raza”, afirma Hugo Tello.
El objetivo es aumentar la población y evitar que desaparezca definitivamente un animal que forma parte de la memoria económica y cultural de los Cuchumatanes. Los propietarios continúan brindando todos los cuidados necesarios a los ejemplares. “Los visitantes pueden venir a admirarlas, al igual que las llamas de los Cuchumatanes”, explica el criador.
Un atractivo que sorprende a los visitantes
En efecto, la finca Ovejas y Llamas de la Sierra alberga llamas y ovejas huehuetecas de gran tamaño que conviven pacíficamente en el mismo entorno. Para quienes recorren los Cuchumatanes, encontrarse con una oveja de cuatro cuernos suele convertirse en una de las experiencias más inesperadas del viaje. No todos los días se tiene frente a los ojos un animal que parece salido de una leyenda.
Mientras el viento sigue recorriendo las alturas de los Cuchumatanes, estas ovejas representan mucho más que una curiosidad biológica. Son un símbolo de resistencia, historia y patrimonio para Guatemala: una experiencia irrepetible que aún se está a tiempo de disfrutar.













